Peor que en 2001: las familias hacen fila para buscar un plato de comida y se suman los pedidos de ayuda

Peor que en 2001: las familias hacen fila para buscar un plato de comida y se suman los pedidos de ayuda

En los barrios es cada vez mayor la demanda de comida en los comedores y merenderos. Referentes sociales aseguran que la crisis generada por la pobreza, el desempleo y la inflación ha llevado a sumar padres y madres que hacen filas para paliar el hambre. Hay colectas de ropa, alimentos y juguetes.

Zulema Usach

Zulema Usach

La imagen ya es común en cada rincón de la provincia, allí donde las necesidades extremas se agudizaron en manos de la actual crisis. Madres y padres con su taper en mano haciendo fila en la puerta de un comedor o merendero. Niños y niñas que se durmieron con el estómago vacío la noche anterior y cuyo hambre se traduce en pedidos dobles de raciones de leche, mate cocido o alguna tortita casera. Pedidos urgentes y desesperados de personas que, de manera voluntaria, han decidido redoblar esfuerzos con la sola idea de responder a una demanda que no parece tener fin. En todos los casos, los referentes sociales que ya, desde hace años, son testigos del empobrecimiento extremo de la población (que ya era pobre), aseguran que el padecimiento alimentario de miles de personas se agudizó en los últimos meses.

Por estos días, no hay referentes barriales o personas que hayan abierto las puertas de su casa para abrir un comedor que no expresen su impotencia al mencionar que su capacidad de respuesta ha superado ampliamente a los pedidos de ayuda. Aseguran que así como sucedió en 2001 (e incluso peor), hoy es imposible pensar en aplicar medidas de fondo para ver resultados a largo plazo. 

La urgencia es resolver el día a día, llenar platos de guiso caliente para distribuirlo, apelar a la colaboración mutua, a la solidaridad y la ayuda entre vecinos con el solo objetivo de evitar que la desnutrición se cobre vidas. El punto es de inflexión, aseguran. Y de hecho, cada vez más personas se quedan sin la posibilidad si quiera, de hacer su compra diaria en el almacén o el supermercado: la inflación que sigue su cruel escalada se conjugó de manera despiadada con cada vez más personas que se quedaron fuera de su posibilidad de mantener su empleo.

Cuando resolver el hambre es prioritario

Mendoza sufre. Juan Villegas (30) y su esposa son testigos de ese dolor al ver cómo las mujeres y hombres que hasta hace un tiempo tenían un trabajo, hoy se agrupan en largas filas en la puerta del comedor comunitario con la sola idea de volver a su casa con una ración de comida para sus hijos. Allí, en su casa del barrio Centorbi ubicado en El Algarrobal (Las Heras) el hombre decidió abrir el espacio que con el tiempo fue sumando cada vez a más personas. Hoy, en a ese lugar asisten 95 familias y 180 niños y niñas.

Preparar el pan casero o pizzas entre las familias que pasan hambre es una prioridad

Los miércoles es el día de la comida "fuerte". En grandes ollas se preparan guisos con legumbres, arroz o fideos, carnes y verduras; un estofado o el arroz amarrillo también suele ser parte del menú, siempre y cuando las colaboraciones hayan sido suficientes. Luego, los viernes, los más chicos se acercan al lugar a buscar un vaso de leche, un té caliente o una taza de mate cocido con alguna porción de bizcochuelo o tortita.

Todo es cocinado con las manos solidarias de Juan y su familia. "Quiero que mis hijos comprendan que la solidaridad es importante; que siempre podemos ayudar a otras personas", dice Juan, que es testigo del impacto económico que han sufrido las familias. "Nos cuentan que se han quedado sin trabajo, que no tienen plata para comprar la comida para sus hijos. Eso es muy doloroso y por eso, en lo mínimo que podamos ayudar, lo hacemos", explica.

