Craftivism: el arte como herramienta para hacer la revolución
Craftivism es la conjunción de dos palabras en inglés, craft y activism. La primera puede traducirse al español como artesanía u oficio, y la segunda es activismo. Juntas, forman una expresión que define a un movimiento artístico muy amplio que pareciera no tener límites sino que se construye en forma original en cada creación. Las artesanías u oficios pueden ser varios, desde pintura en cerámica o en un lienzo hasta la construcción de un objeto. Los craftivistas también se manifiestan a través del tejido, el bordado o cualquier otra expresión artística que sirva para visibilizar un problema en la sociedad.
En Argentina este término es muy poco utilizado, a pesar de que muchos proyectos podrían estar incluidos en la tendencia. Una referente de esta forma de activismo es en Argentina es Gugui Cebey, diseñadora textil y profesora en la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la UBA.
Cebey estudió e investigó movimientos artísticos del exterior y así es como un día llegó a este término acuñado por Betsy Greer, autora del libro “Craftivism: El arte de craft y activismo”. Greer veía injusticias en todas partes pero eso no la desanimó, por el contrario, pensó cómo nuestros talentos pueden cambiar el mundo. Y así comenzó con este movimiento.
“Al final de la carrera empecé a trabajar en un emprendimiento propio en el que trabajaba con textil reciclado y recuperado, sobrantes de fábricas, ropa vieja... Cosas que la gente ya no quería y fueran textiles caían en mi taller”, cuenta Cebey. De esta manera, comenzó con un emprendimiento con el que seguiría por 9 años hasta que sintió la necesidad de recorrer otros campos del mundo del arte. Continuó leyendo e investigando, relacionándose con artistas del extranjero y trayendo al país todos estos conocimientos.
Cebey afirma que ahora estamos en un contexto que promueve hablar de temas como la contaminación y la sustentabilidad. “Se ve un cambio fuerte en estos últimos 10 años. Hace una década decías la palabra reciclado y la gente te decía ‘¡Uy! Qué asco’ porque pensaban que era basura orgánica. Ahora entendemos que hay una basura que es orgánica, una basura que es reciclable, y que hay incluso desechos que son reutilizables. Hay muchos más conceptos y mucha más información”, agrega.
El movimiento de craftivism encierra varios proyectos de feminismo, contaminación y proteccionismo, como el de las hermanas Margaret y Christine Wertheim, cuyo proyecto involucró tejer en crochet decenas de corales gigantes para visibilizar el problema de cómo el cambio climático afecta a la vida marina y en particular a los arrecifes de coral. No es casualidad que hayan elegido esta forma de manifestarse, sino que tiene un sentido y un propósito: “Al insistir en el valor del hecho a mano, el proyecto de Arrecifes de coral de crochet hace una declaración sobre la historia y la importancia del material trabajado en perspectivas de la supervivencia humana”, explica Cebey.
Estas prácticas como el bordado o tejido fueron consideradas por siglos como artes menores y por eso el activismo a través de estos métodos cobra tanto valor. Según Cebey, el textil “se merece un lugar prominente en el mundo del arte” justamente porque nunca lo tuvo y nunca lo tuvo porque está relacionado con lo que se considera el mundo de lo “femenino”.
Las feministas también han utilizado herramientas como el bordado para manifestar y promover sus ideas. En redes sociales muchas mujeres compartieron sus obras para el Día internacional de la mujer con mensajes de protesta.

En resumen, están siendo revalorizadas estas prácticas milenarias pero dándoles otro sentido, no como un hobby -que también puede serlo- sino, como dice Cebey, como un lenguaje para expresar y también para valorar lo que hace el otro con las manos, ya que son todos métodos que llevan mucho esfuerzo, tiempo y dedicación.


