Efecto Pigmalión: cómo afectan las expectativas en nuestros hijos
Las expectativas tanto negativas o positivas de los padres sobre sus hijos muchas veces pueden influir en su forma de desempeñarse y comportarse. MDZ Radio conversó con la psicoanalista Constanza Bonelli sobre el efecto Pigmalión, que explica cómo las creencias de las personas pueden influencian en el rendimiento de otras.
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"El efecto Pigmalión, se refiere a que aquello que se piensa sobre un sujeto, que puede influir directamente sobre el desempeño de este. En psicología sirve para explicar que los padres o lo que los docentes en cualquier área pueden, con sus expectativas, terminar influyendo en cómo los chicos que se desempeñan, se desarrollan y los resultados que pueden obtener. Se trata de que las expectativas que tenemos sobre ellos no sólo son conscientes, sino también son inconscientes, con lo cual esto se transmite de un modo que que es difícil de detectar", afirmó.
En este sentido, este fenómeno visibiliza cuán importante es lo inconsciente de las expectativas de los adultos en el desarrollo de los niños. "Esto nosotros lo entendemos como mandatos, como la neurosis familiar, a veces para poder salir de ella es necesario muchos años de análisis ya que estas expectativas no son tan claras en el efecto", advirtió.
"Lo que yo creo sobre la otra persona determina mis acciones hacia esa persona, buenas o malas. Y estas acciones influyen en el modo en que esa persona se auto percibe bien o mal. Ese resultado va a ser que esta persona actúe hacia mí de determinada manera, corroborando o no lo que yo ya pensaba de ella. Entonces se crean circuitos positivos o negativos", dijo.
La especialista explicó que cuando nosotros creemos que la persona que tenemos en frente, quién estamos educando, va a poder, eso toca directamente el inconsciente de esa persona, reforzándolo y permitiendo actuar en sus máximas posibilidades. En cambio, cuando inconscientemente yo creo que este hijo o alumno, no va a poder, aunque yo me comporte conscientemente bien eso toca lo inconsciente y lo hace rendir en su mínimas posibilidades.
Bonelli afirmó que muchas veces damos mensajes ambivalentes en donde verbalmente decimos cosas pero en el fondo creemos que tal hijo no es bueno para esto y que otro si y eso incide en lo que ellos puedan desarrollar.
"A veces como padres no nos damos cuenta que tenemos anhelos inconscientes de que los hijos vengan a salvar determinada cosa nuestra, para no quedarme sola, o porque estoy en una crisis con mi pareja y pienso que tener un hijo me va a salvar o siento que mi vida no tiene mucho sentido y entonces creo que tener un hijo me va a darlo. Todo eso es inconsciente y tiene un peso enorme sobre el hijo que viene a la vida a cumplir ese rol. Esto es la neurosis familiar, o mandatos", dijo.
Bonelli indicó que es muy probable que en esos mandatos que ponemos sobre nuestros hijos estén incluidos los nuestros, que vienen ya de antes. "Es pretender que nuestros hijos satisfagan determinadas cosas, porque si las satisfacen, me van a permitir a mí satisfacer otras".
Finalmente la especialistas advirtió que es importante, permitirles a los hijos que descubran lo que les gusta, poder mirarlos de un modo positivo y validarlos en sus deseos en lugar de intentar llevarlos hacia los nuestros.

