Fracaso escolar: los datos alarmantes de cara al nuevo año lectivo

Fracaso escolar: los datos alarmantes de cara al nuevo año lectivo

En Mendoza se estima que hasta octubre de 2021 más de mil estudiantes del nivel secundario estaban en riesgo de dejar la escuela. Hasta hoy, otros 18 mil pueden no pasar al año siguiente. Lengua y Matemática siguen siendo las materias más reprobadas. Tercer año es el "punto de quiebre".

Zulema Usach

Zulema Usach

De acuerdo al calendario escolar establecido por el Gobierno para este año, a partir del 10 de febrero, los estudiantes del nivel secundario que no lograron recuperar los contenidos adeudados a lo largo del ciclo lectivo 2021, tendrán la posibilidad de asistir al colegio y resolver las materias pendientes para poder pasar al año siguiente.

Será la última instancia en la que, a través de trabajos prácticos y evaluaciones dinámicas, podrán demostrar que aprendieron los contenidos adeudados. En total, aseguran desde la Dirección General de Escuelas (DGE), serán 18 mil los estudiantes de primero a quinto año que estarán en esta situación.

Pero que el 25% del total de la matrícula del nivel medio estén en “la cuerda floja” para saber si pasan o no al año siguiente, no es el único dato que da cuenta de que la situación de la adolescencia y su relación con el colegio no es del todo satisfactoria: hasta octubre de 2021, el gobierno escolar detectó que al menos 1.199 estudiantes de este nivel, habían dejado de asistir al colegio. A nivel nacional, los datos dan cuenta de al menos medio millón de chicos que no regresaron a aulas tras el período de aislamiento preventivo de 2020.

Emilio Medina, director de Educación Secundaria explica que desde el Red de Apoyo a las Trayectorias Escolares (RATE), un programa surgido en 2020 para lograr el seguimiento de los adolescentes en riesgo, se busca aplicar que los estudiantes que mostraron imposibilidades para poder continuar con sus estudios, los retomen.

“El impacto de la pandemia ha sido muy grande; muchos chicos han tenido que responder a la situación particular de su familia. Lo económico no ha pasado inadvertido y hemos visto que en los casos de ausentismo prolongado una de las causas ha sido el tener que salir a trabajar”, detalla el funcionario y aclara que luego del regreso presencial de los/las alumnos/as a las aulas en 2021, ayudó a detectar situaciones que de desde la virtualidad era más complejo. “El hecho de volver a la escuela fue para los chicos de la secundaria un aspecto que ayudó mucho a mejorar su estado emocional”, dice Medina.

 

En total, 73.500 adolescentes asisten al nivel secundario en Mendoza, en escuelas estatales y privadas. Si se suman los datos de aquellos que aún no han podido pasar de año y los que por diferentes problemáticas no retornaron a las aulas, la situación se muestra, cuando menos, preocupante: afectan a más de 19 mil alumnos/as.

Los saberes básicos relacionados con materias clave como Lengua y Matemática siguen a la cabeza de las dificultades a la hora de aprender. En tanto que tercer año continúa como la instancia que se vive por los/as adolescentes con un mayor nivel de complejidad.

Una realidad multicausal

Que cientos de adolescentes no puedan continuar con sus estudios secundarios no es un hecho que responde a una sola causa. Problemas económicos en la familia, falta de interés por una escuela que no se les presenta atractiva a amoldada a sus necesidades y un deterioro de la percepción de la educación formal como medio de ascenso social, se suman entre los factores más repetidos por parte de los especialistas en educación.

“En realidad, vemos que hay problemáticas que ya se venían notando desde antes de la pandemia. La crisis social y económica del país se vive desde hace muchas décadas y eso también ha afectado el interés de los chicos por continuar sus estudios”, explica Mónica Matilla, doctora en Ciencias Psicopedagógicas. Investigadora y titular del Departamento de Didáctica de la Facultad de Educación Elemental y Especial de la UNCuyo.

Matilla detalla que durante estos dos años de pandemia quedaron en evidencia problemas que la educación arrastraba desde hace décadas. En ese sentido, resaltó la necesidad de hacer de la escuela un escenario más atractivo, ajustado a las necesidades de cada estudiante desde su singularidad.

Pero para eso, aclaró, es necesario un mayor presupuesto. “Se deben tener en cuenta las trayectorias personales, ya que cada alumno/a tiene un proceso distinto”, evalúa Matilla y cita otro aspecto: la escuela ha perdido espacio como herramienta para la proyección futura. En ese sentido, aclaró la especialista, buena parte de la responsabilidad la tiene el contexto social. “El discurso debe ir dirigido a fomentar el estudio; muchas veces se les dice a los chicos que no vale la pena esforzarse porque no van a lograr nada, cuando en realidad lo que se hace con esto es desmotivarlos”, alerta Matilla.

Para Claudio Peña, director de la escuela José Vicente Zapata, el cambio de paradigma propuesto en el marco de la pandemia, ha sido una oportunidad. Desde una óptica esperanzadora, detalló que gracias a la evaluación formativa, durante 2021 fue posible que docentes y estudiantes tuvieran la posibilidad de trazar metodologías más ágiles a la hora de enseñar y aprender. "Es un proceso de todo el año; en la peor etapa de la pandemia se notó mucho que los chicos estuvieron atravesando cuadros de mucho estrés, depresión y fobias que con el tiempo logramos revertir", dice Peña y aclara que en ese sentido la presencialidad fue clave. 

Cuando no hay posibilidades

Paola González es la fundadora del merendero y comedor “Yo sí te creo”, ubicado en el barrio San Martín. Desde su punto de vista, cada vez más adolescentes se ven empujados a dejar la escuela para poder llevar algo de dinero a su casa. “Incluso desde muy chicos, ya cuando terminan la primaria no siguen la secundaria porque sienten que deben trabajar de lo que sea para aportar con sus familias”, alerta Paola y remarca que la realidad de las familias, en el marco de la actual pandemia se complejizó de tal manera que incluso los chicos no cuentan con el acompañamiento, ni la contención necesaria.

“Se nota que los chicos tienen hambre. Muchas veces salen a la calle. Piensan en subsistir, tienen muchas preocupaciones que deberían ser resueltas por los adultos y están muy deprimidos. Por otro lado, muchos se quedaron al margen de la posibilidad de conectarse de manera virtual”, dice la mujer que lleva años trabajando de cerca con las problemáticas de los niños, niñas y adolescentes de su barriada.  

 

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