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Monet en Giverny, el impresionismo en su más alta expresión

Semanas atrás, cuando nos ocupamos de “La vida en un día”, la fenomenal serie de Fernando Fader la vinculamos a los famosos nenúfares de Claude Monet (1840-1926). Toca ahora contar esta historia, un jolgorio para el espíritu y los ojos.
“Reflejos verdes” L’Orangerie
“Reflejos verdes” L’Orangerie

Monet se había instalado en Giverny, una encantadora aldea rural a unos 60 kilómetros de Paris en 1883. Ya por entonces era un pintor reconocido y gozaba de un holgado pasar.

“ Soleil couchant” (L’Orangerie)

Diez años más tarde amplió su chacra comprando un terreno del otro lado de la vía, surcado por un arroyo que sirvió para formar un pequeño lago y formar un jardín acuático al estilo de los japoneses. Construyó el famoso puente de madera y cultivó las ninfeas además de un sin número de especies arbóreas, de y flores.

Foto de famoso puente japonés 

Creó entonces el paisaje que pintaría hasta su muerte.

Cuando fallece, en 1926, la casa, el atelier, los parques y el lago, heredados por su hijo Michel, se fueron deteriorando, especialmente durante y después de la guerra.

A la muerte de Michel, la propiedad pasó a manos de la Academia de Bellas Artes, que a partir de 1977 comenzó una profunda restauración de todo el predio.

Tres años después fue abierta al público y hoy se ha convertido en una de las atracciones más relevantes de los alrededores de la ciudad luz visitada por medio millón de personas a lo largo de los 7 meses que permanece abierta cada año.

Impression, Soleil levant

La colección más importante de los nenúfares de Monet, se expone en el maravilloso museo Marmottan, también regentado por la Academia en un fabuloso palacete en el jardín de Ranelagh, camino al bois de Boulogne, una de las zonas más tranquilas de París.

El Marmottan

Allí puede verse también la colección más completa de óleos de Berthe Morisot y otras obras fundamentales de Monet, como Impression (Soleil levant) de 1872 que le dio el nombre al impresionismo y una de las varas catedrales de Rouen que pintó el artista.

La catedral de Rouen

Pero el mayor atractivo se encuentra en la inmensa sala del subsuelo donde se presentan una veintena de obras de Giverny, de gran tamaño, que vistas en conjunto provocan un efecto sobrecogedor.

Los Jardines

Un segundo museo, L’Orangerie en la Place de la Concorde, presenta el conjunto de ocho telas panorámicas de gran tamaño que Monet donó al estado francés para celebrar la finalización de la Gran Guerra, en 1918. En 1927 fueron instalada en el museo donde todavía hoy pueden admirarse.

La epopeya que Monet inició en Giverny se constituyó en uno de los capítulos más brillantes de la historia del arte occidental. Profundamente ligada al movimiento impresionista su huella fue y sigue siendo transitada por creadores de todo el orbe. Entre nosotros el entrañable Eduardo Audivert y el maestro Carlos Alonso, crearon en su momento, su versión.

Monet ninfeas 

Inevitable, aunque suene desubicado, el comentario referido al mercado de la serie: una treintena de ninfeas se vendieron en los últimos años en subastas públicas por arriba de los veinte millones de dólares con un máximo de 85 millones, logrados por “Ninfeas en flor” un oleo que perteneció a la colección Rockefeller de 1914-17.

Ninfeas en flor, la obra record

Pero más allá de la danza de millones, el legado del genial Claude Monet, es una fiesta ineludible para los ojos y el espíritu de quienes tengan el privilegio de visitar la capital francesa.

* Carlos María Pinasco  es consultor de arte.