La contundente postura de los pueblos indígenas: "La ofrenda del niño no es un trofeo de nadie"
Mientras que desde diferentes ámbitos se busca arribar al consenso para determinar el futuro que se le dará a la ofrenda inca conocida como "Niño del Aconcagua", diferentes voces se suman a aportar sus conocimientos y posturas acerca de los aspectos que son prioritarios tener en cuenta para restituir la pieza y avanzar en un proceso de restitución y reparación histórica hacia las comunidades originarias del país.
Ahora, cuando el Gobierno ya anunció su intención de responder a esta demanda la polémica está instalada, pues uno de los interrogantes a responder es si en realidad el fardo funerario seguirá siendo conservado como un "tesoro" patrimonial y científico o si se decidirá dejar el cuerpo descansar bajo tierra en la zona cordillerana con una cripta en la que se detalle su valor desde el punto de vista histórico y cultural para el país y el mundo.
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El proyecto es analizado desde distintas dimensiones: mientras que en el ámbito académico y científico apuntan a que el cuerpo del "Niño del Aconcagua" es un bien patrimonial de toda la sociedad y, por lo tanto, en el proceso debe estar garantizada su adecuada conservación y democratización a la hora de acceder a su simbología, los integrantes de pueblos originarios aseguran que el pedido para que se realice la restitución del cuerpo a la cordillera de Los Andes, conforme a lo establecido en los rituales ancestrales incas, ya viene de muchos años.
Lo cierto es que el cuerpo del pequeño de ocho años que fue hallado a 5.400 metros de altura el 8 de enero de 1985 en el cerro Pirámide (contrafuerte del Aconcagua) estaba integrado en el circuito conocido como Camino de Inca o Qhapaq Ñan (Camino Principal en lengua quecha o "Camino de los Justos", declarado Patrimonio de la Humanidad el 21 de junio de 2014 por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco).
Despojados de todo
Graciela Coz, es representante de la comunidad Huarpe Andina Yague Xumek y miembro de la organización Martina Chapanay, conformada por los pueblos Huarpe, Coya, Aimará y Guaraní. Además, forma parte de la mesa provincial que se ha convocado para avanzar en el proyecto de restitución y reparación histórica, tal como lo establece la Ley Nacional N°25.517 del año 2001. "En diferentes oportunidades se cursaron notas a las distintas gestiones gubernamentales sin obtener respuesta alguna. La ofrenda del niño encontrada en el año 1985, denominada también Capac Cocha, se encuentra en el camino del Capac Ñac, o sistema vial andino. En ese marco, se ha conformado una mesa indígena a la que se siguen sumando más comunidades y se está trabajando con la gestión de Patrimonio de la provincia", indicó Coz y detalló que a lo largo de la historia y a partir de la conquista de América "fuimos despojados de nuestros territorio, de nuestra cosmovisión, de nuestros lugares sagrados y de nuestra cultura", destaca la representante de su comunidad Huarpe y aclara que durante todo los procesos de matanza contra los pueblos indígenas, "fuimos considerados seres sin alma".
Cos fue más allá al profundizar que "exigimos a las pocas personas que no están de acuerdo con la restitución, que reflexionen. Es urgente y fundamental que la ofrenda no siga siendo trofeo de nadie". Asimismo, Coz destacó que ya se realizaron todos los estudios genéticos e investigaciones necesarias desde el punto de vista arqueológico y que ahora es momento de que el niño vuelva al territorio del Aconcagua.
"Que no sea un capricho seguir teniendo la ofrenda del niño en un freezer. Ya se han hecho 22 restituciones en el país de restos humanos a sus comunidades de origen", aseguró Coz.
Democratizar el acceso
Actualmente, el fardo funerario (qhapa cocha) del "Niño del Aconcagua" (mallqi ) se encuentra alojado en las instalaciones del Instituto Nacional de Instituto de Ciencias Ambientales y Humanas (Incihusa), custodiado desde hace 37 años por equipos de científicos especializados. Justamente, desde esta área han solicitado ser consultados a cerca del posible traslado, entendiendo la importancia de que las acciones a llevar adelante se realicen de manera conjunta y responsable, con el debido conocimiento científico, de manera que la pieza no se dañe ni deteriore.
Entre las posturas que hasta ahora se dieron a conocer desde esa perspectiva es que en el caso de que el cuerpo sea trasladado a la cordillera, eso implicaría un complejo operativo de traslado, conservación y cuidados en condiciones adecuadas de temperatura y humedad. Un aspecto que a miles de kilómetros de altura sería casi imposible de concretar. "Una vía posible puede ser la no exhibición del cuerpo pero sí su conservación y exposición del ajuar en un sitio al que las personas puedan llegar porque se trata de un patrimonial de toda la sociedad", destacaron.
Por su parte, Coz sostuvo que las comunidades originarias están de acuerdo con el hecho de que la pieza vuelva a territorio. "No necesariamente tiene que ser el mismo lugar, sino en un sitio que sea óptimo para dar lugar a la reflexión", dijo sobre la posibilidad de crear un espacio sagrado en la montaña, ya que "la cordillera de Los Andes es la columna vertebral del Abya Yala".
Hallazgo histórico
El 8 de enero de 1985, un grupo integrado por cinco andinistas que se trasladaban por un sendero del cerro Pirámide (contrafuerte del Aconcagua) a 5.400 metros de altura, hallaron un pequeño sendero rodeado con pircas. En su interior, encontraron restos de plumas de colores y un cráneo que sobresalía. Al dar cuenta del hallazgo a la comunidad científica de Mendoza, se llevó adelante un nuevo ascenso para desenterrar el cuerpo, que estaba en estado de conservación como consecuencia de las bajas temperaturas. Estaba envuelto en varias capas de mantas de hilo bordadas, con motivos típicos de la zona del Perú. Durante la expedición, los arqueólogos que participaron de la tarea, en conjunto con el equipo de andinistas, hallaron un ajuar y cinco estatuillas; algunas con forma humana y otras de animal.
Una vez en las instalaciones del Incihusa (área dependiente del Conicet), los equipos de expertos arribaron a varias conclusiones que hoy son la prueba del predominio del Imperio Inca a lo largo de siglos en América del Sur. Se comprobó, por ejemplo, que el cuerpo hallado congelado es el de un niño de ocho años, que había sido sacrificado en el marco de los rituales practicados por los ancestros incas. Entienden los expertos, que estas ceremonias no eran frecuentes y que de hecho, eran una especie de propaganda política y militar por parte del Estado Inca. Ese punto explica que en realidad, el cuerpo del "Niño del Aconcagua" pertenece a un pueblo que había sido sojuzgado por el imperio dominante antes de la conquista de América por parte de Europa.
De acuerdo a los estudios en el genoma practicados a través de muestras extraídas del cuerpo, científicos internacionales concluyeron que el linaje del niño se corresponde con un pueblo que ya no existe.