Escándalo docente: la catástrofe educativa es culpa de los padres

Escándalo docente: la catástrofe educativa es culpa de los padres

Un chino tuvo que comerse un murciélago para que muchos padres pongan la lupa sobre la instrucción que reciben sus hijos. Llegó el momento de que ocupen el lugar que nunca debieron abandonar: la centralidad en las decisiones educativas

Santiago Morgan

En los 11 años que llevo ejerciendo la docencia dentro de un aula presencié infinidad de veces la siguiente escena del folclore escolar: padres de futuros estudiantes visitando la escuela. Son visitas guiadas por algún directivo en la que los padres recorren la institución durante un día de clases normal y observan su funcionamiento diario. A la vez hacen preguntas de todo tipo. Si hay doble escolaridad. Si hay viajes de estudio. Si hay inglés. Si hay exámenes internacionales. Si hay "cosas de tecnología" o "aulas inteligentes". Si hay deportes. Y un largo etcétera sobre temas que, no dudo, parecen importantes. Lo que jamás presencié fue algún padre que pregunte: "Che, ¿hay buenos docentes?".

En 11 años no recuerdo que nunca, ni una sola vez, uno de esos padres se haya detenido a charlar conmigo o a preguntarme cosas. Puede ser obviamente porque yo no sea ni tan atractivo ni tan interesante. Pero cruzando experiencias con muchos colegas veo que la experiencia es compartida. Es como si entre la comunidad docente y la comunidad de padres hubiese un vacío. Y eso es un problema. Un enorme problema. 

Veo a esos padres y pienso: Yo seré parte del cuerpo docente que pase miles de horas con sus hijos a lo largo de su vida escolar. De qué les sirve que haya wifi, campo de deportes, inglés y sarasa si yo soy un imbécil o un incompetente? Ordenen sus prioridades por favor. Deportes, idiomas, tecnología y cualquier otro chiche de moda en la educación son cada vez más accesibles por fuera del sistema escolar. Nada de eso debería ser el centro de sus preocupaciones. Creo que el foco deberían ponerlo en el factor humano: en los docentes

Lo que jamás presencié fue algún padre que pregunte: "Che, ¿hay buenos docentes?"

Para que cualquier proceso de enseñanza-aprendizaje sea exitoso, además de estar centrado en el estudiante, debe contar con recursos humanos  a la altura. En Argentina no ocurre lo primero ni hay lo segundo. Y ustedes, padres, hace mucho que aceptaron eso sin exigir un cambio. No me importa cuánto la sociedad quiera romantizar nuestra profesión, les aseguro que no estamos a la altura. Y en parte llegamos a ese punto porque hace años que los padres renunciaron a sus responsabilidades dentro del sistema: exigir resultados, exigir capacitación docente, exigir estadísticas de desempeño de la institución. 

Si pasamos por alto el hecho de que durante la cuarentena eterna hubo un millón de estudiantes expulsados del sistema, o que la mayoría de los que quedaron no pueden comprender textos o resolver reglas de tres simple, yo creo que la debacle del año pasado dejó un balance muy positivo: aparecieron los padres.

Y lo hicieron en tres niveles. Primero aparecieron quienes, horrorizados, inundaron las redes sociales con las tareas que nosotros, muchas veces sobre ideologizados, enviábamos a sus hijos en la virtualidad. Personalmente lo celebro. No puedo creer que hayamos tenido que esperar una pandemia para que los padres vean de cerca la instrucción que se les da a sus hijos. Pero más vale tarde que nunca. 

En segundo lugar ocurrió algo también genial. Los padres se organizaron. Frente al abandono estatal y gremial los padres pasaron de la indignación a la acción y a lo largo y ancho del país conformaron los grupos de Padres Organizados para visibilizar y canalizar demandas. Bienvenidos! Personalmente también lo celebro.

Y por último aparecieron los más valientes y más brillantes: los padres que, hartos de la decadencia, se salieron del sistema y comenzaron sus propias escuelas clandestinas (en alguna futura columna indagaré sobre ellas). No se quedaron a esperar la ¨reforma educativa¨ sino que fueron y se armaron (están armando) su propio sistema desde cero. ¨Ay pero eso no está regulado¨. Ah sí, porque lo regulado funciona de maravilla. 

Queridos padres: El cambio total, las reformas profundas dependen de ustedes. Nosotros los docentes vamos a seguir cobrando igual (Recuerden que nosotros cobramos por antigüedad, no por logros o méritos). Nuestras vacaciones las vamos a seguir teniendo igual. Y si nos pinta seguiremos haciendo paro igual.  Recuerden también que no se nos evalúa ni rendimos cuentas a nadie. En su lugar yo no esperaría mucha voluntad de cambio por nuestra parte. Así estamos cómodos. 

Creo que la debacle del año pasado dejó un balance muy positivo: aparecieron los padres.

Y el estado, bueno como decirlo, el estado no pudo ni lograr que el presidente que impuso la cuarentena cumpla la cuarentena. Mira si va a lograr garantizar educación de calidad para sus hijos. Por favor. Seamos serios. 

Ustedes, padres, cedieron demasiado protagonismo a gente desmotivada e incompetente. Les sugiero que retomen el control. De lo contrario, bánquense las devastadoras consecuencias (que ya estamos viviendo). 

Yo sé que la culpa de todo no es de ustedes (el título de la nota solo era para provocarlos). Cualquiera de ustedes cuenta con mi más sincera admiración por el simple hecho de haber traído hijos a este mundo. Si bien no está claro quién tiene más responsabilidad en la debacle educativa, de lo que no hay dudas es que la solución depende de ustedes. De que ustedes pasen al frente y exijan y logren lo que quieren para sus hijos. 

Todos vimos el caso de la docente (psiquiátrica) cuyo video adoctrinador se viralizó esta semana. Frente a las reiteradas consultas sobre si me parecía bien o mal el adoctrinamiento y trato a esos estudiantes, mi respuesta fue esta: ¨Depende. ¿Qué opinan sus padres?".

Santiago Morgan es padre de familia, ingeniero y profesor de matemática.

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