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Los crudos testimonios de familias que sufrieron casos de bullying

La muerte de Drayke, el niño que se suicidó tras padecer bullying en la escuela, encendió el debate sobre el acoso escolar y muchas familias compartieron sus experiencias a través de las redes como forma de concientizar sobre una problemática presente en todas las instituciones.
El bullying es una de las formas de violencia entre los estudiantes que más obstaculizan el buen desarrollo del clima escolar Foto: Shutterstock
El bullying es una de las formas de violencia entre los estudiantes que más obstaculizan el buen desarrollo del clima escolar Foto: Shutterstock

El bullying es toda intimidación o agresión física, psicológica o sexual contra una persona en edad escolar en forma reiterada que causa daño, temor y/o tristeza en la víctima que lo padece. La problemática afecta a un gran número de personas a nivel mundial y casos extremos como el de Drayke  Hardman, el niño que se suicidó tras padecer bullying en la escuela, encienden las alarmas y llaman a la acción a cientos de familias que son atravesadas por este flagelo. 

Tras conocerse el caso del niño de 12 años que acabó con su vida el pasado 10 de febrero luego de sufrir acoso escolar durante más de un año por parte de un compañero de clase, cientos de familias compartieron sus experiencias a través de las redes sociales para concientizar sobre la problemática.

"Mi hija sufrió bullying y tendrá que hacer segundo grado de nuevo. Durante muchos meses fue desgarrador que se quedará en la escuela. Con todo tipo de sentimientos, intentamos que "se adaptará" pero todo apuntaba a que ella no podía", comenzó su relato una de las mamás y agregó: "Es un problema cierto y serio. No solamente porque estamos viendo los casos que terminan en muertes sino porque la vida de los niños y niñas se está afectando muchísimo en todos los aspectos".

En un primer momento, la familia pensaba que las dificultades en la adaptación se debían a que todo el primer grado lo había realizado de forma virtual, pero al ver que la situación se prolongaba a lo largo del tiempo, comenzaron a indagar y descubrieron que la niña era víctima de bullying.

"La primera parte del año la pasamos luchando para que ella pueda entrar a la escuela, lloraba y no quería quedarse, los domingos por la tarde vomitaba. Mis hijos mayores comenzaron a ver cosas en el recreo que nadie sabía, la escupían en el recreo, le tiraban el pelo y la dejaban sola. Empezó a llevarse muñequitos que desaparecían de casa, la extorsionaban para que pudiera jugar o hacer cualquier actividad con el resto del grupo", contó.

En Argentina, como en otros países participantes de PISA, los estudiantes que sufren acoso escolar (bullying) tienen un menor desempeño en pruebas de aprendizaje

La familia explicó que tardaron en tomar conocimiento de la situación ya que "el bullying no es una situación de pelea, por lo tanto es invisible, manipulador, le hace creer a la persona que es su culpa como cualquier acoso y abuso de poder".

"Según la escuela, todo lo que sucedía con mi hija era porque no se adaptaba. En las instituciones todo apunta a que tienen falta de atención o tienen problemas con el aprendizaje, todo está enfocado en que, quien tiene que esforzarse más, es quien está sufriendo la situación de bullying", destacó la mamá.

La mujer explicó que, a pesar de que pusieron en conocimiento a las autoridades, la problemática era invisibilizada por la institución a la que concurría su hija. "Recae en los niños la situación de tener que salir de eso, lo que invisibiliza aún más la problemática. Como familia caemos en eso y generamos presiones sobre los niños. La llevamos a maestras particulares porque no llegaba al aprendizaje de ciertas cosas que "debía de tener", cosa que es muy fuerte dentro de la institución. La maestra la trataba como un cachorrito de la cual no tenía nada que esperar, la tenía sentada cerca de su escritorio lo que empeoró la situación", agregó.

