Emigraron a Kenia y el amor por el running los llevó a cumplir sus sueños

Emigraron a Kenia y el amor por el running los llevó a cumplir sus sueños

Durante los últimos meses miles de argentinos decidieron emigrar en busca de mejores oportunidades. Julián y Gina decidieron instalarse en Kenia con proyectos nuevos y en busca de una vida conectada con la naturaleza y las personas. El amor por el running fue el disparador.

Andrea Ginestar

Andrea Ginestar

aginestar@mdzol.com

Para muchas personas los momentos de crisis son oportunidades para encarar proyectos nuevos que impactan de manera directa en la vida cotidiana. Todo lo que trajo aparejado la pandemia fue un antes y un después para Julián y su esposa Gina, quienes decidieron emigrar hacia Kenia en busca de nuevos desafíos y un rotundo cambio de vida. La pareja trabaja en un centro de entrenamiento para deportistas que practican running y dictan clases on line. 

La decisión de emigrar no es fácil y, según los protagonistas, está atravesada por numerosas experiencias de vida que sirven como disparadores de nuevas ideas y abren puertas que antes eran impensadas o muy lejanas. Para muchos, la comodidad del hogar tal como lo conocemos, una posición económica dada por un trabajo estable sumado a la contención de amigos y familia; no son un impedimento para animarse a nuevas experiencias y afrontar desafíos.

Julián trabaja en uno de los centros de entrenamiento para corredores más importantes del mundo

Julián y Gina se conocieron mientras estudiaban kinesiología en la universidad. Para los jóvenes que viajan desde sus pueblos o ciudades alejadas de Capital Federal para estudiar, la facultad es un espacio ideal para conocer otras historias y reencontrarse con uno mismo. Ambos se recibieron, decidieron casarse y hoy cumplen el sueño de viajar por el mundo conociendo otras culturas. 

"A partir de correr mi primera maratón en Bahía Blanca, elegí abocarme al deporte y atendía a deportistas, especialmente a corredores. Decidí abrir un centro interdisciplinario dedicado exclusivamente para corredores que se llama Itén, en honor al lugar donde vivo actualmente y en entrenan los mejores corredores del mundo", contó Julián. 

El centro de entrenamiento es el espacio donde se desempeñan los mejores corredores de Kenia

"Gina en ese momento tenía su consultorio de pediatría. Ambos estábamos muy contentos con nuestras profesiones y nos iba muy bien. Ella se dedica al neurodesarrollo, atiende a pacientes pediátricos. A los 15 años había realizado un viaje de estudios a Inglaterra y a partir de ahí uno de sus sueños era viajar conociendo otras culturas e idiomas. No se animó a plantearle eso a sus padres...pero siempre le quedó ese sueño de viajar por el mundo", agregó.

El primer viaje de Julián a Kenia fue en el 2018, en ese momento estuvo 40 días, pero el impacto que le provocó la cultura y el estilo de vida fue total. "Cuando conocí todo me voló la cabeza, contrastaba mucho con lo que me habían contado de chico que era que para estar bien se necesitan muchas cosas. Acá es al revés, los niños andan con ropa y zapatillas rotas, juegan con juguetes hechos con plásticos de botellas y tapas de botellas. Hacen parapentes con bolsas y juegan con pelotas de trapo, pero sus sonrisas y caritas desbordan de felicidad", contó.

"Acá uno se valora por lo que es y no por lo que se ve que es...", dijo Julián

"Aunque tengan muchas necesidades en relación a lo material, sus rostros muestran mucho bienestar...siempre sonrientes, jugando, corriendo. Te vienen a abrazar y te piden fotos. Con los adultos pasa lo mismo, sus casas son muy pequeñas, cocinan con carbón y el agua la buscan en pozos con baldes. Siempre están dispuestos a ayudar y están tranquilos. Es otro estilo de vida, me impactó mucho, me sentí muy cómodo, era lo que buscaba de un lugar para vivir", agregó.

