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¿Violencia en el fútbol? Siga, siga...

La muerte de Joaquín Coronel, de 18 años, nos interpela. Lo ocurrido debería generar una acción para pedir justicia. Pero parece costumbre. Estamos a merced de la complicidad política, de un Estado de facto ejercido por una violencia con cara de barrabrava.
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Cuánto más fácil es callar una muerte irrelevante en el conurbano bonaerense que cortar un mal de raíz en este negocio multimillonario y político llamado fútbol. Siga, siga... acá no ha pasado nada. 

Joaquín Coronel, 18 años. Hincha de Luján. Lo que sea que signifique " hincha de" en este momento. ¿A qué nos hemos acostumbrado Joaquín? Tu corta vida y tu muerte nos interpelan. Lo que pasó es una clara señal de alerta que nos debería impulsar a la calle a buscar justicia, a que se termine la locura, la irracionalidad en la que nos vemos envueltos como sociedad. 

Somos un país con una Constitución, con una ley, donde nuestros ciudadanos viven en un Estado de derecho. Sin embargo, este último fin de semana mostró una de las facetas de las que estamos hechos: la violencia como síntoma de una enfermedad que pocos se animan a curar. Como si lo que sucediese ya fuera parte de un artículo escrito a sangre en nuestra Constitución y es algo permitido. Un verdadero "siga siga". 

El Chiqui Tapia tiene que ir a fondo para hacer justicia por Joaquín. Y junto con él, el presidente del Club Luján, y su par de Leandro N. Alem. Y los intendentes y gobernantes de turno. Y las familias de las víctimas. Y las familias de los agresores. 

Ambulancias para socorrer heridos, una rara costumbre del fútbol argentino. 

Si el párrafo anterior suena ridículo es porque realmente existe un artículo implícito en nuestra Constitución que avala los hechos del fin de semana. No veo motivo para que no se haga justicia por Joaquín. O, peor, veo muchos motivos para que no se haga justicia por Joaquín. 

Entonces: ¿quién empieza a ordenar esto? ¿Quién va a dar una respuesta por una muerte absurda? ¿Quién es la primera persona en tratar de poner orden? Esto es un llamado, casi último, de auxilio. Alguien que nos rescate de esta barbarie. Estamos a merced de la complicidad política, de un estado de facto ejercido por una violencia con cara de barrabrava. Una violencia que nace de la falta de educación en zonas marginadas de un país que nadie quiere mirar y es tan difícil de resolver, que mejor no empezar nunca. 

Joaquín, que tu muerte no sea una más y nos impulse a buscar un principio de solución, a la vez que nos dé las agallas que corresponden.