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Messi, la humildad de un genio y un equipo campeón que contagió

Lionel Messi está en la cumbre mundial, pero se mantiene humilde y sonriente. La Selección argentina contagió una energía difícil de hallar.

En la cima del mundo, líder del equipo campeón, elegido mejor jugador y ya entronado probablemente como el mejor futbolista de la historia. Lionel Messi logró todo y con una épica espectacular. Pero lejos de excentricidades, el hombre bajito se sentó en el podio, rodeado por su familia para ser feliz a su manera: sonrisas, besos, fotos; una paz enorme. En su sonrisa estaban las de los niños que nacieron en su época y lo transformaron en ídolo, que soñaron con su camiseta.

Messi abrazaba a sus hijos, sonriente y simple. Barack Obama dijo cuando ganó el Premio Nóbel de la Paz que su hija Sasha lo había puesto en eje en medio de tanta supuesta “gloria”. Era el hombre más poderoso del mundo, había ganado el premio más prestigioso y su hija lo había despertado con la noticia; con la noticia de que era el cumpleaños de Bo, su perro. "Los niños siempre te ayudan a ver las cosas en perspectiva". El líder de la Selección argentina parece mirar todo en perspectiva, sin sobresaltos; aún cuando debe ser el triunfo más festejado por personas de otra nacionalidad. En Argentina, en Cataluña, en casi todo España, en Estados Unidos, en Cuba.

Lionel Scaloni y un liderazgo positivo desde la humildad. 

Los que saben de fútbol podrán explicar que la Selección nacional hizo el partido perfecto. Bello, inteligente, práctico, sacrificado; honesto. Pero para que haya drama, Francia empató dos veces, hubo penales y, antes, un camino por la cornisa del “fracaso” deportivo, cuando el arquero estiró el pie y salvó la película. Pero hay cosas que trascienden.

Un país como un puño apretado gritando por Argentina

El éxtasis que se siente en las calles no tiene que ver solo con el triunfo deportivo, sino con la forma en la que se construyó. Con el grito atragantado de 36 años, también con alguna sensación de justicia porque sí, en esto Argentina hoy es el mejor. Aparecen, además, señales de un liderazgo que sobresale en lo deportivo. Es la conducción de dos “lioneles”. Messi, desde la virtud deportiva, y Scaloni, desde la inteligencia y la humildad. Rescatando los valores del sacrificio, de la resiliencia, de la superación, del mérito y el esfuerzo.

Una masa de gente en los festejos.

La energía que el equipo emanó sirvió de blindaje impenetrable también para quienes suelen aprovechar éxitos ajenos para apropiárselos. Por eso es, probablemente, la selección menos política de los últimos años; justo en uno de los momentos de mayor tensión en ese plano.

Niños sobre los hombres de sus padres, familias enteras, bocinas que no molestan. Ruido de alegría y abrazos entre desconocidos. Todo celeste y blanco, alegrías que perduran. Gritos que se prepararon desde días antes.

Hubo ayuno largo en Argentina a la espera del partido; porque algunos no querían almorzar por los nervios, otros no pudieron porque el partido se estiró más de la cuenta. Pausa por los nervios. Alargue injusto, pero con algo de morbo para que dure más.  Millones de personas en cada pueblo del país salieron a la calle.  Ahora hay cuatro años para disfrutar. Hay realidades que no cambian, pero la sonrisa que tenía Messi en el podio es la misma que comparten hoy todos los argentinos y nadie la puede quitar.