Patria y Fútbol: soberanía, bandera y camiseta
“Vamos, vamos Argentina / Vamos, vamos a ganar /que esta barra quilombera /no te deja, no te deja de alentar”. Puro tablón.
“Ooooohhhh / Oooohh”. Nos sumamos a la nueva forma de cantar el himno que, indefectiblemente, terminará en un estruendoso: “Vamos Argentina, carajo”.
Rezo laico que aturdirá las plazas. Aplausos; una lágrima. La carita redonda de esa nenita que en cada cachete mostrará una banderita pintada en azul y que mira con asombro como por primera vez en mucho tiempo la familia sale junta como si fuera un acto escolar o aquel velorio de la tía. Todo pasa. “El que no salta es un inglés /el que no salta es un inglés”, será infaltable.
Empieza el mundial de fútbol. Juega la argentina.
El fútbol y la patria pegaditos con engrudo, como el volantín que nos hacía “el nono” caminarán apasionados y juntos nuevamente por un mes. Y ahí aparece, una vez más, ese “atroz encanto de ser argentino”. Hoy 20 de noviembre también se conmemora en Argentina el Día de la Soberanía. Que semanita nos espera. Por esas cosas, mañana lunes será feriado y el martes juega el equipo nacional. Las horas se harán tensan y mostrarán una vez que somos mucho más hinchas (fanáticos) de la camiseta argentina que de la Bandera Argentina.
Un cachito de historia: ¿contra quién nos enfrentamos?
Pero como para entrar en tema sobre el Día de la Soberanía y ubicarnos en aquel contexto histórico de 1845 haré una mínima corrección futbolera para no desentonar con el evento mundialista que también me conmueve. El cantito debería ser: “El que no salta es un inglés y también un francés / el que no salta es un inglés y también un francés”, porque en ese medio tiempo del siglo XIX, y desde hacía varios años, los conflictos diplomáticos con Francia e Inglaterra estaban a la orden del día.
Algunos más fundamentalistas todavía también podrían agregar: “El que no salta es un inglés, un francés, un uruguayo y un correntino”. Yo, en esa no me prendo. Aunque también del otro lado podría cantar: “El que no salta es un rosista”.

Volviendo al recato, recordaremos que el primer conflicto con Francia había ocurrido en 1838 cuando una escuadra francesa llegó a estas tierras para bloquear el puerto de Buenos Aires y todo el litoral del Río de la Plata y así, en octubre de ese mismo año, ocupar la Isla Martín García. Todos estos enfrentamientos (a los que se sumaba la guerra de Buenos Aires contra Montevideo y Corrientes) estaban teñidos por las intestinas luchas civiles entre unitarios y federales. En octubre de 1840, las negociaciones llegaron a buen puerto con la firma de una convención (acuerdo) entre la nación europea y el gobierno de Rosas, pero se mantenía abierta la guerra con Uruguay.
No tardará Rosas en recibir un ultimátum para que pusiera fin a la guerra con Uruguay y permitiera la libre navegación de los ríos a los extranjeros. Ante la negativa de Rosas comenzó el bloqueo anglo - francés. Era noviembre de 1845 y las fuerzas enemigas se dispusieron a remontar el río Paraná. Rosas ordenó que se cortara el paso a las naves extranjeras y, dando cumplimiento, el 20 de noviembre Lucio N. Mansilla preparó el escenario haciéndose cargo de la defensa. La batalla tuvo lugar en la Vuelta de Obligado del Río Paraná.
Ahí sí aparece el verdadero sentido de patria y soberanía. Y hasta con distintas visiones de los hechos por los distintos sectores internos debemos reconocer que aquellos contendientes si eran fanáticos de la Argentina. Me refiero a rosistas y unitarios.
“¡Vedlos, camaradas, allí los tenéis! Considerad el tamaño del insulto que vienen haciendo a la soberanía de nuestra Patria, al navegar las aguas de un río que corre por el territorio de nuestra República, sin más título que la fuerza con que se creen poderosos. ¡Pero se engañan esos miserables, aquí no lo serán! Tremole el pabellón azul y blanco y muramos todos antes que verlo bajar de donde flamea”, arengaba Lucio N. Mansilla a las tropas previo al combate. Se venía un partido bravo.
En la Vuelta de Obligado
El río se hace angosto. Gira y dibuja un recodo. Se encapricha en el terreno. Da una vuelta. Es la Vuelta de Obligado. Y en ese rincón del Río Paraná, en lo que hoy es precisamente la localidad de Obligado perteneciente al partido de San Pedro (Buenos Aires) se produjo el 20 de noviembre de 1845 la batalla conocida como Vuelta de Obligado.
El fallecido Miguel Brascó (1926 – 2014), poeta, periodista, escritor, abogado y especialista en vinos, escribió junto a Alberto Merlo refiriéndose a la contienda un “triunfo” (danza de estilo musical folclórico, preponderantemente pampeana): “La Vuelta de Obligado” con un claro perfil anticolonialista: “Que lo tiro a los gringos / ‘Hijuna’ y gran siete / navegar tantos mares / venirse al cuete / que digo venirse al cuete”.

Los hechos dirán que el 20 de noviembre de 1845 siendo el general Juan Manuel de Rosas responsable máximo del territorio nacional tuvo lugar el enfrentamiento con fuerzas anglo - francesas conocido como la Vuelta de Obligado.
Sintetizando. Al intentar avanzar varios buques de guerra europeos, las fuerzas argentinas cortaron el río cruzando gruesas cadenas a lo ancho del cauce comenzando de inmediato el ataque. Las bajas de las tropas nacionales fueron diez veces mayores y la alianza anglo - francesa logró avanzar cortando las cadenas. Terminamos perdiendo esa batalla.
Esta batalla (pese a ser una derrota ) ayudó militar y diplomáticamente a la Confederación Argentina. Implícitamente la resistencia opuesta por el gobierno argentino y los altos costo que demandaban las operaciones para ingleses y franceses los obligó a aceptar la soberanía argentina sobre los ríos interiores.
Gran Bretaña con el Tratado Arana - Southern de 1847 concluyó definitivamente este conflicto y en marzo de ese año ordenó el retiro de su flota. Francia tardó un año más hasta la firma del Tratado Arana - Lepredour. Estos tratados reconocían la navegación del río Paraná como una navegación interna de la Confederación Argentina y sujeta solamente a sus leyes y reglamentos, lo mismo que la del río Uruguay en común con el Estado Oriental.
Aquella jornada desde entonces se recuerda como un acto de defensa de la integridad territorial. Fue declarada por Ley 20.770 de septiembre de 1974 Día de la Soberanía Nacional.
Fútbol y patria
Dentro de cuatro años esa nenita entenderá mejor algunas cosas, y si todavía no se fue del país o de su pueblo, probablemente vaya también a la plaza. ¿Qué va a hacer sola en su casa? Según Pablo Alabarces, precisamente en “Fútbol y patria” (Prometeo. 2002. B.A.) sostiene: “El fútbol y la patria siempre actuaron como una máquina cultural y como un fuerte operador de la nacionalidad, como constructor de narrativas pregonantes”. También Alabarces evocando un trabajo anterior de Beatriz Sarlo afirma: “El fútbol cumple una función de relevo respecto de las mitologías e instituciones que habían construido históricamente una identidad nacional argentina llena de provisoriedad e inestabilidad”. Y continúa: “El fútbol nos traslada a una sociedad imaginada”. Como el volantín que hacía “el nono” (pegado con engrudo) y como esa nenita que sin ser para nada culpable recordará el Día de la Soberanía solo porque es feriado.


