El cambio de ministros despertó el fantasma de 2001 y rumores de saqueos en una capital
"Si creés que esto es peor que 2001, es porque naciste después o porque en 2001 la pasaste bastante bien dentro de todo", comentaba alguien en Twitter horas antes de la asunción de Silvina Batakis, flamante ministra de Economía, Las respuestas, variopintas por cierto, no se hicieron esperar.
Un escenario "distinto" parece ser el denominador común entre las diferentes vertientes. Eso sí, mientras de un lado plantean que el escenario era mucho peor debido a la falta de empleo, la crisis institucional o la economía quebrada, la otra parte propone que la pobreza estructural creció, que muchos no lograron aun superar la crisis de hace dos décadas y que le Gobierno ha terminado aun con los recursos que entonces podían salvar al país.
No importa de qué lado esté parado cada uno: con una pobreza que supera al 60%, una moneda que pierde valor cada día y un horizonte cargado de incertidumbres, no sólo el fantasma de 2001 sino el recuerdo de las peores crisis que atravesó el país. Se escuchó la palabra "prohibida": hiperinflación. Y también hubo quienes hicieron referencias al plan de ajuste que Ceferino Rodrigo puso en marcha en 1975.
Sin embargo, hay palabras y conceptos que parece mejor no decir. Tal vez como para evitar que vuelvan esos momentos. Una de ellas es "saqueos". Cualquier que haya atravesado la crisis de 2001 recuerda que ese año estuvo signado por los piquetes -que ya forman parte del discurso cotidiano de los argentinos- y los saqueos que en diciembre se llevaron todo: desde la comida en los supermercados hasta la paz social y la esperanza.
En invierno, durante una ola de frío que recorre el país, y en un contexto inflacionario, el fantasma de los saqueos volvió a hacerse presente en la provincia de Buenos Aires. Más aun en la capital provincial donde hay comercios cerrados y se realizó un operativo policial para prevenirlos.
"Vienen para acá, y vienen para saquear los negocios", fue el mensaje que circuló rápidamente en La Plata y que intentaron desactivar desde el ministerio de Seguridad de la provincia. Ante semejante presagio y con una incertidumbre muy fuerte en relación a los precios, muchos comerciantes optaron por dejar bajas las persianas.
Fundado o no, el temor existe. Y se replica en redes sociales donde muchos especulan que la calma -tensa, por cierto- en los grandes centros urbanos se debe a que el Gobierno tiene apoyo (o al menos paciencia) por parte de los sectores que suelen agitar los saqueos y otras manifestaciones violentas que no necesariamente son los que atraviesan mayores necesidades.