Desconectar para conectar: un desafío de todos los días para grandes y chicos

Desconectar para conectar: un desafío de todos los días para grandes y chicos

Las tecnologías no son buenas ni malas. Pero pueden convertirse en nuestro peor enemigo cuando atentan contra el diálogo y el encuentro.

Lic Magdalena Clariá y Mercedes Gontán

-“Escuchame mamá”
-“Si, te estoy escuchando”
-“Pero escuchame con los ojos” 

Tuve este diálogo con mi hijo tironáandome de la remera mientras yo miraba mi celular.  En otras palabras: "prestame real atención, porque sé que cuando miras el teléfono estas un poco distraída". 

¡Qué difícil se nos hace en estos tiempos poder largar esas pantallitas con las que trabajamos, hacemos tramites, compras virtuales y, además, nos comunicamos con el mundo exterior en medio de la voragine de todos los días! Tan práctico y a la vez un arma de doble filo... 

Porque el "cara a cara" es irremplazable, no deja lugar a tantas ambivalencias y permite mirar a los ojos y sentir empatía. Es evidente cómo falta esta característica cuando nos refugiamos en el anonimato de la pantalla, criticamos y enjuiciamos tan livianamente, porque pareciera que del otro lado no hay nadie para recibir nuestro odio. Pero esto no es así y tenerlo siempre presente y enseñarlo, es fundamental. 

A nosotros también nos pasa como adultos que cuando alguien a quien queremos contarle algo está relojeando su teléfono, no nos sentimos tan escuchados. 

Los chicos necesitan y disfrutan nuestra atención plena, y cuando logramos regalárselas al menos por un ratito, enseguida vemos cuánto bien les hace. (Y a nosotros también) 

Como siempre decimos, no se trata de buscar culpas ni lamentarnos, pero sí de tomar conciencia

Algunas ideas que pueden ayudarnos

  • Avisarles que en ese momento no podemos escucharlos con atención, que por favor nos esperen. (Darles una tarea mientras tanto puede ayudar con los más chiquitos sobre todo) 
  • Proponernos un ratito al día de desconexión, breve y realista. Dejando los dispositivos en silencio y en algun mueble alto de la casa evitamos la tentación. 
  • Con el tiempo lo vamos a disfrutar cada vez más. 
  • Dejar de lado las pantallas un par de horas antes de dormir ayuda a que el ciclo de sueño-vigilia vaya acorde a nuestro organismo (la luz artificial de las pantallas le mandan a nuestro cerebro el falso mensaje de que aun no oscureció y no es hora de descansar todavía). 
  • Pones horarios limitados en el día (tanto niños como adultos) para el uso recreativo de pantallas en vez de esparcirlos a lo largo de todo el día. 
  • Poner prendas en la casa para cuando manoteamos celulares en tiempos de desconexión acordados (con hijos más grandes es una buena estrategia) 

Las palabras son solo el 7% de lo que queremos comunicar. Observando gestos, tono de voz, mirada, postura corporal vamos completando el mensaje. Que importante recordad esto! 

Y educar a nuestros niños desde chiquitos a comunicarse de forma plena, siendo los primeros en dar el ejemplo. 

No podemos pedirles a los más chicos que nos escuchen o respondan mientras miran dibujitos en la tv o tablet, si nosotros nos perdemos en nuestros feeds hipnotizados... 

Al llegar a la adolescencia cuánto más allanado estará el camino del diálogo si lo recorrimos juntos desde el comienzo!

Desconectemos...para re conectar, veremos cuánto hay por descubrir y todo lo que nos estamos perdiendo alrededor nuestro. No nos vamos a arrepentir.

* Magdalena Clariá es Licenciada en Psicología y Mercedes Gontán, abogada, Mediadora y Orientadora Familiar. Juntas hacen Apuntes de siembra

 

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