Entremedios

Debate Massa-Milei: “Es la economía, estúpido”

La política tiene una gran historia como la humanidad, y no está limitada a instituciones democráticas o gubernamentales. En Argentina estamos a una semana de volver a votar.

Damián Fernández Pedemonte
Damián Fernández Pedemonte domingo, 12 de noviembre de 2023 · 07:00 hs
Debate Massa-Milei: “Es la economía, estúpido”
Javier Milei y Sergio Massa, uno será Presidente. Foto: Noticias Argentinas

La frase de James Carville, estratega de campaña, le sirvió a Bill Clinton para ganar las elecciones de 1992 contra el popular George Bush padre. Desde entonces se emplea para recordar a los candidatos que deberían hablar más de cómo piensas abordar la cuestión económica, atendiendo también a la coyuntura inmediata.

“Puede fallar. Economía y comunicación en 40 años de democracia” de Andrés Borenstein y Gabriel Llorens Rocha, es un atrapante relato del entramado entre planes económicos, liderazgos políticos y estrategias de comunicación de la historia reciente. Lo primero que salta a la vista es la creciente interdependencia entre política, economía y comunicación. Lo segundo es que algunas veces esa ecuación se trabajó exitosamente, aunque sea por un tiempo.

Hubo tres planes de estabilidad. El plan Austral (1985) tuvo un éxito inicial espectacular. La inflación bajó del 30% en junio al 6,2% en julio, 3% agosto, menos del 2% en septiembre. En las elecciones legislativas de noviembre la UCR arrasó: el poder adquisitivo de la gente mejoró y también la recaudación de impuestos. El ministro de economía Juan Vital Sourrouille tenía equipo, plan y la comunicación delegada en Raúl Alfonsín. La estrategia de comunicación fue de ocultamiento del plan, incluso al FMI. El Presidente preparó a la población con el famoso discurso de “La economía de guerra” y anunció el Austral con gran didactismo. Las medidas no
se sostuvieron porque no había un plan de reformas estructurales, el gobierno terminó con la hiperinflación de 1989 (4924% de inflación anual). Borenstein y Llorens Rocha anotan esta lección: “Sin solidez económica, no hay proyecto político capaz de transformar y sostenerse”.

Javier Milei. Foto: MDZ.

Igualmente, Domingo Cavallo mantuvo en secreto su plan hasta último momento. También tenía equipo y mucho interés por la comunicación. Primero tomó medidas fiscales para recaudar dólares. La convertibilidad sale por ley del Congreso, que un medio tituló: “Dolarizan la economía”, aprobada el 27 de marzo de 1991. El ministro de Economía le explicaba la idea a Menem y Menem salía a contarlo por todos los medios con sencillez y entusiasmo. Siguieron ocho años sin inflación y con crecimientos del PBI de entre el 4 y 8% anual. También cayó la pobreza. Durante el segundo mandato de Menem el desempleo, los bajos sueldos de los estatales, el impacto negativo de la apertura sobre la industria nacional y el crecimiento de la deuda, prepararon el terreno para la debacle de 2001, tras el retorno sin gloria de Cavallo. El período más largo de estabilidad acabó en la peor crisis económica y social de la historia del país. Otra lección. “No te enamores ad infinitum de tu idea”.

El siguiente buen momento llega con Roberto Lavagna, tras el colapso de la convertibilidad en 2003. Tenía equipo, capacidad de negociación y estrategia de comunicación. Su método era bajar las expectativas. El “trabajo sucio” (devaluación, pesificación asimétrica, contención de la emergencia social) lo hizo Remes Lenikov. Pero Lavagna convenció a los gobernadores de disciplinar las economías provinciales, gestionó exitosamente el canje de la deuda externa (con una quita del 66% y una aceptación del 76% de los acreedores) y salió del “default”. Siguieron años de desendeudamiento, inflación baja y crecimientos a tazas chinas: por encima del 8% hasta 2008. Luego vienen la economía de Cristina y de Macri, historia conocida por los electores, frustrados con las últimas gestiones de gobierno. Con la diferencia de que Cristina tuvo una narrativa para la economía consistente con la política y Macri, no. Pero hoy una mayoría se muestra cansada de la incidencia perniciosa de una y otro en la vida política y social de la Argentina reciente.

La cansadora campaña aporta novedades en el nivel de los agravios personales (incluyendo el empleo de “deep fakes” de los libertarios), los escándalos de espionaje del kirchnerismo, y el partidismo exasperante de los periodistas, pero no precisiones en el terreno económico que es el que más preocupa en la vida real, fuera de la burbuja creada por los medios y el marketing electoral. Llegamos al debate previo al balotaje después de haber conocido muchas medidas económicas electoralistas de Sergio Massa (el “plan platita”) y la idea innegociable de la dolarización de parte de Javier Milei. Sin poder despegarse Sergio Massa del kirchnerismo, ni morigerar Javier Milei una cantidad de propuestas alarmantes para la mayoría, no aciertan con un mensaje de esperanza de salida de la crisis, una narrativa de futuro. Ya no hay tiempo para crearla.

Javier Milei es sospechoso de apuntar ex profeso a la catástrofe económica para habilitar un cambio completo del modelo hacia el paroxismo del libre mercado (la privatización puede incluir al Conicet, Vaca muerta, los parques nacionales o la venta de órganos). Sergio Massa es sospechoso de no estar decidido a realizar cambios drásticos en materia fiscal que permitan pronto mejorar las reservas y bajar la inflación. Si se compara cómo reaccionó el mercado después de las PASO, con la corrida cambiaria, y en las elecciones generales, con esta paz cambiaria, se puede inferir que apuesta más al triunfo de Sergio Massa que de Javier Milei. Otro tanto sucede en el frente externo. Esta semana The Guardian publicó un texto de cien destacados economistas sobre la devastación económica que podrían provocar las ideas del libertario. Javier Milei también se opone inflexiblemente a las relaciones comerciales con nuestros principales socios (Brasil y China). (Y también se puso en contra de las swifties, sin advertir lo importante que pueden ser para la economía argentina la organización de mega recitales; de hecho, Taylor Swift mueve tanto el consumo en los estados por donde pasa de gira, que hace crecer el PBI).

Sergio Massa. Foto: MDZ.

El debate es la última chance de Sergio Massa para convencer de que lo voten los que le tienen profunda antipatía, de que tiene un plan de transformación de esta economía calamitosa. Y para Javier Milei, para convencer a los que le tienen miedo de que su plan de cambio drástico de las políticas kirchnerista es plausible y no requiere una fractura de los consensos democráticos.

Damián Fernández Pedemonte (Director de la Escuela de Posgrado en Comunicación de la Universidad Austral).

Archivado en