Trigo transgénico: ¿tendrá impacto en el bolsillo de los consumidores?
En los últimos meses mucho se ha hablado sobre el trigo transgénico que fue aprobado en Argentina en mayo pasado. Un juez de Mar del Plata presentó un fallo que prohibió la comercialización del trigo transgénico HB4 en la provincia de Buenos Aires; sin embargo, la Fiscalía de Estado bonaerense apeló y esa medida quedó sin efecto y los productores podrán acceder a la compra del producto.
El conflicto gira en torno al trigo modificado y a la necesidad del glufosinato de amonio, herbicida que se emplea para su cultivo y que, según quienes se manifiestan en contra, es tóxico para el ambiente y la salud de las poblaciones.
Por otro lado, están quienes defienden esta modificación genética al considerar que esta tecnología podría ubicar a Argentina como uno de los principales puntos en el campo de la biotecnología aplicada, al tiempo que promete el ingreso de divisas y la generación de miles puestos de trabajo.
El secretario de Agricultura de la Nación, Matías Lestani, en el mes de mayo, buscó disipar los temores y explicó que el objetivo puntual de haber aprobado el trigo transgénico tolerante a sequía es “aprovechar la oportunidad del escenario internacional donde va a haber una necesidad de trigo por el conflicto bélico”, en referencia a la invasión de Rusia a Ucrania.
Con la aprobación del trigo transgénico en Argentina, los productores pueden acceder sin barreras a la compra de este producto y muchos se preguntan qué impacto tendrá esto en el bolsillo de los consumidores.
“Para que no falte alimento se trata de extender la frontera agropecuaria. Esto significa que se busca aumentar la producción de ciertos productos al ampliar la zona cultivable, aún en lugares que no suelen ser aptos para ello”, explica Jorge Silva, doctor ingeniero agrónomo y miembro de la Unidad Mixta conformada por la UNCuyo, el INTA y el Conicet.
Pese al aumento de la producción de trigo gracias a la tecnología HB4, "el precio de los productos derivados de esta materia prima no bajará en las góndolas", asegura Silva. Es decir, que los consumidores pagarán en la panadería el pan al mismo valor, haya sido o no elaborado con harina a base de trigo transgénico.
“La alimentación en el mundo, inclusive en Argentina, la manejan los monopolios, son ellos los que deciden qué precios poner”, sostiene el especialista y agrega que ese valor de los productos también aumentan debido a “la cadena de valor”.
Según Silva, “quedó demostrado con la soja. Se busca exportar toda la producción porque el dólar está alto y ese aumento de la producción para abastecer otros mercados internacionales no garantiza que baje el precio en los supermercados y almacenes de Argentina".
A su vez, Silva destaca el impacto que el cultivo de productos genéticamente modificados pueden tener en las zonas con escasez de agua. “Acá entran en juego decisiones más profundas. En el caso de Mendoza, por ejemplo, debemos preguntarnos si se quiere correr ese riesgo que influirá en otros sectores”.
“La tecnología, para mi gusto, no debe abarcar toda la producción. Como científicos debemos buscar el equilibrio y la armonía entre lo transgénico y lo orgánico”, concluye Jorge Silva.