Por la sequía, expertas advierten cómo debe ser el arbolado futuro

Por la sequía, expertas advierten cómo debe ser el arbolado futuro

Dos investigadoras mendocinas dedicadas a la temática de los bosques urbanos y el cuidado de los "pulmones" implantados, aseguran que es clave redireccionar la mirada sobre la generación, conservación y cuidado de las especies que dan vida a los diferentes entornos del Área Metropolitana de Mendoza.

Zulema Usach

Zulema Usach

Para comprender su trascendencia, solo es necesario atender a la propia historia de Mendoza. En tierra donde el desierto es mayoría el esfuerzo por hacer posible la vida, fue lo que permitió nada menos, construir ambientes más adaptados y confortables. Las acequias y los ejemplares de árboles que ya desde fines del siglo XIX y principios del XX comenzaron a plantarse de manera masiva en los cascos urbanos, conformaron las bases de la tan ansiada prosperidad. Hoy, cuando el desafío hacia adelante plantea resolver escenarios marcados por el efecto del cambio climático, el calentamiento global (y en consecuencia, el incremento de la falta de agua), nuevas y profundas necesidades se plantean a la hora de planificar el crecimiento urbano, bajo el concepto de sostenibilidad ambiental.

Así, mientras nuevos emprendimientos buscan expandirse en el territorio del Área Metropolitana de Mendoza, los especialistas hablan de la urgencia de mitigar los efectos de la escasez de agua, la contaminación ambiental y las inadecuadas técnicas de poda para las especies que ya fueron implantadas en los siete departamentos que la integran (Capital, Godoy Cruz, Las Heras, Guaymallén, Maipú, Luján de Cuyo y Lavalle). Pero además, advierten sobre una necesidad inmediata: que todos los proyectos que impliquen hacer crecer las ciudades, incluyan el concepto de tramo verde como una prioridad. Ocurre que las diferentes especies de árboles que conforman el paisaje urbano no quedan fuera del "todo" que implica proveer de una mejor calidad de vida la población.

Si se tiene que cuenta que en toda Mendoza existen solo tres oasis de los cuales se alimentan los 18 departamentos y si a ello se suma que el agua es cada vez más escasa en la provincia, entonces las condiciones obligan a repensar qué tipo de especies son las adecuadas para soportar el estrés hídrico. 

Hacia el equilibrio ambiental

Claudia Martínez es investigadora del  Instituto de Ambiente, Hábitat y Energía (INAHE), una unidad científica del Conicet. Es ingeniera agrónoma y doctora en Biología con orientación en Ecología Urbana. En un primer término ella explica que en lugar de hablar solo de "arbolado público" es preciso pensar en el concepto de arbolado urbano o más bien, ecosistema urbano. Es decir, una trama que está integrada y regida por numerosos factores y procesos dentro de los cuales el gran desafío es lograr nada menos, que el equilibrio ambiental.

Es que hoy, los requerimientos se han modificado en relación a aquella provincia de principios de 1900, que no solo contaba con menos población, sino que su contexto era muy diferente. Con el pasar de los años, las zonas urbanas se modificaron. El aumento de las temperaturas, los eventos extremos, (como el zonda, el granizo o vientos huracanados) afectan al entramado del arbolado que lejos de estar separado de la trama urbana general, forma parte del conjunto total que hace al paisaje y al entorno de la ciudad. Martínez detalla que si solo se pone el foco en el Área Metropolitana, es posible advertir que las especies predominantes de árboles son exóticas, es decir, traídas desde el exterior. 

Para dar un ejemplo del panorama actual del arbolado de la ciudad de Mendoza, la especialista detalla que el 68% de las especies que otorgan de sombra y frescura al medio ambiente (y que a la vez tiene el poder de transformar el monóxido de carbono en oxígeno) son plátanos, moreras y fresnos, en tanto que el 32% restante está formado por acacias, paraísos, olmos y eucaliptus. La gran mayoría data principios de 1900, cuando se realizó en la provincia el plan de implantación sistematizada de las especies.

La poda es uno de los aspectos que deben ser cuidadosamente planificados

Un ejemplo son los plátanos ubicados en calles Montevideo, Avenida España y Gutiérrez, que de acuerdo a las investigaciones dendrocrinológicas (basadas en los anillos del tronco) tienen unos 115 años. "A pesar del cambio climático están en pie y se han adaptado. Esa especie suele vivir hasta 200 años", aclara la investigadora y detalla que una de las claves a futuro es recuperar la cultura del árbol. "Es fundamental que todos nos hagamos responsables del arbolado. A la hora de implantar un árbol es necesario pensar en el árbol apropiado en el sitio correcto", aclara.

