Torpeza de la política para sumarse a la ola del mundial

Torpeza de la política para sumarse a la ola del mundial

“Después seguimos con la inflación, pero primero que gane Argentina”, dijo la ministra de Trabajo Kelly Olmos y luego pidió disculpas, y el presidente Alberto Fernández la siguió, no te pierdas este buen análisis de nuestro columnista, Damián Fernández Pedemonte.

Damián Fernández Pedemonte

Damián Fernández Pedemonte

Alberto Fernández pareció no tomar en cuenta este pedido de disculpas de su ministra, sino que más bien reforzó su opinión original. “Lo que debemos pensar ahora los argentinos es ver cómo ganamos, con Messi, el mundial”, dijo el Presidente desde París, consultado por la copa del mundo que se disputará en Qatar a partir del domingo 20 de noviembre. Estábamos terminando de digerir estas declaraciones cuando el Indec publicó el índice de precios al consumidor, que aumentó un 6,3% en octubre y acumuló un alza del 76,6% en el año. De acuerdo con la encuesta de satisfacción política y opinión pública de la Universidad de San Andrés, la inflación es el principal problema tanto para los votantes del Frente de Todos (en un 58%), como para los votantes de Juntos por el Cambio (en un 63%).

Casi simultáneamente Mauricio Macri opinó en TN sobre las chances de los competidores de Argentina en el mundial: “Obviamente que está Brasil, con un Neymar que está mucho mejor, porque antes era una especie de traba para el equipo, porque no jugaba en equipo. Portugal tiene muy buenos jugadores, Francia tiene muy buenos jugadores y es el último campeón, y a Alemania nunca se la puede descartar porque… raza superior, siempre juegan hasta el final”. Al día siguiente, llegaron las consabidas disculpas: “Ayer, hablando del mundial y obviamente refiriéndome a las habilidades futbolísticas indiscutibles de Alemania tuve una frase desacertada que remite a las peores pesadillas de la humanidad, por lo que quiero aclararlo y ofrecer mis disculpas”.

Presidente Alberto Fernández y su ministra de trabajo Kelly Olmos

En uno y otro caso los medios destacaron estas frases -más una que otra, según el medio-, que circularon también por todas las redes sociales. Primero porque se convirtieron en titulares de publicaciones de los medios en Twitter o en citas textuales en placas de los medios en Instagram. Hoy la potencial viralización de una frase es un criterio de noticiabilidad en el circuito transmedia. Algo que los políticos bien podrían usar positivamente, pronunciando frases-marco fáciles de llevar a titulares, tuits o placas. Del otro lado, pero casi simultáneamente, las audiencias consideran que están informadas cuando reciben solo las frases-titulares varias veces en sus redes sociales y responden a ellas comentando en forma sarcástica o furibunda, o produciendo memes.

Por ejemplo, una cuenta de Twitter inventó otra frase igualmente cruel como si hubiese sido dicha por Macri: “La delantera de Japón es una bomba atómica”. (Hubo más declaraciones escandalosas. El gobernador de Formosa Gildo Insfrán respondió a una crítica de Maria Eugenia Vidal al retraso, según ella, de la provincia, en estos términos: “El atraso de ella debe ser mental”. ¿No sería ese un ejemplo de discurso de odio contra la mujer política? Del otro lado, Luis Juez afirmó que "ningún argentino puede decir que la democracia le mejoró la vida". ¿Cómo se puede sostener semejante idea cuando gran parte de la población acaba de rememorar con la película Argentina 1985 el juicio a las juntas militares por los crímenes cometidos durante la dictadura?)

No hace falta acudir a intenciones perversas, de manipulación de la opinión pública para avanzar en un plan de ajuste cuando esta está distraída con el mundial, en el caso del presidente, o de nazismo inconsciente, en el caso del líder de Cambiemos. Más bien se trata de una desconsideración del público, de una pérdida del hábito de ver los sufrimientos y las ilusiones de la gente desde la perspectiva del otro. Macri y Fernández se parecen en la poca importancia que le asignan al diseño de una estrategia de comunicación basada en la previa escucha de la ciudadanía. Los medios, las marcas, el entretenimiento, todo está copado por el mundial. Que también interfiere el ritmo de las empresas, de la educación, de la cultura, en un momento de año insólito. Es lógico que también la política busque sumarse a esa ola. Sin embargo, subestima lo que el fútbol representa para los sectores populares: una fiesta que no debe ser invadida por la política, un paréntesis de la dura realidad, que de ninguna manera hace olvidar de los
problemas que la política debería resolver.

El gesto de Macri es el del experto en fútbol que busca congraciarse con los fans. Pero el exceso de autoconfianza relaja su auto control de su comunicación pública. Justo cuando quiere posicionarse como quien va a definir el partido de las elecciones presidenciales del año que viene, su torpeza discursiva nos devuelve el recuerdo del presidente inhábil para aprovechar su oportunidad cuando la tuvo. El presidente cree interpretar el sentido popular al priorizar el triunfo de la selección por sobre la crisis económica, pero con cada intervención pública de este tipo lesiona más su credibilidad y su liderazgo. Ambos comparten, también,
una autopercepción positiva que, de acuerdo con los sondeos de imagen, no es compartida por la mayor parte de la población (Macri: 59, 3% de imagen negativa, Alberto: 71% de imagen negativa, según el último informe nacional de Zuban, Córdoba y asociados).

Es verdad que todo pasa muy rápido en el acelerado mundo transmedia. Y que el mismo mundial nos va hacer olvidar del torpe esfuerzo de los políticos por sumarse a la ola del mundial. Pero, cuidado, también los medios tienen la capacidad de recuperar estas frases que van a parar al archivo y reactivarlas en cada nueva intervención pública desatinada. Y, además, es muy probable que vuelvan a desacertar muchas veces en los próximos meses. Ya es tarde para que empiecen a considerar con más respeto a la comunicación con los públicos. La lección es más bien para los que vienen detrás.

* Damián Fernández Pedemonte, Director de la Escuela de Posgrados en Comunicación.

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