Así sucede "Milagro del vino", show del Acto Central de la Vendimia
Puntual, el show “Milagro del vino nuevo”, con guion de Arístides Vargas y dirección de la experimentada Vilma Rúpolo y el talentoso puestista Federico Ortega Oliveras, comenzó a desplegarse en el Fran Romero Day.
Se trata de un espectáculo de luces y sonido que involucra a 750 artistas en los distintos escenarios: bailarines, actores, músicos y figurantes.
Así es el género vendimial: una puesta determinada de luces y sonido, esencia fundamental, que promete ser impactante, tanto por la calidad profesional, como por el bagaje técnico y tecnológico, de primer nivel.
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Según han indicado los responsables, comienza con una obertura y 12 escenas sobre el milagro que supone la elaboración del vino: viñas que florecen, vino en las bodegas y fiesta en la vendimia, rito ancestral de las mendocinas y los mendocinos.
El Acto Central de la Fiesta Nacional de la Vendimia, uno de los de mayor prestigio en el mundo, y ha cobrado vida, una vez más, en el Frank Romero Day.
Todo se inició, luego de las presentaciones de las reinas, a cargo de los locutores oficiales. Posteriormente, un apagón y una ovación dieron inicio al show. La gran sorpresa fue que la reina nacional, Mayra Tous cantó en vivo parte de la Marcha de la Vendimia.
Vamos a él...
"Milagro del vino nuevo"
La puesta se presenta como armónica, con un importante foco en el centro de la escena, donde se ubica el ensamble de músicos que ya están tocando en vivo. Tres enormes pantallas, al centro, abajo, delatan que el ámbito audiovisual será preponderante.

El primer cuadro, la obertura, apostó a la majestuosidad. El ensamble se oye sólido y potente. Se destaca, entre las voces en off, la de la inolvidable Gladys Ravalle.
Las glosas abren, la siguiente escena, el mundo de los surcos y el agua, bajo un potente malambo, el primero, ovacionado por el público. Se festeja aquí, el vino de la esperanza, con la famosa "Zamba de mi esperanza" y el escenario a pleno.
El tercer cuadro pone foco en los canales, las acequias y los surcos. Suena "Otoño en Mendoza", en la voz del Pocho Sosa, con el recuerdo vivo de Jorge Sosa en escena, priman los colores dorados, con cuadros de pintores mendocinos en las pantallas. Es tiempo de cosechar los frutos.
El cuarto cuadro nos trae la amenaza de la sequía y el rigor del Zonda. Ahora, en escena reina la desolación y, en las pantallas, se destacan cuadros en blanco y negro.

Aquí, cuadro seis, no podía faltar, la plegaria madre, a la Virgen de la Carrodilla, interpretado en modo coral, con celulares prendidos en las gradas.
Vuelve la alegría, en el cuadro siete, con cueca y participación actoral, a cargo de Rodrigo Galdeano, Adrián Sorrentino y Aníbal Villa. Los bailarines se lucen y todo es brindis. Es, hasta ahora, el cuadro más largo, con diversos ritmos musicales y especial participación de actores. Se destaca, también, la utilería menor.
Es, hasta ahora, una fiesta eminentemente folclórica, en cuanto a géneros musicales. El ensamble musical, dirigido por Mario Galván, sigue sonando sólido9, de lo mejor, junto a la puesta.

El cuadro ocho es más despojado, un viaje al sur mendocino, con paisajes oníricos, especialmente de la laguna de Llancanelo, de Malargüe, y hasta referencias a la minería del oro... Además, hay un agradecimiento a los próceres, en particular, José de San Martín.
El cuadro nueve, llega con los homenajes a las naciones de Latinoamérica. Se destaca el vestuario y la utilización de las cajas lumínicas. La Patria Grande cobra forma, a partir de los distintos palos rítmicos de los países.
Llega el turno de los jóvenes, en el cuadro diez, excusa para presentar el vino nuevo. Prima, naturalmente, la música más contemporánea, si bien el tango ocupa escenario en primer término.
Luego del tango, cuadro once, la música de los más jóvenes toma el escenario, con un llamativo, inesperado, tal vez desubicado, homenaje a Rafaella Carrá. Ahora, los racimos y los tachos se mezclan con "Jijiji", uno de los temas emblemas de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. Ya no se entiende nada.
Por cierto, el público nunca ha lucido especialmente involucrado.
Recién con el cuadro siguiente, el doce, con homenaje a nuestros muertos, sobre todo a causa de la pandemia, vendrá la primera ovación.
El último cuadro naturalmente apunta a la grandilocuencia, a la esperanza, a los que vivieron para contarlo. Vuelve el infalibre malambo y todo el mundo a escena, con algunos lugares comunes, con fragmentos del Himno y la Marcha de la Vendimia. Se cierra, con una ovación.
Otra Vendimia ha pasado, más de lo mismo, con la eficacia de siempre.

