Lo que la guerra nos enseña sobre innovación
Chips que pueden leer nuestros pensamientos. Viajes a Marte. Inteligencia artificial en todos sus sentidos. Metaverso y mundos completamente virtuales. Cada vez que pensamos en la palabra innovación, son todas estas imágenes las que vienen volando a nuestra mente. Ciudades inteligentes, sensores por todos lados. Futurismo casi parecido al de ciencia ficción.
Pero… rebobinemos unos años. Hace seis o siete años, innovación hacía referencia a las economías de plataforma como Airbnb y Uber. También, autos autónomos con muchas promesas. Y si vamos aun más atrás, creíamos que todo se podía resolver con una aplicación (todavía nos quedan resabios de esto).
Ahora, volvamos al 2022. Año que nos encontró atravesados por una pandemia. El mundo entero se vio enfrentado a desafíos y cambios de vida nunca antes pensados. Los sistemas de salud colapsaron. Y estamos observando una guerra a través de redes sociales, en nuestros celulares a los que tenemos a centímetros de nuestros cuerpos.
Si comparamos las innovaciones que nos suelen atraer con las problemáticas más grandes que tenemos hoy. ¿Cuántas nos sirvieron realmente para mejorar y prevenir todo lo que está pasando? Si analizáramos el impacto real de cada innovación en las diferentes necesidades que tenemos en nuestro planeta. Y lo comparamos con el tremendo esfuerzo social y económico que lleva cada una de ellas. ¿Cuántos proyectos disruptivos logran, realmente, mover la aguja?
¿Cuántas innovaciones logran, realmente, mejorarnos como humanidad?
¿Y si nuestra atracción por las innovación futuristas con gran marketing nos nubla y nos impide ver necesidades más profundas? Una guerra no va a finalizar por tecnologías. Aunque estas sí serán un medio que se podría usar. Sin embargo, hay otro tipo de innovación, mucho más profundo, más necesario, que estamos necesitando de manera urgente.
Necesitamos innovar en las maneras de cooperar como seres humanos. Necesitamos aprender nuevas y verdaderas maneras de colaboración.
Necesitamos innovar en las maneras de cooperar como seres humanos. Necesitamos aprender nuevas y verdaderas maneras de colaboración.
Desde el conflicto de Ucrania, hasta problemáticas ambientales, esconden por detrás antiguos conflictos donde grupos humanos se enfrentan a sí mismos como un juego de suma cero. Desde el famoso sesgo antiguo donde sentimos a ese grupo ajeno al nuestro, diferente, como una amenaza. Una competencia.
Algunas tecnologías, como blockchain, lo están logrando. Porque atrás de una criptomoneda, encontramos todo un nuevo modelo de finanzas descentralizadas donde las personas están colaborando de maneras diferentes.
Y a pesar de todo… Como humanos. Seguimos repitiendo antiguos errores. Nos matamos unos a otros. Nos enfrentamos. Creamos polarizaciones repitiendo lo que vemos en la mayoría de nuestras películas: los “buenos” peleando contra los “malos”.
La verdadera Innovación ocurrirá el día que no necesitemos violencia para resolver conflictos.
El día que nos demos cuenta que lo más urgente que está necesitando nuestro planeta, a nivel social, económico y ambiental… Es que realmente aprendamos a cooperar entre todos nosotros.
* Sofía Geyer es terapista ocupacional especializada en innovación.