En el comedor comunitario de Las Heras, los voluntarios preparan grandes ollas de comida para entregar a las familias

La mayoría de las familias que se acercan a ese comedor y merendero llegan de los barrios aledaños y asentamientos, donde el frío está mostrando su cara más cruda: las personas no tienen ropa de abrigo y calefaccionar sus hogares, la mayoría de las veces implica una odisea. Por eso, Juan ha organizado la puesta en marcha del ropero solidario, pero también está en sus planes llevar algo de alegría a los niños y niñas de la zona para el Dia del Niño.

Colectas de juguetes para dibujar sonrisas

Juan está organizando una colecta de juguetes nuevos y usados (en buen estado). También quiere sorprender a los pequeños con algunas bolsitas de golosinas y un rico chocolate con algo casero. "Por eso también estamos recaudando chocolate, leche, harina y azúcar. La idea es lograr que los niños y niñas tengan un día alegre y por eso lo estamos organizando con tiempo", detalla.

Las familias se acercan al merendero del Barrio San Martín para buscar ropa y comida. 

Paola González tiene la misma percepción que Juan. Y no puede esconder su angustia al describir cómo es el día a día en el barrio San Martín y sus inmediaciones. Destaca que las situaciones extremas de indigencia ya han pasado a la carencia total en muchas familias. Por eso justamente, busca siempre redoblar sus esfuerzos para resolver las diversas y complejas realidades que allí se viven. A su merendero y comedor, asisten al menos 300 personas. "Llegan con mucho hambre y la mayoría de las veces piden otra ración. Son chicos cuyos padres se quedaron sin trabajo y salen en medio del frío a buscar cartones. Andan con mucho hambre, sin calzado y muy desabrigados", describe Paola al dar cuenta de la compleja trama en la que hoy parece estar sumida la provincia y el país.

Apadrinar a un niño o niña para mejorar su vida

En el caso de Paola, el objetivo también es llevar algo de alegría a los 500 niños y niñas de su barrio y de los ubicados en zonas periféricas. Por eso, para este Día del Niño está organizando una propuesta para que las personas de buen corazón se animen a apadrinar a un niño o niña para ayudarlo. "Las experiencias han sido muy buenas, muchas personas se comprometen tanto con esa realidad que van a su casa, hablan con sus familias, les ayudan para que no dejen la escuela. Es un proyecto muy lindo y lo estamos reforzando", explica Paola.

Mientras el calendario se acerca lentamente a la fecha (domingo 28 de agosto), ella tiene previsto comenzar a tejer redes para lograr homenajear a la infancia con un chocolate, una bolsita con tutucas, turrones y alfajores de maicena. También quiere recaudar la mayor cantidad de juguetes, ya que el sábado anterior a la fecha, desde el merendero desean entregar un obsequio a cada niño y niña de la zona. "La idea es que no se queden sin un regalito. Sabemos que los chicos, por más necesidades que pasen, siempre tienen la ilusión de recibir un obsequio en su día. Ese es nuestro sueño y por eso convocamos a la población a sumar voluntades", expresa.

Paola es consciente de que la problemática que hoy afecta a gran parte de la infancia como consecuencia de las situaciones de pobreza extrema, no pasará inadvertida en un futuro. "Si un niño no está bien alimentado en la infancia, luego se ve afectado su coeficiente intelectual. Solamente pedimos igualdad de posibilidades y eso no se está dando", reflexiona la mujer.

Para quienes deseen colaborar con los roperos comunitarios, ropa, calzado, abrigos, juguetes o alimentos no perecederos con cualquiera de estos dos comedores comunitarios, deben comunicarse a los siguientes números y direcciones:

- Merendero y comedor "Niños de Dios": Barrio Centorbi Manzana B Lote 14 o bien comunicarse con Juan Villegas al 2615966938. 

- Merendero y comedor "Yo sí te creo": Barrio San Martín Manzana M, casa 14, calle El Nevado. Teléfono de contacto: 26166714277. Hablar con Paola González. 

 

 

 

 

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