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Jerarquizar la vida o naturalizar la muerte

No tienen que ser conceptos enfrentados se puede cuidar y defender la vida, sabiendo que nuestro paso es finito, y que todos vamos a morir. ¿Existe la trascendencia luego de la muerte? No todos tendrán la misma respuesta frente a este interrogante
Foto: Pexels
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No deben tomarse necesariamente como enfrentados a los conceptos del título. Se puede cuidar y defender la vida, sabiendo que nuestro paso es finito y que todos vamos a morir. Pero sí estamos enfrentando un conflicto existencial donde, según las circunstancias, se está poniendo en duda el valor de la vida y se está ofreciendo la opción de perderla como mejor salida.

¿Existe la trascendencia luego de la muerte? No todos tendrán la misma respuesta frente a este interrogante. Algunos apoyarán su creencia en lo que se denomina fe. Pero, incluso la fe, no se sustenta en el aire. Quienes creen apoyan su fe en un
contexto de racionalidad que los lleva a creer fervientemente que existe algo o alguien que puede ser difícil de demostrar, pero que es necesario para comprender…

La muerte es lo opuesto a nacer. Entre ambos extremos, vivimos. Los médicos, con la complicidad de la ciencia, nos especializamos en intentar arreglar algunos desperfectos de nuestros organismos vivos, porque, aunque “lo científico” vaya pareciendo “todopoderoso”, todavía está lejos de dar o quitar la vida, los médicos somos simples manipuladores de la vida, ojalá siempre para bien. Sin embargo, alguien podría pensar: “en un laboratorio hoy se puede formar un ser vivo y cualquiera podría dar muerte”.

No es tan así, en un laboratorio se pueden generar condiciones para que continúe la vida. Por ejemplo, a partir de dos células vivas, un ovulo y un espermatozoide se puede asemejar las condiciones de un útero materno, también se puede cambiar algo del código genético para manipular condiciones de expresión del mismo. Se pueden cultivar -en condiciones adecuadas- tejidos vivos. Pero una vez que una célula, un tejido o un organismo están sin vida -cuando los procesos vitales se detuvieron-, la ciencia no puede devolverla.

Jordi Sabaté Pons no juzga a quiénes eligen esa opción sino que critica a quienes legislan por no priorizar la vida

La manipulación del genoma permitió conocer con precisión especies ya extintas. Por más que concretamente se pueda armar genéticamente un mamut, exactamente igual a cómo existieron en su momento, con los mismos tejidos, la ciencia no puede darle el impulso vital, algo parecido sucede con la muerte.

Podremos poner condiciones para que sea extremadamente difícil la continuidad de la vida, pero nadie tendrá la precisión absoluta del momento de la partida. Un experto, luego de matar diez mil personas en una cámara de gas, podrá decir: “estimo que el siguiente morirá en ‘más o menos’ minutos después de…” Pero nunca podrá conocer el momento preciso. Una persona necesitará un disparo cerca del corazón para dejar de vivir, otro necesitará cuatro disparos en el corazón mismo, nadie sabrá con anterioridad y exactitud el momento del fin. La ciencia no da, ni quita, la vida, solo la manipula, en tantos aspectos.

Somos seres sociales, pero nacemos necesariamente egocéntricos, en una situación ideal, el mundo gira alrededor del recién nacido, que recibe lo que necesita con solo demandarlo, en el seno de la familia, considerada el segundo útero, con la sabia enseñanza de los padres, y practicando la convivencia con hermanos y otros, maduraremos hacia la mejor armonía de vida en sociedad que sea posible. Algunos padres no cumpliremos nuestros roles y muchos permaneceremos con tendencias egocéntricas, demandando que los demás giren a nuestro alrededor. En ese contexto, podemos ayudar a otros a ser felices, o a vivir una vida imposible, ambas posibilidades, de nosotros depende.

