Estrelló su camioneta en una sucursal de Osde y contó las razones de su ataque de furia
Juan Pablo Moccero es abogado, tiene 57 años y vive en Azul, una ciudad muy tranquila de apenas 70 mil habitantes. Sin embargo, este fin de semana esa paz se vio alterada y el accionar de Moccero se convirtió en noticia. Pese a que cometió un delito, la gente lo celebra como un justiciero. Es que descargó su furia contra OSDE, entrando con su auto a una sucursal el domingo que su papá, afiliado a esa obra social, falleció. ¿Qué desencadenó esto? Se lo contó al abogado y columnista de MDZ Radio, Jorge Caloiro.
Años atrás, "mi papá tuvo un ACV y a los 2 años se le complicó con una neumonía. Siempre nos atendieron médicos elegidos por nosotros pero con la cobertura de OSDE. Se le hizo una isquemia generalizada y le tuvieron que hacer una traqueotomía, estuvo en coma unos 30 días", comenzó relatando Juan Pablo Moccero.
Cuando mejora, los médicos le recomiendan internación domiciliaria, porque su padre tenía un botón gástrico y necesitaba ciertos cuidados. Corría el año 2016. "Lo teníamos muerto y ahora lo íbamos a tener en casa, era todo una fiesta. De a poco se fue recuperando", aunque siempre dependiendo de las dos intervenciones que le hicieron.
"Nos pusieron una fonoaudióloga, un terapeuta, un kinesiólogo, un psicólogo y un psiquiatra. Así día a día, la casa era una terapia intermedia prácticamente. Le pedimos a OSDE que necesitábamos esa gente, y empezaron a decirme que mandara un correo, e-mail que nunca contestaban, esperar, enviar otro correo a otra casilla distinta, tampoco tener respuesta. Un franeleo infernal".
Luego recurrió a un colega amigo que le envió una carta documento a la obra social, desde donde después de un mes le respondieron que de acuerdo al plan que tenía su padre no le correspondía la cobertura de esas atenciones.
Ya era el año 2017, cuando a partir de aquella respuesta, "metimos un amparo y el juez fijó una cautelar. En aquel entonces gastábamos 33 mil pesos por mes en el plan".
Llegó 2020 y la pandemia de Covid. "Las cosas se empezaron a agravar, porque mi papá tenía problemas de deglución y le suspendieron el servicio de fonoaudiología, porque la fonoaudióloga se había separado y no quería laburar. Pero no consiguieron nunca a más nadie -ironizó-. A su vez, suspendieron también el psicólogo y el psiquiatra, que eran muy importantes para mi papá".
"A papá le costaba mucho expulsar la mucosidad, entonces había que hacer trabajo de kinesiología y después masajes para ablandar esa mucosidad y que él la pueda expulsar. El último año no fue ningún profesional a hacer eso, lo hacía yo. Había visto cómo trabajaba el kinesiólogo, entonces iba todos los días y le pegaba 250 golpes en cada uno de los pechos y en la espalda. Después, cuando se agravó, iba dos veces por día. En el medio, no te mandaban los pañales, te decía que disponíamos de 3 guantes por día y mi papá iba 4 veces por día al baño y además, la traqueotomía había que higienizarla con guantes, porque si se infecta, chau".
Lamentablemente, el pasado fin de semana, después de 6 años de lucha, el padre de Juan Pablo Moccero falleció. Entre bronca y dolor, "me avisaron que tenía que cerrar el cajón de papá, les dije 'espérenme que tengo que hacer una diligencia en OSDE' y un pibe me dice, 'pero si está cerrado' -fue el pasado domingo-. 'Bueno, acompáñame que te voy a mostrar lo que tengo que hacer', le respondí. Me fui arrepentido de no haber roto todo, de no meterles el coche adentro y dejárselos ahí. Pero bueno, ya está".
"Esto pasa con las compañías de seguro, pasa con todo. La gente está hasta las pelotas. Me mandan mensajes y me dicen que yo hice lo que ellos no se animaron, me felicitan. Una locura, porque en definitiva la gente está legalizando un hecho de violencia. Sé que me van a condenar, que me van a meter 20 o 30 días y que voy a tener que pagar el vidrio. Y bueno. Me chupa un h...no estoy para nada arrepentido".
Finalmente, Moccero, a quien se lo ve una persona muy tranquila pese a este episodio que tuvo, concluyó: "Me queda la vieja, mamá estuvo 6 años al pie del cañón las 24 horas del día. No es por plata. Yo creo que lo que les duele es la condena, porque claro es necesario que estos hijos de re mil sepan que la justicia los puede condenar, para que no se manejen con tanta impunidad. Yo nunca rompí una vidriera y posiblemente no rompa nunca más una, pero te llenan tanto las pelotas que hacés cosas..."
"Yo rompí la vidriera a las 3 de la tarde, a las 8 de la noche ya tenían todo reparando. Fijate vos lo solícitos que son cuando los problemas los tienen ellos". Hasta el momento, según su versión, nadie se comunicó con él desde la obra social.