En relación a las medidas que tomó el establecimiento educativo al tomar conocimiento de la situación, contó: "Todo en la escuela son actas...algunas docentes dejan de mirar la situación de forma humana para hacerla solamente un procedimiento. La directora no sabía ni siquiera escribir la palabra bullying, no era un problema que tuviera presente en su cotidianeidad" y agregó: "Después de semanas, no hubo ningún abordaje, ni una estrategia, nada. Llorando llegué a otra escuela y la directora abrió las puertas. La cambiamos. Pensé que sería bueno darle tiempo a despedirse pero mi hija no quiso ni mirar atrás".

"Es muy fácil en las escuelas que las madres pasemos a ser las "madres pesadas", situación que desactiva toda acción comprometida ya que rápidamente te ponen en un lugar donde todo lo que se habla es invisibilizado. Ese discurso es sumamente simplista", reflexionó una de las madres.

"Toda su energía el año pasado estuvo puesta en sobrevivir, lo que hizo ralentizar su aprendizaje".

"Como familia todo el tiempo dudás de lo que estás haciendo...te genera impotencia que no te escuchen. Tienen que haber nuevas escuelas , este sistema es perverso con los adultos pero, con los niños que todavía no tienen las herramientas constituidas como para protegerse, es peor", agregó.

"Toda su energía el año pasado estuvo puesta en sobrevivir, lo que hizo ralentizar su aprendizaje. Más allá del compromiso que hay en la nueva escuela, sigo sintiendo que no contemplan que el bullying sea algo que haya obstruido el aprendizaje de ella...Estamos todavía enfocados en las respuestas que tiene que dar el niño o niña en relación al proceso de aprendizaje y no se tiene en cuenta que mi hija aún no sana sus heridas. No sé cuáles van a ser sus marcas porque las cosas que vivió fueron muy fuertes", dijo.

La mujer relató que luego de cambiar a su hija de escuela otros padres se comunicaron con ella para contarle que habían tomado la misma decisión por motivos similares. 

"Nos pasa que todo el tiempo, sin querer, volvemos a exigirla. El sistema nos lleva a eso pero tenemos que pensar en que primero hay que resguardar sus emociones que son el vehículo del aprendizaje. La escuela no entiende eso, no se está viendo que hay una trama muy grande en relación a cómo se debe encajar, cómo se debe ser, los niños que se burlan de alguien es porque tienen un parámetro construido por los adultos que lo rodean".

"Ella necesita recuperarse, imaginemos un año en que una mujer es violentada en un trabajo, cuánto tiempo nos llevaría recuperarnos y relacionarnos con confianza con otros"

"Ella necesita recuperarse, imaginemos un año en que una mujer es violentada en un trabajo, cuánto tiempo nos llevaría recuperarnos y relacionarnos con confianza con otros. Todo el tiempo los niños tienen que responder , quienes han pasado por eso están profundamente lastimados, tienen temores e inseguridades, es su mundo el que los ha herido. Es una situación brutal, son manifestaciones de abuso de poder que están construidas por nuestras estructuras de adultos", finalizó.

Los testimonios de las familias coinciden en un punto que genera preocupación entre quienes debaten la problemática. La situación de bullying finalizó cuando la víctima fue apartada del espacio donde era violentada y no por cambios o estrategias institucionales.

"Mi hijo sufrió maltrato en distintas escuelas desde los 4 años, no solo por parte de compañeros, sino también de maestros. Pasamos por las justificaciones más descabelladas por parte de maestros sobre las acciones de los chicos y de ellos mismos, hasta los comentarios de padres sobre “cómo vas a dejar una institución de nivel”. No sólo fue en una escuela, así que cambiamos varias veces. Hasta que llegamos a una, donde la maestra nos llamó y nos preguntó qué le pasaba a Ema... Le contamos y nos dijo “bueno, vamos a trabajar en su autoestima y en sus emociones. Cuando esté emocionalmente estable, lo académico va a fluir sin problemas”, contó un papá. 

"Yo sufrí muchísimo bullying durante la primaria y la pasé realmente mal. Era tan evidente y violenta la situación que mi viejo se dio cuenta y me cambió de escuela. Es algo que no le deseo a nadie y una experiencia que me marcó de por vida. Lo importante es darse cuenta a tiempo porque los niños siempre sienten temor de contarlo", relató otra mamá.