Presenta:

“Señores jueces, Nunca Más”

Se callaron los relatos y a través de una pantalla, de repente, la Verdad se hizo presente.
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Los años 1984 y 1985 no fueron años fáciles, acabábamos de recuperar la democracia y un joven presidente decidió cumplir su palabra: “Paredón no, Justicia”. Veníamos de años difíciles, la triple A, la guerrilla, la represión, los desaparecidos, la guerra de
Malvinas. El poder militar seguía intacto, solo por la derrota de Malvinas se vieron obligados a entregar el mando. Antes de irse el Gral. Bignone dictó una vergonzosa Ley de Auto Amnistía. Si las elecciones del ’83 las hubiera ganado Italo Luder, otro hubiera sido el cantar, ya que él había sido firmante del Decreto 2770/75 que indicaba “aniquilar la subversión”.

Pero ganó Raül Alfonsín y con él una esperanza joven para esa Argentina doliente que venía de años de desencuentro, de golpes de estado, de gobiernos de facto y de comunicados militares. Eran tiempos en que los delitos que cometían militares o eclesiásticos no eran juzgados por tribunales civiles sino por tribunales especiales constituidos ad hoc. Alfonsín espero un tiempo para darles la oportunidad que se auto juzgaran por los crímenes cometidos durante la dictadura más feroz que conoció nuestra historia. Transcurrió más de medio año sin noticias al respecto, por lo que el presidente entendió que era tiempo de aplicar el Código penal y que actuará la justicia civil juzgándolos sin fueros especiales, por los aberrantes delitos cometidos.

EL FIscal Julio Cesar Strassera y a su lado el Doctor Luis Moreno Ocampo

Tuve el duro privilegio de ser testigo presencial en el juicio a las juntas. No fue en paz, hubo amenazas de bombas al palacio de Justicia, y amenazas personales a los fiscales. Nada detuvo al juicio más importante de la historia. Los testimonios eran desgarradores, costaba entender tanta crueldad de un ser humano hacia otro.

La fiscalía en escasos meses, con muchísima dedicación, equipo y “animus investigandi” había podido reunir suficiente prueba. El alegato del fiscal fue contundente, el fallo condenatorio ejemplar. En las gradas los familiares lloraban, gritaban; los condenados los observaban con una mirada fría, calculada, como registrándolos. Argentina se transformó en un faro para el mundo en derechos humanos, gracias a la valentía de un grupo de hombres y mujeres, que con sus testimonios, sus investigaciones y sus decisiones, pusieron fin a la historia más perversa que atravesó nuestro país.

Jorge Videla y Reynaldo Bignone

Claro que no me olvido lo que fueron los años de guerrilla armada en las calles, los atentados, los secuestros, la muerte del capitán Viola y su hija de 3 años, Paula Lambruschini que iba a mi colegio, y tanto otros muertos civiles y uniformados, que uno por la frecuencia de los mismos iba perdiendo el asombro y casi tendía a naturalizarlos. Los autores de estos hechos repudiables, no tuvieron la oportunidad de un juicio justo, fueron torturados, asesinados o desaparecidos.

De ahí la importancia del Juicio a las Juntas. De ahí la importancia de un presidente de una incipiente democracia, que con valor tomó la decisión de someter a la justicia la valoración de las conductas desarrolladas en la lucha contra la subversión. La película Argentina 1985, muestra eso. Un país que bailaba todavía al ritmo de las marchas militares, donde no era fácil enfrentarlos porque mantenían el poder que les daban las armas y los sótanos del poder. No es lo mismo ya en 2004 con un poder militar debilitado, mandar a descolgar los cuadros de los dictadores Jorge Rafael Videla y Reynaldo Bignone, de las  galerías del Colegio Militar de El Palomar y apropiarse con eso de la lucha por los DDHH. En 1985 hizo falta coraje para juzgar a las Juntas, no oportunismo.

Que esta película sirva para ilustrar aquella epopeya, para los menores de 45 años y las generaciones venideras. Y así conociendo la verdad de los hechos, volvamos a estar orgullosos del país que supimos ser y vuelvan a sonar en nuestros oídos aquellas palabras pronunciadas por el Fiscal Strassera que hoy cobran tanta vigencia: “Señores Jueces, Nunca Más”.

* Marcela Campagnoli - Diputada nacional