La palabra paz volvió a mi vida

La palabra paz volvió a mi vida

La Guerra de Malvinas fue sin dudas la experiencia más traumática de mi vida, que me alejó de la paz y me cargó una mochila muy pesada. Me refiero a una mochila con el peso de la beligerancia, con su euforia, locura y decepción.

Julio Aro

Esa misma mochila que siguió aumentando su carga en la posguerra, con la indiferencia, el rechazo, el estrés postraumático, los suicidios de compañeros y amigos de Malvinas. Esa carga que durante años amenazó con doblar mi espalda, en 2008 comenzó a aliviarse con mi primer viaje a Malvinas sin ningún rencor, solo con la intención de encontrar al joven Julio que había quedado allí. Esa mochila emocional comenzó a perder peso con mis visitas al cementerio de Darwin, donde pude homenajear, de forma solitaria, a cada uno de los héroes allí enterrados. Llorar allí me hizo muy bien, y ya dejé de sentirme solo, sentí que mis compañeros me abrazaban. Y allí comencé a reconstruir mí PAZ, con mayúsculas.

De esa primera visita, no puedo dejar de recordar el impacto al ver la cantidad de tumbas en el cementerio de Darwin con la placa "Soldado Argentino solo conocido por Dios". Si yo estaba conmovido frente a esa realidad, ¿cómo se sentirían sus familiares? Comprendí en ese momento la falta de paz de cientos de madres, padres, hermanas y hermanos que no tenían siquiera la certeza de saber dónde estaba inhumado su ser querido. Me pregunté entonces si eso se podría cambiar. Muchos me dijeron que era una utopía, pero siempre tuve claro que los sueños son posibles si uno se empeña de verdad por llevarlos a cabo. El camino de la restitución de identidades de nuestros caídos fue largo y sinuoso. Por momentos muy oscuro, pero el impulso de las primeras madres que se sintieron ilusionadas ante solo pensar en la posibilidad de saber cuál era la tumba de su hijo, iluminaba esa ruta que a veces parecía interminable. Al mismo tiempo ese andar terco y esperanzado permitió que se sumen personas con intención de apoyar esta causa, no de cuestionarla. La práctica sanadora fue trabajar por Malvinas teniendo ideas superadoras, dejando atrás el olor a pólvora, con proyectos y campañas solidarias que se fueron multiplicando y motivando a sumarse a mucha gente. La palabra PAZ se iba construyendo ahora de manera comunitaria.

Foto: Telesur

El sueño personal se transformó en sueño colectivo mediante la creación de la Fundación No me olvides, y luego se transformó en realidad mediante el Plan Proyecto Humanitario impulsado por el Comité Internacional de la Cruz Roja, que además requirió acuerdos extraordinarios entre los gobiernos de Argentina y el Reino Unido de Gran Bretaña y también involucró a las autoridades de las Islas Malvinas. Así se pudo concretar este feliz presente, con 116 compatriotas re identificados, solo restan 6, y no bajo los brazos, trataré hasta el último día de mi vida de conseguir la restitución de sus identidades, porque es un derecho humano, la guerra la pagaron con su vida, pero sus nombres y rostros deben ser recordados y homenajeados.

Regresé muchas veces más a Malvinas, pero ya no voy solo. Hice viajes con estudiantes de secundaria, con deportistas, con otros veteranos de guerra y ciudadanos comprometidos con la causa. Logré que sintieran lo que yo describía: estar en Malvinas, y sobre todo en el cementerio de Darwin, es una experiencia única, uno vuelve cambiado tras ese viaje. Si uno va bien predispuesto, en Malvinas puede encontrar paz. Los últimos viajes que hice fueron con familiares que ahora tienen una tumba con el nombre de su ser querido para descargar el peso de sus propias mochilas. El viaje definitivo que confirmó que la paz y la comunión de las personas es algo posible, es el que realizamos un grupo reducido de personas acompañando a Elma Pelozo, la madre del joven correntino caído en Malvinas Gabino Ruiz Díaz. Elma tiene amputadas sus piernas, además de otros problemas de salud que no le permitieron participar de los viajes anteriores con otros familiares.

A los 80 años cumplió su anhelo de ver la tumba de su querido y recordado hijo, despedirse de él, a la vez que daba una lección de amor a los militares y autoridades británicas de las islas que le rindieron homenaje a ella y a Gabino. Esos actos humanos, la emoción compartida, no son ideas peregrinas: se trata del sentimiento de PAZ que hoy tengo, pero que además se logró compartir y transmitir. A 40 años de la gesta de Malvinas puedo decir que mi espalda está casi recta, la mochila de Malvinas ha perdido casi todo su peso, y al mismo tiempo siento una energía renovada para seguir avanzando por la causa, que ya no se circunscribe a Malvinas, la causa es mayor, se trata de la PAZ, que me demostré a mí mismo que se puede recuperar, compartir y también mantener cuando hay diálogo y  predisposición.

* Julio Aro es un excombatiente de la guerra de Malvinas 

Presidente de la Fundación No Me Olvides

Fue nominado en el año 2021 al Premio Nobel de la Paz

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