Cómo son los rituales funerarios con los que despedirán a Benedicto XVI
Fue novedosa la renuncia de Benedicto XVI en 2013, porque la Iglesia no se encontraba en una situación similar desde 1415, cuando Gregorio XII abandonó el pontificado. Ahora, con su fallecimiento, también se verá una despedida inédita y muy distinta a la triste despedida que lloró el mundo con San Juan Pablo II en 2005.
Te puede interesar
La advertencia de la DGE por un mail trucho que engaña a docentes y padres
Luego de 605 años, la Iglesia Católica despedirá a un Papa emérito. Por esto mismo, será la primera vez desde Gregorio XII que, a la muerte de un sumo pontífice, no se iniciará un cónclave para elegir al nuevo Obispo de Roma. Toda una novedad para la institución que se había acostumbrado, lógicamente, a que los líderes de la Iglesia permanecieran en el trono de Pedro hasta su fallecimiento.
En este caso, se presenta una dificultad enorme. Pasó tanto tiempo desde la última vez que se despidió un papa emérito, por lo que no hay registros sobre como proceder. Lo que vale la pena poner en contrapunto es que el papa emérito no es solo un exobispo más de la Iglesia, sino que también es un exmonarca, siendo la Ciudad del Vaticano una monarquía teocrática electiva.
También ha pasado tiempo desde aquella jornada en la que el mundo despidió entre lágrimas a San Juan Pablo II, el papa que se caracterizó por sus viajes y misiones en todo el globo, pero no tanto como para olvidar los ritos que llevan siglos en práctica. Pero, ¿cuáles son los rituales? Una vez que los médicos de la Santa Sede certifican la muerte del papa, se inicia un un raid de rituales específicos, iniciando por la comunicación entre los médicos y la casa pontificia.
Inmediatamente informada la muerte del sumo pontífice, inicia el turno de vela. En esta parte se encienden cuatro velas a los pies de la cama y se coloca agua bendita y un hisopo junto al lecho para que los prelados visitantes ofrezcan sus responsos. A la llegada del cardenal camarlengo, máxima autoridad en ausencia papal, ingresa con la Guardia Suiza para certificar la muerte de Su Santidad.
Una vez adentro de la habitación, el camarlengo se acerca al cuerpo del difunto y golpea su cabeza con un pequeño martillo tras veces y le pregunta por su nombre de pila: "Iosephus, ¿dormís?". Una vez constatado el fallecimiento, el camarlengo exclama “vere papa mortuus est” (de verdad el Papa ha muerto). Inmediatamente, se retira el anillo del pontífice y se destruye junto con el sello que corresponde al santo padre, para evitar falsificaciones.
Terminados estos ritos, el cuerpo es lavado y revestido con los atributos papales. Además, a menos que el Papa hubiera expresado lo contrario en su tiempo terrenal, se le retiran las vísceras y se depositan en urnas que se conservan en la iglesia de San Vicente y San Anastasio, frente a la Fontana di Trevi, ícono romano.
Informada la muerte del Papa, las iglesias de todo el mundo "tocan a difuntos" sus campanas. A partir de ese momento, se declaran nueve días de luto y se celebran mil misas por el descanso del fallecido heredero de Pedro.
Revestido con sus atributos papales, el cuerpo es depositado en la Capilla Sixtina para que los miembros de la Santa Sede y los diplomáticos presenten sus honores. Al día siguiente es trasladado a la Basílica de San Pedro, donde los fieles pueden rendirle homenaje. Una vez terminado el velorio, se celebra la misa de exequias, a la que suelen acudir presidentes y reyes de todo el mundo.
Terminada la celebración religiosa, el féretro, simple y sencillo, hecho de ciprés, con una cruz negra y terciopelo rojo, es llevado a su sepultura mientras el coro entona: “Libera me, Domine, de morte aeterna " (líbrame Señor de la muerte eterna). El Papa emérito, pasará la eternidad en las grutas vaticanas, donde descansaba San Juan Pablo II, hasta su canonización.
En su sepultura, el féretro de ciprés es colocado en uno de plomo que luego se ubica dentro de otro de roble. A partir de ahí, se leen los hechos más relevantes de su pontificado. Luego deposita sus en el segundo ataúd, un tubo de metal con el acta de defunción en un pergamino.
Una vez bajado el ataúd con un arnés que soporta semejante peso, el cardenal camarlengo eche tierra y dice las palabras del Génesis: “memento homo quia pulvis es et in pulverem reverteris…” (Recuerda hombre que eres polvo y en polvo te convertirás). Acto que repiten los cardenales presentes pero sin pronunciar la frase y luego se cierra la tumba con una lápida de granito, concluyendo con los ritos fúnebres.

