El fenómeno Mendoza: récord de alumnos con promedio 10 y también de ausentismo por falta de recursos
Los directivos de las escuelas secundarias de Mendoza se encontraron con una situación fuera de lo convencional cuando comenzaron a inscribir a los postulantes para el ingreso a primer año: decenas, cientos, miles de niños de la provincia con promedio perfecto. Un 10 impecable como legado de la escuela primaria. La situación les generó una presión extra al ya complejo proceso de admisión, donde deben pasar un tamiz para filtrar entre la cantidad de aspirantes y los ingresantes. Fueron noticia las excluyentes escuelas de la Universidad Nacional de Cuyo (que tiene un sistema restricto de ingreso), pero también pasó en las escuelas públicas provinciales más demandadas por su oferta educativa. La cantidad de dieces hizo que incluso algunos abanderados quedaran afuera. En 4 escuelas del radio céntrico de Mendoza consultadas por MDZ ocurrió lo mismo; es decir que en la primera instancia de postulación, cubrieron cupos con "promedios perfectos".
En la misma provincia, Mendoza, los docentes de algunas escuelas primarias están más alertados aún por las dificultades extra escolares que impiden que muchos niños puedan asistir con frecuencia. O que van directamente con hambre y sin tener el aprender como prioridad. En el subregistro estadístico que lleva el Estado, hay un 10% de familias que viven con menos recursos de los necesarios para alimentarse y en ese grupo la mayoría son niños. En Mendoza 6 de cada 10 niños viven en hogares pobres y la inseguridad alimentaria crece al ritmo de la inflación de los alimentos, que supera largamente el 140% anual.
Esos “dos mundos” seguirán fragmentados, alejándose cada vez más uno de otro. La presión de ambas situaciones repercute en las escuelas secundarias y, como ocurrió en otras épocas de crisis, puede haber quiebres. Algunas escuelas públicas tienen una sobredemanda porque ofrecen un proyecto educativo bueno, tienen mejor infraestructura y hasta, según explican, están alejados de zonas conflictivas. Padres que buscan un mejor entorno para sus hijos. Detrás hay una realidad de desigualdad estructural: las escuelas de la periferia al núcleo del Gran Mendoza tienen condiciones menos favorables. Desde la estabilidad de los docentes, hasta la infraestructura. Esa idea de “las mejores escuelas en la zonas menos favorecidas” por ahora es más discurso que realidad.
También tienen en 2023 más demanda por la migración de estudiantes de escuelas de gestión privada: hay familias que buscan banco en ese sector por no poder proyectar alguna estabilidad para pagar las cuotas en el futuro. Aún faltan instancias de inscripción, pero ya hay un notorio crecimiento en la cantidad de postulantes que se nota en esa nueva impronta de los “alumnos 10”. No es el único sector dentro del Estado que va a tener que responder. El sistema de salud, por ejemplo, tiene un problema aún más agudo porque muchas persona que tienen supuesta cobertura de obra social o una empresa de medicina prepaga también comenzaron a recurrir a efectores públicos por falta de respuesta.
Objetivos recalculados
Las ambiciones de las políticas educativas tuvieron que pasar por el tamiz de la realidad. Por eso, por ejemplo, antes de promocionar logros puntuales en innovación, desde la DGE impulsaron una especie de regreso a las fuentes obligada: enseñar a escribir, leer y comprender. Es que Argentina está en un dramático proceso de regresión. Es el país con el sistema educativo más progresista del continente, pero que se ha deteriorado con el tiempo por la despreocupación personal, familiar y estatal de décadas. Deterioro sí, pero con una amplísima capacidad para contener, promover y mejorar la vida y el futuro de niños y adolescentes. Es real que la extraña "segregación" que se propone políticamente como forma de enfocar la educación (por oferta y demanda) muchas veces ocurre de hecho por errores de gestión. Pero aún así, la escuela es el mejor y más universal política de Estado de Argentina.
En un contexto de deterioro promocionar la lectura y la compresión, teniendo alguna evolución positiva, parece revolucionario. En Mendoza 6 de cada 10 alumnos no logran resultados óptimos en lectura. Pero en dos años de trabajo los indicadores mejoraron sensiblemente y hay menos alumnos en situación crítica. También mejoró el desempeño en las pruebas aprender, pero en un marco de flexibilidades.
Hay varias brechas en la educación. Primero una muy potente y dolorosa entre los niños que viven en hogares con recursos económicos y los que no. Los resultados de las pruebas aprender lo indican así, pues hay diferencia en el resultado de estudiantes que tienen acceso a recursos económicos en sus hogares y los que no.
Al hilar fino, esa brecha tiene en la asistencia otro indicador. Es decir los niños y adolescentes que pueden ir todos los días a la escuela. No es lo mismo el un niño que asiste frecuentemente a uno que por diversos motivos tiene muchas inasistencias.
El alto ausentismo alertó a las autoridades de la DGE el año pasado. En las escuelas corrigen el concepto para tratar de llevar luz sobre lo que pasa: en muchos casos no hay alumnos que faltan sino niños que no pueden ir a la escuela todos los días por falta de recursos. El propio titular de la DGE, José Thomas, había advertido el impacto que tiene la cantidad de días sin clases en el desempeño. “La falta de asistencia a los días de clase tiene un impacto negativo en el desarrollo de habilidades de lectura de las y los estudiantes. Este impacto se refleja claramente en los resultados obtenidos , especialmente en el nivel primario: el porcentaje de estudiantes en nivel crítico es 18 puntos porcentuales mayor entre quienes tuvieron más de 15 faltas en el 2022, alcanzando un 34,5% de resultados en nivel crítico en el grupo con mayor cantidad de inasistencias. Si nos centramos en los niveles que se encuentran por encima del básico, también se aprecia una diferencia notable: mientras que el 56,8% de quienes faltaron menos de 15 veces se encuentra en niveles por encima del básico, ese porcentaje se reduce al 37,8% entre quienes faltaron más de 15 veces", detallan en la DGE.
La brecha entre estudiantes de escuelas de gestión pública y privada existe, pero se achicó a la mitad, al menos según el censo de fluidez lectora. También hay una diferencia en el rendimiento entre alumnos de escuelas rurales y urbanas.
En el Gobierno que viene dan como situación "dada" que la escuela es el lugar donde recaen gran parte de los problemas de las familias y la comunidad. Por eso piensan en fusionar Desarrollo Social con la DGE.