En el actual contexto de sequía desde diferentes ámbitos se evalúa incluir a las especies nativas. "Pero está en estudio si en realidad estas especies se pueden adaptar bien al tipo de suelo urbano, a la contaminación atmosférica y a las altas temperaturas", detalla Martínez y agrega que en en la actualidad, hay "muchas especies están bajo un claro estrés hídrico".

De hecho, el sistema de distribución del agua a través de las acequias destinado a alimentar las raíces de los árboles que forman parte de la red de arbolado, en ocasiones se ha visto afectado por la impermeabilización de las acequias. Pero además, aclara la especialista, hay otras especies que están degradas, entre ellas, los fresnos y las moreras que en ocasiones sufren la intensidad de la poda.

"El árbol no necesita una poda intensa, sino que se debe trabajar en su conducción, porque de lo contrario se acorta su vida útil", destaca Martínez, quien además aboga por instaurar el concepto de bosque urbano, integrado por los espacios verdes, los parques, las veredas, las plazas, los jardines e inclusive, los balcones.

La plaga que destruyó a los paraísos

Martínez recuerda que hace cuatro años hubo una plaga que implicó un gran deterioro y decaimiento en los paraísos que durante años perfumaron y permitieron disfrutar de la frescura de su sombra en las calurosas noches veraniegas de una gran cantidad de barrios en Mendoza. Se trató de un organismo desconocido hasta entonces y que llegó a secar al 90% de los ejemplares de esa especie de árbol. Por eso, en varias zonas de Godoy Cruz (donde fue el epicentro de la plaga) se están reponiendo los forestales. "Se hizo sensible a esta plaga y a esta enfermedad", lamentó la especialista para dar cuenta de la importancia que guarda abordar la temática del arbolado en toda su complejidad.

Para planificar el entorno y avanzar en nuevos proyectos es fundamental "pensar la uniformidad de especies por cuadra y la diversidad por zonas", aclara. Una experiencia positiva en ese sentido, fue la que se llevó adelante la semana pasada en el predio de la Facultad de Educación de la UNCuyo, donde fueron implantados 25 árboles autóctonos. 

El objetivo del desarrollo sostenible justamente se basa en pensar el entorno desde su biodiversidad. "Por eso siempre hablamos de pensar en la especie apropiada en el lugar correcto. No hay recetas; se requiere del análisis de cada caso puntual para garantizar las condiciones adecuadas de manera que esos árboles puedan crecer y desarrollarse", destaca Martínez. 

La trama verde que extiende la vida

Sonia Fioretti es la jefa de la cátedra Espacios Verdes de Ciencias Agrarias de la UNCuyo, Desde su conocimiento da cuenta de un nuevo concepto que se basa en abordar la temática del arbolado desde una mirada global: la trama verde o estructura verde. Así, la especialista da cuenta de que el árbol no queda al margen del resto del entorno. "Cando hablamos de calidad de vida, confort, frescura y sombra, entonces comprendemos la amplitud de este concepto. En los planes de ordenamiento territorial no siempre se agrega al árbol como integrante de la trama verde urbana. Se debe pensar en las terrazas, los balcones, los jardines y no solo lo público", enfatiza la experta. 

El árbol como tal, así concebido adquiere un concepto tridimensional y los jardines, por ejemplo, son conectores. "El arbolado urbano está inserto en una trama verde que en su conjunto suma calidad de vida  y cumple con una función fisiológica a través de su follaje. Las copas de los árboles ayudan a cambiar el panorama; evitan por ejemplo que el sol impacte contra el cemento y que el calor haga elevar aún más la temperatura del ambiente. Los árboles refrescan el ambiente y lo humidifican", explica Fioretti y detalla que el cambio climático obliga a repensar la trama.

"En realidad, el fondo de las acequias debe contar con un sector  permeable de manera que el agua se pueda filtrar y el uso del recurso hídrico sea más eficiente. Los fondos de acequia, así, deben ser permeables, tal como lo son los de las calles Emilio Civit y Avenida Libertador", recalca y destaca que es fundamental que se piense en planificar los espacios futuros con plantas que sean resistentes a la sequía y que a su vez, sean eficientes en relación al uso del agua.

En ese sentido, la experta comparte todo su conocimiento y recomienda: "para ser adecuados al entorno, los árboles deben tener una copa globosa y las especies que se busquen deben ser resistentes a la sequía. No debe tener frutos que sean resbaladizos". Así, la arquitectura de la planta debe estar en equilibrio con el entorno.

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