La radio no es un aparato
Convengamos que la radio no es un aparato. Simple y profundamente compleja como la palabra que la constituye, la radio es una combinación dinámica y cambiante de rituales, resonancias, sortilegios y silencios. Es, tal vez, el más humano de los medios tecnológicos de comunicación. Entre el divertimento y la información, ha sabido adaptarse a cada nueva generación, desde la antigua radio de galena hasta los podcasts, pasando por la Spica y la Siete Mares.
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Un artilugio que, según cuenta la historia, invadió el éter de 1920 desde la azotea del porteño Teatro Coliseo y supo enlazar a todo un país con tres grandes cadenas: El Mundo, Belgrano y Splendid. Y desde entonces, en cada rincón nacen espacios que convocan audiencias locales desde Usuhaia a La Quiaca. Están aquellos que bailaron al compás del Glostora Tango Club, se rieron con la Revista Dislocada o se emocionaron con Tarzán y Los Perez García. Los que se despertaban con el Fontana Show y los que iban a laburar escuchando Rapidísimo en el auto.
Estamos los que de gurrumines vimos el mundial 78 en la tele parpadeante en blanco y negro, sin volumen y con los relatos de José María Muñoz en la radio. Los mismos que crecimos con Imagínate- Flecha Juventud, Cordialmente, Modart en la noche y La Vida y El Canto. Esos que nos revolucionamos con Radio Bangkok y Milagritos y que acompañamos algún desamor con un Loco de la Colina o un lento de FM Horizonte de fondo. Los que vimos el mundo en primicias a través las voces del Mitre Informa Primero.
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Los mismos que hoy evocamos estas historias y aventuramos nuevas voces desde las plataformas de contenidos sonoros de todo el mundo… y en nuestro bolsillo; como hacía el abuelo con la portátil cuando salía a tomar el bondi para ir a trabajar. Como si la historia se pudiera encontrar a sí misma a la vuelta de cualquier esquina..
Las referencias son tantas que nuestra evocación resulta escasa e injusta. Tal vez por eso esta alquimia radiofónica se complete irremediablemente con un oyente, con una escucha. Y así, festejando un año más de la radio, vos sumes tus recuerdos a
mis olvidos intencionales para encontrarnos en esta memoria que celebramos.
Porque la radio suena, habla; pero también escucha. Y esta capacidad dialógica de la radio es tal vez una de las claves de la supervivencia y de la vigencia del fenómeno a lo largo del tiempo. La radio es, sobretodo, un encuentro, una
conversación inaugural, un eco cargado, un silencio de lo que podemos llegar a ser.
* Eduardo "Lalo" Morino es locutor; actor; periodista. docente y conductor de Madrugadas de Radio.


