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Un día de libertad para los jóvenes de las cárceles mendocinas

Este viernes tuvo lugar la tercera edición del torneo nacional de freestyle realizado en contexto de encierro. Miembros de organizaciones civiles y del Servicio Penitenciario Provincial estuvieron presentes junto a artistas de la cultura hip-hop y jóvenes privados de la libertad.
Parte del grupo de competidores del Torneo de Freestyle que se llevó a cabo en el penal San Felipe Foto: ALF PONCE MERCADO / MDZ
Parte del grupo de competidores del Torneo de Freestyle que se llevó a cabo en el penal San Felipe Foto: ALF PONCE MERCADO / MDZ

El transcurrir de los días entre los muros se trasforma en una odisea para los jóvenes que se encuentran privados de la libertad en las cárceles mendocinas. Las manifestaciones artísticas suelen oficiar como vía de escape y encuentro hacia un mundo donde todo es posible, con barreras que desaparecen ante la posibilidad de comunicar lo que acontece en lo profundo del ser, sentimientos que toman protagonismo y se transforman en un hecho artístico.

Sin lugar a dudas, la libertad es el bien más preciado que tienen los seres humanos, pero debido a diversas circunstancias, miles de jóvenes hoy no pueden hacer uso de ella y encuentran en el arte la posibilidad de derribar las fronteras impuestas por los muros de la penitenciaría donde transcurren sus días y noches. 

Hoy es un día especial en la Unidad Penitenciaria Nº VI de Jóvenes Adultos, más conocida como penal San Felipe. La ansiedad comienza a tomar protagonismo ante una jornada que promete dejar de lado los límites espaciales impuestos para dar paso a un sinfín de propuestas, viajes y experiencias a través del hip hop. 

El patio de tierra se viste de colores a partir de la presencia de grafiteros que muestran su arte, la música de fondo oficia de anfitriona de decenas de muchachos que vienen a participar de una tarde para la que se prepararon durante todo un año. Son cinco los gazebos que servirán de refugio para una jornada de calor, música e historias.

Artistas urbanos fueron parte del torneo de freestyle realizado en San Felipe

Mientras los organizadores preparan el ring donde se llevarán a cabo las batallas, un grupo de participantes arenga a otros que de repente tienen pánico escénico, quizás por la presencia de un público no habitual o la sensación de felicidad, algo contradictoria que genera la llegada de ese momento tan esperado.

Joaquín tiene 22 años, desde el 2019 cumple una condena por robo en San Felipe. Al igual que otros jóvenes, hoy será el protagonista de duelos de canciones; el rap como forma de expresión artística será el canal para la expresión de vivencias, sueños, miedos y anhelos de libertad. Ante la mirada atenta de sus compañeros y otros presos que vinieron del penal Almafuerte a competir, comienza su relato que está cargado de emotividad y un dejo de nostalgia por los errores cometidos que lo llevaron a estar hoy en este lugar.

Jóvenes privados de su libertad junto a competidores de Mendoza, Córdoba y San Luis, en una jornada llena de rap

"En el primer torneo no pude participar porque estaba afuera pero después, por errores cometidos, me tocó volver. Siempre hablo de mi familia, lo vivido y aprendido. El rap sale de uno y es una posibilidad muy grande para nosotros de expresarnos. Afuera todos piensan que salimos peor. pero gracias a Dios los que estamos acá nos ayudamos para salir adelante y para que la gente sepa que no somos malas personas por un error que cometimos", dijo Joaquín, y agregó: "Esta actividad me mostró otras formas de salir adelante, no solamente tirándome abajo. Me refugio en el rap para salir adelante, ya que permite contar lo que llevás adentro, es la vida cotidiana, y en mi caso era la contención que necesitaba", señaló este interno, mientras sus compañeros asentían con la cabeza esperando el turno para poder expresarse.

Gonzalo lleva dos años participando de los talleres que se realizan en la cárcel, y en su rostro está presente la emoción al ver que se concreta ese momento por el que tanto esperó junto a sus compañeros. "Este torneo significa algo muy importante para nosotros, es muy fuerte y más en un contexto de encierro. Venimos practicando, entrenando y nos ayudamos entre todos los muchachos. Aprendí freestyle en la calle cuando estaba en libertad y ahora me sumé con ellos. Es una forma de encontrar la libertad".

La batalla de hip hop tiene como marco un ring donde los participantes "pelean" a través de sus rimas

Leíto empezó hace tres meses en los talleres de cultura que se realizan en la penitenciaría. A pesar del corto tiempo que lleva realizando la actividad, al igual que los demás, encontró un lugar seguro donde expresarse. "Contamos nuestra vida a través de las rimas, podemos expresar lo que nos pasa y los sueños que tenemos", dijo.

En el caso de Enzo, su participación en el concurso fue gracias a sus amigos, que al ver el talento que tiene para el rap, no dudaron en inscribirlo. "Me gusta rapear porque creo que tengo estilo, me inscribieron mis compañeros, porque dicen que seguro lo gano", contó ante las risas cómplices del grupo.

Arriba del ring no hay límites ni censura

Las batallas que tienen lugar en el ring son el resultado de procesos internos de cada uno de los contrincantes. Desnudar el alma y expresar lo vivido a través de las rimas es una muestra de coraje, y quizás una oportunidad para derribar los muros que los separan del exterior.

Detalles del evento

"Ellos mismos sacaron su arte y saben que esto los puede llevar a afuera. El arte salva vidas, hay que hacerlo en los lugares donde más se necesita", dijo Luna, una de las responsables del taller de hip hop que se realiza en los penales de la provincia de Mendoza.

El torneo D-Rimando Muros surge como una construcción colectiva entre las organizaciones civiles que participan voluntariamente en la tarea de resocialización y el Servicio Penitenciario. Consiste en una competencia de rimas con grupos integrados por jóvenes artistas de la cultura hip-hop del medio mendocino y los presos de la unidad penal que participan del taller de freestyle.

Los objetivos de los talleres son facilitar y promover la comunicación, mejorar las relaciones interpersonales, el aprendizaje, el movimiento y manejo corporal, la expresión y la organización. En conjunto con otros, que se desarrollan interdisciplinariamente, contribuyen a la construcción de la personalidad, fortalecen la autoestima, la planificación y proyección a futuro de los jóvenes en un proyecto de vida.