Al regresar del viaje y con todas las emociones a flor de piel, le propuso a su mujer emigrar hacia Kenia, pero Gina no aceptó. "Si bien le gustaba la idea de viajar, ella buscaba ciudades más seguras y que tuvieran más regulación u orden", contó Julián. Después de esa experiencia, viajó a Kenia en el 2019 y se quedó por 5 meses pero sin la idea de instalarse, situación que se modificó en el 2020 con el impacto que les provocó la cuarentena y un contexto de incertidumbre permanente.

"Gina buscaba mucho la seguridad, aunque se dio cuenta que eso no se lograba nunca, mientras que yo iba más por la aventura o la incertidumbre. Lo que hacía por pasión o gusto rendía mucho más, tomaba esos riesgos por lo que sentía", explicó Julián, al ser consultado sobre cómo se fue gestando la idea de emigrar a otro país.

Kenia fue la mejor opción que encontró la pareja para instalarse en una cultura amigable y seguir desarrollando sus profesiones. "En mi caso sigo desarrollando mi profesión a través del running, doy clases y cursos on line. Aquí vienen muchos europeos a vivir la experiencia y entrenar además de los mejores corredores keniatas que entrenan acá", contó Julián.

"Acá uno se valora por lo que es y no por lo que se ve que es...", contó.

En febrero del 2021, luego de vender sus pertenencias, armaron sus valijas y viajaron a Kenia para instalarse y trabajar en el centro exclusivo para corredores Itén. Desde ese momento el cambio de vida fue rotundo, las costumbres, comidas, rutinas y formas de relacionarse se vieron atravesadas por una cultura nueva donde las cosas materiales quedan en un segundo plano y las vivencias toman el protagonismo. 

El día a día

La pareja vive en un lugar llamado Guest House que consta de cabañas que utilizan los turistas o nuevos residentes para instalarse una vez que arriban a Kenia. "Elegimos vivir acá porque constantemente están llegando y saliendo grupos de extranjeros y nos hacemos amigos. Hay atletas de China y Hong Kong que están viviendo aquí", contó Julián quien se levanta todos los días a las 5 de la mañana sin que suene el despertador y entre horas de estudio y capacitaciones, dicta cursos on line para argentinos que siguen sus rutinas de entrenamiento y fortalecimiento. 

Julián se adaptó rápidamente a la cultura keniata

"Me preparo el mate y a veces tengo entrenamientos entre las 6 y las 9 de la mañana. Entrenamos como mínimos 16 km pero puede ser hasta 20 con distintas intensidades", contó. Respecto a la cultura, destacó que para él fue muy fácil adaptarse, "sentí que mi ficha de rompecabezas encajó a la perfección. Nos respetan y quieren mucho a los 'muzungu' como nos llaman a los extranjeros blancos".

"Siempre nos sentimos muy cómodos, donde voy me saludan, es una vida simple y natural. La comida también, se come lo que se puede cosechar en los alrededores. A la mañana la dieta es te con leche de vaca ordeñada pero también está la opción de comprar en sachet o envasada. Se almuerza con pan, arroz con tomate, cebolla o maíz con porotos, haciendo una especie de guiso muy rico", destacó.

Las comidas típicas son guisos con porotos y verduras

"Cenamos cerca de las 19 horas y después sigo trabajando en mis proyectos unas horas más. La cena es con una especie de polenta más firme que la nuestra. La harina de maíz se prepara con agua y se come con espinacas, acelgas, tomate o repollo. No nos costó adaptarnos a las comidas ya que con mi mujer somos vegetarianos desde hace 8 años", agregó. 

"La cultura keniata choca con el otro paradigma que se basa en cada vez tener más cosas, compararse con otros o valorarse por lo que uno tiene o ha logrado. Acá uno se valora por lo que es y no por lo que se ve que es...", finalizó.

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