Estrés en verano: ¿sensación o realidad?

Estrés en verano: ¿sensación o realidad?

El autor plantea detonantes de estrés y una solución posible para acabar con esos momentos de incomodidad plena.

Carlos Gustavo Motta

El mes de enero llegó con todo en la "ciudad de la furia": covid generalizado que provocó colapso en las instituciones de salud pública y privada fundamentalmente por testeos, sensaciones térmicas de cuarenta y dos grados, un corte de luz -durante un día del mayor calor histórico de la Ciudad de Buenos Aires- que dejó 700000 usuarios sin servicio (muchos incluso padecieron la falta de agua debido a este corte), un incendio cerca de la localidad de Canning que comenzó para controlar la maleza y terminó en un descontrol, corte en uno de los principales ramales de tren de la ciudad, after beach de adolescentes descontrolados y sin distancia social adecuada que decían “aquí venimos para contagiarnos” y políticos en vacaciones cuestionadas en el exterior. En síntesis, caos y consecuente estrés. 

Pero, ¿qué es el estrés y cómo podemos controlarlo?

La prevalencia del trastorno por estrés es del 2 al 6% de la población mundial en general. Aunque el trastorno puede aparecer a cualquier edad, es prevalente entre los adultos jóvenes debido a la naturaleza de las situaciones desencadenantes. Se conoce como "factor de estrés", a la causa principal del mismo. Existen factores biológicos individuales y otros psicosociales. Cada vez hay más consenso sobre el hecho que el trastorno tiene que ver con el significado que cada uno le brinda a los hechos.  Las investigaciones recientes han centrado su atención sobre la respuesta de cada persona al acontecimiento traumático más que sobre la gravedad del factor estresante en sí mismo.

Los factores de vulnerabilidad que pueden predisponernos son:

  1. la presencia de un suceso traumático infantil
  2. la existencia de rasgos persecutorias de la personalidad o antisociales
  3. una enfermedad orgánica
  4. ingesta de sustancias tóxicas.

Quienes sobreviven a factores de estrés graves se señalan la existencia de alexitimia, que es la incapacidad de identificar o verbalizar estados emocionales que ignoran sus estados emocionales internos y acostumbran a experimentar síntomas psicosomáticos y son incapaces de mantener la calma cuando están bajo situaciones de estrés.

Una visión cognitiva de este trastorno es que el cerebro intenta procesar una cantidad masiva de información que viene provocada por la experiencia traumática con sus períodos de alternancia entre la conciencia y el bloqueo del suceso.

A niveles prácticos existen dos clases principales de estrés:

  • Cuerpo-Mente-Espíritu tensionados. En cuyo caso debemos apostar al cuerpo con posturas que no requieran esfuerzo para relajarnos.
  • Sobredosis de energía. Frente a esto necesitamos prácticas vigorosas que encauzan esa fuerza interior.

La práctica de la meditación resulta una solución cotidiana que debemos experimentar. Saber respirar equilibra nuestras energías.

¿Por qué un psicoanalista puede recomendar esto? La respuesta en realidad es porque no podría hacerlo. A veces se piensa que el psicoanálisis está alejado de estas cuestiones y no se entiende muy bien la naturalización de este argumento. Tratar de encontrar el equilibrio cuando hay caos externo e interno es la incumbencia de un análisis personal y allí al psicoanalista se encuentra siempre presente.

Cuando nos enfrentamos a la persona que está pasando por un momento de estrés lo primero que debemos hacer es proporcionar apoyo, escuchar para explicar posteriormente lo que sucedió y luego encontrar juntos estrategias de afrontamiento para controlar el desborde emocional.

El recurso se circunscribe al “tú eres esto” argumento que muestra la incorporación de las herramientas que podemos utilizar en cada caso puesto que no hay salidas universales, sobre todo en esta época donde el para-todos se halla en función de este virus de covid, lamentando enfermos y muertes (lejanas y propias) con el argumento final lleno de esperanzas que pronto acabará.

*Carlos Gustavo Motta es sicoanalista y cineasta.

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