Revolución de la inteligencia artificial: el desafío no es el cambio, es la velocidad
La adaptación de la inteligencia artificial ya no será en décadas, sino en tiempo real, con pensamiento crítico y regulación. Una verdadera transformación.
La historia indica que la tecnología es implacable.
Archivo.La transformación tecnológica es una constante en la humanidad. Históricamente, la irrupción de nuevas herramientas conlleva un proceso de transmutación social, a la vez que un período de adaptación. Sin embargo, el avance arrollador de la Inteligencia Artificial implica un interrogante inédito, difícil de resolver, pero no imposible: ¿qué rol le cabe a la inteligencia humana cuando la artificial parece capaz de hacerlo todo?
El cambio es un elemento intrínseco a la raza humana
Es el trabajo, entendido como una potencia transformadora, lo que nos diferencia del mecanicismo de los animales. No obstante, el desafío que plantea la inteligencia artificial no es el cambio en sí mismo, sino su velocidad. Existen dos grandes avances de la tecnología comparables con el surgimiento de la IA en tanto también revolucionaron la relación de la sociedad con la información: la imprenta y la internet. El primer caso implicó un proceso de adaptación que duró siglos, debido a los costos de producción y a un nulo nivel de alfabetización. El segundo redujo drásticamente los tiempos y se masificó en 20 años, una vez construida la infraestructura necesaria. Chat GPT, por su parte, alcanzó millones de usuarios tan solo a dos meses de su lanzamiento.
La sensación generalizada de mareo respecto al avance de la IA es lógica porque objetivamente se trata de una marcha vertiginosa. Pero la historia demuestra que oponerse a la tecnología es un error, ya que esta se impone por su propio peso. También demuestra que el rechazo es una reacción común entre quienes temen que su expertise se transforme en un commodity y pierda valor. Ante este escenario, es fundamental formular una pregunta: ¿cuál es el espíritu de la época y cuáles son sus requerimientos? El problema actual ya no parece ser la falta de información, sino la sobreinformación, que en ocasiones puede derivar en desinformación. La IA generativa cuenta con capacidad para acceder a miles de millones de datos y procesarlos en segundos. En contraparte, genera una duda creciente respecto a la legitimidad de la información que comparte. Aquí está la clave que indica hacia dónde virará el trabajo humano: El desafío ya no es encontrar la información, ni siquiera crearla desde cero. Es validarla, curarla y, fundamentalmente, realizar las preguntas correctas.
Entonces, si la imprenta nos dio siglos, internet décadas, y la IA nos está dando meses, ¿cómo se gestiona una adaptación en tiempo real? Existen tres estrategias que no se centran en frenar la tecnología, sino en gestionar su integración. La primera es avanzar hacia una regulación proactiva, que actué sobre las aplicaciones concretas de la IA y no sobre su totalidad abstracta. Claramente, no es lo mismo usar esta tecnología para transcribir textos que para realizar diagnósticos médicos. En segundo lugar, es necesario redefinir la alfabetización, que hoy debe ser entendida como un desarrollo del pensamiento crítico. El nuevo saber esencial es la capacidad de discernir, validar fuentes y detectar sesgos en los datos. Estos son los conocimientos que la educación formal debe incorporar al tiempo que abandona la memorización.
Es crucial abordar de frente la transición laboral
La ansiedad social disminuye cuando se ofrece un camino de transición, pero esto requiere una enorme inversión por parte de gobiernos y empresas. Programas de aprendizaje, mentorías y estímulos a la adaptabilidad marcan el camino.
La historia indica que la tecnología es implacable, pero la integración de la IA no debe ser traumática, sino que puede -y tiene que ser- armoniosa. Es tarea de todos trabajar en este sentido.
* Marcos Victorica, economista y CEO de BAS Storage.



