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El despropósito del aeropuerto de Santiago de Chile

La construcción hace dos años de terminales nuevas que es un verdadero sacrificio para numerosos viajeros de América Latina y de otras partes del mundo.

Con orgullo, pero con absoluta falta de previsión, hace algo más de dos años el aeropuerto internacional de Chile Arturo Merino Benítez habilitó, sin inaugurar aún oficialmente, la inmensa terminal E. Se trata de una edificación de gran envergadura por la que se deben transitar largas y cambiantes distancias. Es que cuenta con muchos espacios por los que solo se camina al arribar y que aparentan como excesivos por su ausencia de puertas de arribo.

Numerosos vuelos que llegan desde Argentina, todos prácticamente de Latam, y muchos de diferentes ciudades de América Latina y del resto del mundo, tienen su puerta de llegada en la nueva terminal.

Sin embargo, dos inconvenientes visibles se presentan al arribar a la zona E. El primero: el tránsito a pie para llegar al control de los viajeros o a Migraciones para entrar a Chile lleva de 20 a 25 minutos caminando. Sí... 20 a 25 minutos caminando. En muchos aeropuertos del mundo esta distancia se cubre con trenes veloces, porque resulta extensa y fatigante para numerosos viajeros.

El segundo problema se agrava cuando se trata de vuelos de conexión con Estados Unidos o con Europa, y las personas solo son controladas en la terminal antigua. Los viajeros tienen que trasladarse caminando durante 20 o 25 minutos, luego hacer la espera para que los controlen y, en la mayoría de las oportunidades, retornar caminando a la misma terminal E, otros 25 minutos, desde donde parten los vuelos de destino final.

Un verdadero despropósito, porque en muchas oportunidades ese tiempo perdido (una hora y quizás un poco más) pone en riesgo su vuelo final e incluso obliga a un esfuerzo físico innecesario. Resulta extraño que pese al tiempo transcurrido no se haya previsto un centro de control y de Migraciones en la inmensa mole edilicia de la terminal referida.

Numerosos trabajadores del aeropuerto y auxiliares de las diferentes aerolíneas, en privado y preservando su anonimato, resaltan las dificultades que ellos mismos sufren en su tarea diaria. La extensa distancia entre la zona de check-in y la nueva terminal E, es recorrida en numerosas oportunidades sobre todo por auxiliares de las empresas chilenas, que están con zapatos de taco alto, lo que se convierte en una sobrecarga en su tarea.

Los principales damnificados son los viajeros. Estos abonan sus pasajes, en muchos casos a tarifas elevadas y son sometidos a un esfuerzo y a una tensión fácilmente evitables si la administración del aeropuerto de Santiago hubiera actuado con mediana inteligencia y previsibilidad. Chile fue puesto en numerosas oportunidades como ejemplo de funcionarios que realizan su tarea con diligencia y eficacia. No es este el caso.

Es de esperar que a la brevedad posible, la burocracia chilena del aeropuerto más importante de su país, simplifique los inconvenientes señalados, que afectan a miles de viajeros de diferentes lugares del mundo. Lo paradójico es que la solución es sencilla o debió preverse cuando se diseñó la imponente e incómoda nueva terminal. No todo lo que reluce es oro.