El sistema educativo es Blockbuster: construyamos Netflix
¿Se acuerdan de Blockbuster?
Amo indiscutido del entretenimiento familiar. Pensar una película durante la semana. Agarrar el auto el sábado. Manejar. Estacionar. Entrar al local. Recorrer las estanterías con las copias VHS (¡O los innovadores DVD!). Buscar la película. Tener suerte de que nadie se la haya llevado antes. Hacer fila. Pagar. Manejar a casa. Disfrutar la película en tu TV. Rebobinarla. Agarrar el auto entre semana. Manejar. Estacionar. Devolver la película (¡No vaya a ser que te pongan una multa!).
Y vuelta a empezar.
Todo esto que puede parecer obsoleto tuvo muchas “reformas” y mejoras. Aumentaron la cantidad de copias disponibles de cada película. Agrandaron los estacionamientos. Distribuyeron mejor los pasillos y agregaron cartelería sobre tipos de películas, facilitando las búsquedas. Eliminaron las multas por devolver películas sin rebobinar. Sumaron venta de golosinas y pochoclo.
Y llegó Netflix. Con su streaming. Y los barrió del mapa.
¿Por qué?
Primero y principal: porque los usuarios los eligieron -¡Gente eligiendo! Emoji de cara sorprendida con la cabeza explotando. Guardemos este concepto revolucionario por ahora, ya lo vamos a desarrollar en futuras columnas-.
Segundo. Porque no existía un Ministerio del Entretenimiento con su correspondiente Secretaría de locales de Blockbuster y su Dirección de Ordenar películas en los pasillos.
De haber existido, hoy aún estaríamos condenados a seguir usando Blockbuster. A Netflix lo hubiesen extinguido con un Impuesto a los Grandes Streamings. Blockbuster tendría uno de los sindicatos más poderosos e ilícitamente enriquecidos de todo el país. Y contaríamos con una legión de “especialistas en Blockbuster” (aunque nunca hayan pisado uno) y de graduados en Ciencias de alquilar películas quienes mes a mes nos aleccionarían desde un pedestal de superioridad moral sobre cómo alquilan películas en Singapur o Finlandia.
Tercero: porque Netflix no se concentró en mejorar lo que había. Netflix se concentró en diseñar una solución para la demanda de fondo: los usuarios querían entretenimiento. Locales, pasillos, estacionamientos, cajeros y estanterías eran solo un medio para un fin. No el fin en sí mismo.
Pero bueno. Basta de hablar de entretenimiento. Hablemos de educación. [¿Pero entretenimiento y educación no debieran ser lo mismo? Quizá sí. No lo sé. Ya iremos viendo.]
Los sentimientos de obsolescencia y atraso que seguro experimentamos al recordar Blockbuster son los mismos sentimientos de obsolescencia y atraso que seguro experimentamos al analizar nuestro sistema educativo.
Sobre todo en la escuela secundaria, la que actualmente menos está cumpliendo su misión y donde el desánimo y deserción entre sus estudiantes es mayor.
Sobre la escuela secundaria me hago estas preguntas:
- ¿Tiene sentido el sistema que tenemos?
- ¿Tiene sentido tener tantas materias?
- ¿Tiene sentido “llevarse una materia a diciembre”?
- ¿Tiene sentido repetir todo un año por “llevarse X cantidad de previas”?
- ¿Tiene sentido tener materias obligatorias?
- ¿Tiene sentido que las materias no se elijan?
- ¿Tiene sentido que las materias duren un año?
- ¿Tiene sentido tener materias?
- ¿Tiene sentido que los docentes no se elijan?
- ¿Tiene sentido que los docentes (en la práctica) no rindan cuentas?
- ¿Tiene sentido que elijamos el UBER en el que viajamos, el delivery que pedimos, la serie que miramos, los influencers que seguimos pero no los docentes con los que nos educamos?
- ¿Tiene sentido que hagamos reviews sobre el UBER en el que viajamos, el delivery que pedimos, la serie que miramos, los influencers que seguimos pero no sobre los docentes con los que nos educamos?
- ¿Tiene sentido que el principal componente del sueldo docente sea la antigüedad?
- ¿Tiene sentido exigir “título habilitante” (que no siempre es capacitante)?
- ¿Tiene sentido llamar “jornadas de formación docente” a un par de charlas sobre-ideologizadas un par de veces al año?
- ¿Tiene sentido agrupar a los estudiantes por edad en grupos que se mantienen durante todo el año?
- ¿Tiene sentido que pasen la mayor parte del tiempo en aulas de diseño soviético?
- ¿Tiene sentido que pasen la mayor parte del tiempo viendo las nucas de los compañeros y la espalda del docente?
- ¿Tiene sentido que el Estado regule tanto?
- ¿Tiene sentido obedecer ciegamente lo que impone un inspector del Estado?
- ¿Puede ser que un estudiante “aprenda” más con una madrugada intensiva de videos de YouTube y la ayuda de un tutor particular durante algunos días de diciembre más de lo que “aprendió” en la escuela en todo el año? (Un tutor sin “título habilitante” ¡El horror!)
- ¿Puede ser que en el fondo no haga tanta falta el cuerpo docente que tenemos para cumplir la misión educativa?
- ¿Puede ser que hace décadas que hablamos de reformas educativas pero que el sistema es siempre el mismo?
- ¿Puede ser que el sistema sea siempre el mismo pero los resultados cada vez peores?
- ¿Puede ser que el sistema actual sea una gran farsa donde unos hacen que enseñan y otros hacen que aprenden?
Toda esta columna puede parecer otra sesuda columna más analizando la catástrofe educativa. No lo es. Esta columna es un llamado a la acción. Un llamado a la acción a quienes deben estar en el centro de todo sistema educativo. A quienes el sistema educativo está destinado a servir: los estudiantes y sus familias.
La pandemia dejó algo más que la incompetencia kirchnerista al descubierto y su correspondiente millón de estudiantes expulsados del sistema. La pandemia dejó también fuertes testimonios de una nueva raza de familias valientes que pasaron a la acción y se fabricaron sus propias escuelas. Familias que pagaron hasta tres veces por la educación de sus hijos: la pública, la privada y la alternativa.
Familias y estudiantes: ¡Pasen a la acción! Si los sistemas públicos o privados actuales no les sirven, ármense los propios. Júntense. Construyan. Inicien el interminable proceso de la mejora continua. Cualquier alternativa que se propongan quizá no sea perfecta. Pero seguro será mejor que la actual.
¿Con esto estoy diciendo que el Estado no tiene capacidad de ofrecer buenos servicios educativos? No. Si entendiste eso creo que te falta comprensión de textos (quizá por haberte educado en el sistema educativo argentino).
Lo que estoy diciendo es que el Estado no comparte el sentido de la urgencia de las familias. Mientras los burócratas se toman largos años para planificar reformas que nunca se concretan el tiempo pasa. Los estudiantes pasan.
Y los resultados no llegan.
Entre que se pone de moda alguna nueva teoría educativa -“Lo que hacen en Finlandia es bla bla bla”- y la misma es deglutida por una inmensa e ineficiente burocracia estatal a las aulas termina llegando la nada misma. El status quo educativo se mantiene inmutable.
El pasado 14 de febrero celebramos los 211 años del nacimiento del prócer Domingo Faustino Sarmiento. Los invito a defender su legado, que no son las escuelas actuales. Su legado es el coraje para crear algo nuevo, que no existía.
Póngase en marcha, familias.
Sus hijos lo merecen.
* Santiago Morgan es padre de familia, ingeniero y profesor de matemática.

