Landrù se va a la playa: cómo y dónde ver la exposición dedicada al humorista
Honoré Daumier (1809-1879) adquirió notoriedad por sus dibujos satíricos y sus despiadadas caricaturas políticas que reprodujo por centenares mediante la técnica de la litografía y la prensa. Entre nosotros Florencio Molina Campos (1891-1959) retrató como nadie en nota de humor a los paisanos de tierra adentro en obras que los almanaques de Alpargatas reprodujeron por cientos de miles a lo largo de más de dos décadas, popularizando al artista. Ambos ocupan un lugar preminente en la historia del arte.
Juan Carlos Colombres, Landrù, no tiene la talla de ellos pero con sensibilidad, agudeza y fino humor creó un género digno de ser destacado.
Con trazos simples, dibujo naïf y escasos colores planos supo describir la psicología predominante en distintos estratos sociales, supo ironizar situaciones a veces críticas, a veces risueñas e incluso grotescas. Puso en evidencia la frivolidad clasista, la torpeza política, la angustia de la gente, siempre encontrando la vuelta humorística que actuara de bálsamo para cada situación.
Sus personajes modélicos ora de la tilinguerìa snob ora del intelectualismo vacuo, retratan estereotipos que no pocos imitan. Introductor en boca de Maria Belen del “in” y el “out”, de la GCU (gente como uno) y de las absurdas deducciones de Rogelio, creó tendencias
Sus caricaturas de los poderosos de turno se popularizaron tanto que la gente identificó, por ejemplo, a la morsa, con el general en la presidencia.
Rafael Squirru diría que lo de Landrù es mùsica de cámara que sin tener la magnificencia sinfónica logra con unos pocos instrumentos crear un clima de confort que esconde un trasfondo profundo que invita a la reflexión a quien se acerca a su obra. Como bien lo resume Tebeosfera, “Juan Carlos Colombres era un apasionado del dibujo desde muy pequeño. Con siete años se atrevió a editar una revista con viñetas que repartió entre compañeros de colegio, y durante su adolescencia y juventud no dejó de rellenar cuadernos con dibujos y viñetas, siempre con espíritu lúdico o satírico.
Se formó como arquitecto desde 1943, pero abandonó la carrera para buscar trabajo como dibujante, lo que comenzó a hacer en 1945 en la revista Don Fulgencio, que dirigía Lino Palacio. En 1947 se hizo dibujante profesional y comenzó a firmar sus dibujos con el seudónimo Landrú. Era un recién casado pluriempleado, porque finalmente logró una plaza como funcionario de Tribunales, dedicando parte del día a laburar en el Juzgado de Instrucción de lo criminal, un trabajo que mantuvo hasta el año 1952, cuando se aseguró trabajo como dibujante en nada menos que quince revistas, en las que colabora simultáneamente durante los años cincuenta: Vea y Lea, Leoplán, Rico Tipo, Avivato, Pobre Diablo, Patoruzú, Esto Es, El Hogar y alguna más. No contento con esta efervescente actividad se dedide a editar su propia revista de humor, lo cual hace en 1957, Tía Vicenta…
En los años sesenta tuvo problemas con la censura. En 1966, el presidente Onganía clausura su revista, Tía Vicenta, pero Landrú no se arredra y la sustituye por otro título: María Belén (como suplemento de un diario). Y al cabo de dos años aparece una publicación con su propio nombre, Tío Landrú. Su firma ya es no solo popular, es mítica, y comienza a aparecer en medios de gran difusión, como en el diario La Nación (desde 1971), Clarín (desde 1972), o en una remozada Tía Vicenta (desde 1977). Colaboró con muchos otros medios, siendo su obra un faro de la evolución política y social de Argentina durante la segunda mitad del siglo XX y principios del XXI”
Apasionado de Mar del Plata, la ciudad junto con la fundación que lo recuerda y la Biblioteca Nacional Mariano Moreno han montato esta exposición, inaugurada el pasado 6 de enero, en la que se presentan más de cincuenta originales del artista y abundante material impreso que reproduce sus obras.

Seguramente para el público joven esta muestra sólo será una oportunidad para descubrir algo que no vivieron. Otro es el lenguaje, otros los códigos y el humor. Ocioso decirlo: también los medios son otros. Para quienes vivimos la segunda mitad del siglo XX será un placentero volver a vivir. Landrù fue un cronista casi cotidiano que contagiaba una sonrisa en cada aparición.
La nostalgia también paga.
* Carlos María Pinasco es consultor de arte.

