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Domingo de ramos... (de nervios)

El día empezó más temprano de lo habitual y no fue posible volver a conciliar el sueño. A la hora del partido los nervios ya eran dueños absolutos de la situación.

Una montaña rusa, de sensaciones y estados de ánimo. Arranqué 8.30, me levante y no pude dormir más, fui a comprar facturas, la gente en la panadería determinó que no lo hiciera. Me senté en el bar de la esquina de casa y pedí un cortado, y en la tele Francia ya estaba saliendo hacia el estadio. Arranque a las 11, con la ceremonia de cierre, ansioso, sin idea de posible resultado. Llega la hora, veo el himno, Lali entonándolo, y el estadio bien local. Ubicado en el futón, donde los mire siempre. 

Arranca, muy bien Argentina. Un Fideo Di María enchufado, llega el penal, nervios, gol, emoción y lágrimas, gracias Messi, (el que hace el primer gol, sale campeón, le dije a Trini). Sigue mostrando la Scaloneta un fútbol de selección, Y llega el merecido gol de Fideo, el de los goles importantes en los partidos claves, ese al que tanto lastimamos en algunos otros momentos. Final del primer tiempo, increíble. Saco el audio de la TV los relatores y sus estadísticas, me agotaban.

Trini, detrás, celebrando el título

Arranca el segundo tiempo, vuelvo al futón, miro, veo, disfruto, seguimos llegando, anuncian el cambio de Di María, y dije qué  joda, pero si lo hicieron era por algo. Ahí nomas, penal para Francia, Mbappé, gol, no pasó un minuto más y nuevamente ese muñeco goleador del PSG, y a sufrir, nuevamente.

Alargue, suplementarios, y quien nuevamente nos da una nueva esperanza es Leo, las palpitaciones eran muchas, nuevamente penal, y Mbappé. Todo por terminarse y Dibu, nos dio una luz de esperanza, saco la pelota que nos dejaba nuevamente a pasos de la meta. 

Matías, hijo mayor de Osvaldo.

Definición del campeón por penales, y ahí estaba el Goyco dentro del cuerpo del Dibu, como en otras instancias. Y se dio, se nos dio, a ellos jugadores de una generación, que mucho necesitaba ese título, porque se lo "Meressian", un cuerpo técnico que al verlo nos trae recuerdos de la celeste y blanca, y muchos jóvenes, que desde el 1987, esperaban entender lo que es vivir en un país futbolero, ser campeones mundiales.

Me quede en casa, mirando la entrega de medallas, premios y la copa, la intimidad de los festejos, y el pueblo en la calle, disfrutando el logro de otros que es nuestro.

Osvaldo junto a Gabriela, la madre de sus hijos.

Gracias por darle esa alegría a mis hijos, sobrinos, ahijados y a todos los que deseamos ser simplemente felices.

* Osvaldo Cícero.