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Un gran acto revolucionario, el matrimonio

Hoy en día hay que tener un gran coraje para dar un paso tan importante y convertirse en un revolucionario. Y si bien se pueden venir a la mente muchas proezas que parecen tan distantes y lejanas hoy me propongo escribir unas breves líneas sobre algo más cercano, el matrimonio.

El matrimonio, base de la familia, no solo evoca una elección sino que invita e interpela a pensar sobre una frase demasiado profunda para estos tiempos: “Toda la vida”. Si bien hay una corriente, o muchas personas, que no lo creen de esta manera, hay
muchas otras que sí, y rara vez son escuchadas o tenidas en cuenta a la hora de pensar, por ejemplo, políticas públicas destinadas a la familia.

El tema del amor es tan efímero en estos tiempos, y las ofertas tan rápidas, que hacen que la posibilidad de pensar en un amor que prioriza a la otra persona, que se funda, crece con el otro y que ama sin condición parece que no existe.

Hace poco vi una serie en una plataforma muy conocida que despertó toda mi curiosidad. Un vínculo para toda la vida hasta que la muerte los separe. Acompañar con amor, soportar en las tribulaciones y empujar en las tormentas.

Y pensé: ¿qué es lo que tanto me llama la atención? Es que no estamos acostumbrados a que los medios de comunicación muestren esta parte de lo que vive tanta gente común, corriente y a pie.

Por eso escribo sobre esto, porque existe, porque es cotidiano, porque el buen amor se busca, existe y se encuentra. Se elige y se transmite en una familia y en una comunidad.

Porque somos muchos los que creemos en el matrimonio como una alta forma de amor y porque debería ser contemplado mucho más a la hora de legitimar una forma de vivir y morir.

Una sociedad representada en todas sus formas es una verdadera inclusión.

* María Cecilia Bordón, licenciada en Ciencias Políticas