Lenguaje inclusivo: docentes y alumnos entre resistencia y resignación
Recientemente el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires emitió una circular a todas las escuelas porteñas para prohibir el uso del lenguaje inclusivo en los contenidos que dictan los docentes en clase, en el material que se le entrega a los estudiantes y en documentos oficiales de los establecimientos educativos.
Esta medida, que comenzó a regir desde el viernes 10 de junio en las escuelas de todos los niveles, se inscribe entre las acciones que adoptó el Ministerio de Educación porteño tras los resultados de los exámenes en comprensión lectora "donde hubo un retroceso de al menos cuatro años", de acuerdo a lo que informaron las autoridades del Ministerio de Educación.
"Es una medida para facilitar la forma en que nuestros chicos y chicas aprenden y adquieren el lenguaje", destaca la resolución y agrega que "la deformación en el uso del lenguaje tiene un impacto negativo en los aprendizajes, máxime considerando las consecuencias de la pandemia".
El Ministerio había destacado con la decisión que se han desarrollando acciones "que garantizan la inclusión educativa" y que ya en Francia y en Uruguay "se desaconsejó el uso del lenguaje inclusivo".
MDZ recorrió escuelas porteñas para saber cómo tomaron la medida alumnos, profesores y directivos.
Primero, un alumno que ya está cursando el primer año de la secundaria en el Colegio del Salvador explica que, a pesar de que "no le importa mucho", cree que "es mejor que los chicos no hablen así, porque le parece poco natural hablar así".
Mientras tanto, una maestra de otro colegio de la Ciudad de Buenos Aires rechaza categóricamente el lenguaje inclusivo y manifiesta que está de acuerdo con la medida. "El lenguaje es el lenguaje y no se puede cambiar" explica. Considera que el lenguaje que la sociedad utiliza constantemente ya incluye a todos, por lo que no se debería cambiar, y todo lo que llega después es una deformación.
Uno de los directivos de un colegio en pleno centro de la Ciudad que prefirió mantenerse en el anonimato nos confesó que considera la medida como "acertada" ya que el lenguaje es la "regla que nos involucra a todos y no hace diferencias". Sobre el lenguaje inclusivo determinó que le parece "bien que no se use en las aulas", a pesar de que "ningún chico lo utiliza dentro del aula".

Julieta de Jesús, profesora de secundaria, proporciona una mirada diferente. Ante la pregunta inicial de si sus alumnos usan el lenguaje inclusivo señala que "al ser docente de primer año del secundario son pocos los estudiantes que lo utilizan ya que no tienen tanta información al respecto de cómo o por qué se usa".
Sobre la utilización del lenguaje inclusivo, ella confirmó que lo utiliza constantemente tanto en el aula como en su vida cotidiana: "Uso el lenguaje inclusivo, es decir, la implementación de la 'e' como sufijo en mi habla cotidiana tanto oral como escrita. A comienzos de este año, me presenté con cada curso y cuando me dirigí hacia el grupo utilicé la 'e' y les pregunté si les molestaba que les nombrara como 'alumnes, compañeres, chiques'. Ningún estudiante me dijo que molestara y hasta me preguntaron de manera respetuosa por qué lo utilizaba".
La profesora repite la respuesta que dio en ese momento: "En la binariedad de los sexos femenino y masculino quedan las identidades disidentes por fuera y, amparada bajo la ley 26.150 de 'Educación Sexual Integral', tengo que cumplir la transdisciplinariedad de los ejes sobre el respeto por las diversidades, la perspectiva de género, el cuidado de la salud física y mental, entre otros, en cada materia que dicte. Entonces, ¿Cómo hablamos del respeto hacia las diferentes construcciones identitarias si ni siquiera respetamos su manera de nombrarse y autopercibirse?".
Finalmente, sobre su opinión de la medida, ella la describió como "una cuestión política", que "nada tiene que ver con un sentido gramatical" y que "prohibir la posibilidad de nombrar y darle valor a las identidades disidentes es intentar anularlas, hacer de cuenta que no existen". Una opinión similar a la de Facundo Manes, quién calificó la medida como "un debate que no va a lo importante, que es la tragedia educativa que vive el país".
La profesora califica la prohibición como "absurda" y se lo atribuye a la posibilidad de que, en la actualidad, "las personas tienen la posibilidad de identificarse como género “no binario” en nuestro DNI e incluso poner esa información en el Censo del año que transcurre. ¿Por qué no lo podríamos hacer en la escuela?".

Finalmente, cree que no se debe obligar a todos los docentes a utilizar este lenguaje pero si se debe "permitir y respetar a que quién quiera utilizarlo para que pueda hacerlo libremente, sin tanto tabú y tanto conflicto como si se tratara de un movimiento proveniente de un partido político específico o de una temática de la que no se puede hablar".
Por último, considera que la escuela es "el campo donde cada estudiante construye su subjetividad y, por ende, rasgos identitarios que perdurarán en el tiempo. Es nuestra tarea como docentes crear un espacio de contención donde se sientan seguros/as/es de explorar, buscar e indagar sobre quiénes son y quiénes quieren ser, llenarles de valor y seguridad para que puedan entrar a la vida adulta respetando sus propias decisiones, su autopercepción y las de sus pares, con quienes habitarán nuevos y diferentes espacios más allá de la escuela".
Es importante destacar que la Ministra de Educación porteña, Soledad Acuña, cree que la utilización del lenguaje inclusivo en las aulas "genera un obstáculo en la comprensión y en la fluidez lectora y en la escritura por parte de los estudiantes que están en una situación muy crítica”.

