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Mujeres wichis piden justicia por violaciones a niñas y adolescentes

A raíz de los femicidios en la comunidad, un grupo se unió para reclamar frente a los abusos constantes de los que son víctimas. Octorina Zamora, su líder, denunció la gran cantidad de hechos que muchas veces quedan impunes, si es que son investigados.

Más de 20 mujeres wichis de Salta se unieron para denunciar los abusos de los que son víctimas: la violación de niñas, adolescentes y mujeres adultas de la comunidad es completamente silenciada.

"Las violaciones son una práctica aberrante que viene pasando desde hace muchísimos años y es la herencia que tienen los criollos del ejército argentino, que también violaban en banda a las mujeres indígenas cuando se estaba haciendo la República. Hasta el día de hoy no se pudo erradicar", afirma Octorina Zamora, presidenta de la Organización Kaianteya del Pueblo Wichí y líder de esa comunidad en Salta.

La comunidad Misión Kilómetro 2 (cercana a la localidad salteña de Pluma de Pato), sobre la ruta nacional 81, le escribió una carta al ministro de Seguridad y Justicia de Salta, Abel Cornejo, para reclamar justicia y, por ende, que las mujeres de allí dejen de ser invisibilizadas. Uno de los testimonios del escrito dice: “El padre de mi niño era un hombre que vino a trabajar en la ruta. Me embaracé con 14 años, él tenía 40. Después de un tiempo se fue, me dejó sola y se fue a otra provincia. Con el tiempo también entendí que fui abusada y no lo sabía”. Otro de los relatos incluidos en la carta es el de una mujer que “trabajaba limpiando en una casa en el pueblo de Pluma, mi patrón me embarazó y nunca se hizo cargo. Nos rechaza, somos su vergüenza. Pero él continúa haciendo lo mismo a otras mujeres, a otras chicas”.

Octorina Zamora, líder wichi

Los abusos son constantes, pero no se les “da difusión, quedan en total silencio. Son terribles los casos de violaciones en grupo y las que ocurren individualmente: es algo que se da todo el tiempo", según Octorina. Esta mujer afirma también que su acceso acceso a la justicia es limitado y que la mayoría de los delitos quedan impunes.

El grupo de mujeres se manifestó, además, por el abandono de sus hijos e hijas por parte de los padres biológicos. Al respecto, Zamora dijo que "son hijos de personas que caminan impunemente por las calles del pueblo", hombres que "en su momento quisieron 'satisfacer' con nuestros cuerpos sus deseos sexuales. Se nos ríen en nuestras caras actuando con el silencio y el consentimiento de mucha gente que es indiferente a nuestro dolor, al de nuestros niños".

Iniciativa que surgió por femicidios wichi

La congregación de este grupo de mujeres se dio en el marco de los tres femicidios recientes de las comunidades wichi: el de Pamela (Julia Fernanda Flores), una niña de 12 años asesinada a mediados de enero; el de Florencia Isabel Torrez, a quien mataron a principios de marzo a los 14 años; y el de Jorgelina Reynoso, que tenía 16 años y cuyo cuerpo fue encontrado en un cementerio el fin de semana pasado.

"No dejemos que el Estado masacre nuestro futuro", el reclamo de la comunidad wichi por el femicidio de Pamela

“En el mes de enero, el infanticidio-femicidio de Pamela causó mucho estupor en la comunidad. Me convocaron para ver cómo podíamos exteriorizar lo que estaba pasando, porque no es el único caso en la zona. Desde la construcción de la ruta 81 vemos asesinatos, desapariciones y abusos de niñas”, relató Octorina. Así surgió entonces la primera asamblea general de mujeres indígenas de la ruta 81: “Nehuayie`-Na’tuyie thaka´ natsas-thutsay-manses” (acompan~emos a nuestras infancias y adolescencias).

"Quisimos exponer lo que se hace con las mujeres indígenas, cómo los criollos las utilizan solo por placer. Hicimos reuniones y surgió con firmeza la idea de buscar la identidad de sus hijos e hijas, cuyos progenitores son de pueblos aledaños pero no los reconocen, ni a los niños ni los abusos que se cometieron con sus madres", afirmó la líder wichi.

Octorina cuenta que a través de las rutas que atraviesan las comunidades indígenas llegan muchas problemáticas, “también estupefacientes. Hay casos de desapariciones de jóvenes de hace años. El genocidio continúa. Sigue con este tipo de prácticas: infanticidios, femicidios, estupefacientes, alcoholismo. Acá no hay ningún programa o proyecto que sea apuntado realmente para elevar el estatus de la juventud, de la niñez, de la vida de los pueblos indígenas”. Entre los reclamos, Zamora expresa: “Si no estamos en la agenda del Gobierno nacional (ni de los provinciales), vamos a seguir siendo víctimas de estos machos” y agrega que “parece que para el Estado es cómodo que muramos así”.

El próximo 13 de abril habrá una nueva reunión con la comunidad, con la presencia del Asesor Itinerante de la Defensa Pública de Tartagal.