Quién es el argentino que cuida niños refugiados ucranianos en Polonia

Quién es el argentino que cuida niños refugiados ucranianos en Polonia

Santiago López decidió dejarlo todo para irse a ayudar a niños ucranianos que fueron separados de sus padres.

Candela Orrego

Santiago López nació y creció en Lanús, tiene 27 años y vive hace 6 en Madrid, España. A principios de marzo, a días del comienzo de la guerra en Ucrania, tomó la decisión de dejar su vida atrás e instalarse en Varsovia, Polonia, para acompañar y enseñar dibujo a los niños ucranianos que fueron separados de sus padres y se encuentran refugiados.

Compartió su plan a través de sus redes sociales: “Mañana voy a empezar a distribuir amor a través del arte y creatividad con los niños ucranianos refugiados. Sigan conectados porque voy a estar compartiendo los detalles con todos ustedes. ¡Gracias por bancarme! Los amo a todos y recuerden: ellos son la razón”, expresó. 

Santiago y Clara, su compañera de viaje, llegaron a Varsovia el fin de semana con un plan concreto: generar un espacio de amor y contención para los niños ucranianos refugiados en Polonia. Para realizar esta travesía, Santiago creó Samlo Foundation, una organización que pretende conectar personas, ideas y recursos para ayudar a los chicos ucranianos bajo el lema "Semillas sobre cenizas".

“Creo que la única distancia es la indiferencia”, dice Santiago en el video que grabó para presentar su proyecto y empezar a juntar donaciones de todo tipo como alimentos, libros, lápices de colores y elementos de limpieza. A partir de esta presentación, Clara y Santiago consiguieron la ayuda necesaria para llegar a Varsovia, desde el auto hasta los hoteles para parar a descansar.  

Santiago estudió arquitectura durante tres años en la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo en la UBA. Después decidió arriesgarse y dedicarse de lleno su pasión: el dibujo y la animación. Se mudó a España hace 6 años y durante la pandemia comenzó a dar clases de dibujo a niños. Primero como un favor para una familia amiga y luego como una especie de voluntariado. Así llegó a tener a unos 100 chicos en sus talleres. 

Ahora, en Varsovia, espera poder ser útil y entregar todo su amor y tiempo a los menores refugiados. Es un apasionado del arte y sabe del poder sanador que tiene. "El propósito del arte es lavar el polvo de la vida cotidiana de nuestras almas", dice el argentino que espera poner un poco de color a la vida de niños refugiados ucranianos.  

 

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