Después de dos guerras mundiales donde, al igual que en toda guerra, miles de vidas tendrían menos valor que algún objetivo de algunos servidores públicos de alta jerarquía. Todos los países que conforman la Organización de las Naciones Unidas enviaron representantes para rescatar un concepto obvio, que en otras épocas, algunos intereses sectoriales nos hacen confundir

Cuidar la vida es el primer derecho humano, ¿alguien honesto se atrevería a esbozar algo diferente? Aunque algunos, en Argentina, hablen en estos días de una posibilidad de magnicidio, ¿será que para el resto de los mortales, sus muertes deberían considerarse un “minicidio”?. Que extraña forma de interpretar superioridades donde naturalmente es imposible que las haya, todos llegamos igual y partiremos igual. Si el principal derecho humano es cuidar la vida recibida, es lógico que durante toda la historia se considerara anormal que alguien intentara quitarse la vida.

Siempre se vio con buenos ojos, la encomiable tarea de las múltiples asociaciones de asistencia al suicida. Su principal herramienta es ayudar a que, quien puede querer terminar su vida, descubra el desorden que lo lleva a esa tremenda confusión.. ¿Alguien se atrevería a hablar mal, o ir en contra, de esas asociaciones civiles a favor de la vida?

Foto Peru 21

Pero existen intereses sectoriales que pueden confundir hasta en el comportamiento social a gran escala en este contexto. Algunos, seguramente con mucho poder, promueven que la palabra interrumpir no es adecuada pero es estratégicamente utilizada la vida sería un derecho la eutanasia y/o el aborto, si alguien así lo desea o si otro ser humano, interfiere de alguna forma con la comodidad o ciertos planes de mi vida, En ese caso, sería un derecho deshacerme de otro o ¿convencerlo, permitírselo? a que quiera interrumpir su vida. O sea, sería un derecho profundizar ese desorden que las “Asociaciones de ayuda contra el suicida buscan esclarecer para devolverlos al orden de disfrutar la vida, mientras dure naturalmente.

Para tal propósito, los médicos nos transformamos en efectores necesarios, sería muy brutal, que se contratara a los verdugos de la edad media, y fuera evidente el rodar cabezas  en la plaza pública. ¡No! Así no es posible debe parecer que se trata de un acto bondadoso, incluso hasta placentero, claramente deseado frente a determinadas circunstancias, por ejemplo, se interrumpe la vida de un bebé en forma legal, segura y gratuita en el confort de una clínica, porque ese bebé altera mis planes.

En otro momento, ya se ha analizado en extenso que se ha desarrollado una industria que ofrece ese servicio a cambio de un costo, ya que nunca es gratuito, alguien siempre paga, y alguien siempre cobra. Y a su vez, se generan ganancias colosales a partir de la utilización de los órganos y tejidos de esos bebés, ya sea para la investigación, o para el uso directo de insumos necesarios para mega empresas de consumo masivo. Increíblemente se trata de nuestros propios hijos…

Por ejemplo, se propone interrumpir la vida de personas habitualmente mayores que generan una carga para otros, ya sea una carga en costos, o en atención humanitaria y amorosa. Increíblemente suele tratarse de nuestros propios padres. No cabe duda de que terminamos siendo lo que aprendemos a ser, primero fue necesario que los padres no valoraran la vida de sus propios hijos, porque podían resultarles incómodos o circunstancialmente no convenientes, para que luego, los hijos que vivieron/aprendieron ese accionar de sus padres para con sus hermanos, y que les tocó vivir porque circunstancialmente en ese momento si les resultaba conveniente considerarán que ahora es el momento de interrumpir la vida de sus padres, en forma legal, segura y gratuita…

Defender y cuidar la vida de otros, en toda circunstancia, es la mejor escuela de humanidad caso contrario, iremos en contra de nuestra propia declaración de derechos humanos, y andaremos por la vida “interrumpiendo” la de otros, según las circunstancias del momento. Científicamente está estudiado que aquellos que reciben amor, y que aprendieron a amar, no quieren interrumpir artificialmente sus vidas…

Esa es la cuestión… ser o no ser humanos.

* Luis Durand es hijo, esposo, padre y médico cirujano (MN 77260)