Presenta:

Educar es enseñar a construir con otros

Uno de los resultados que nos dejó la pandemia es que puso en el centro del debate la educación de nuestros chicos.
1103880.jpg

Mientras que para un sector de la dirigencia la educación no es más que una tarea prescindible (como demostraron al cerrar las escuelas durante más de un año) para otros, entre las cuales me incluyo, es el elemento esencial en la vida de los chicos.

Partiendo de esa división, podemos entender (casi) todo lo que funciona mal en nuestro país. Entre quienes tiene una concepción de futuro y progreso basada en educación y entre quienes la educación es sólo un “deber ser” a cumplir.

Ya venía bastante castigado nuestro sistema educativo con los intentos de adoctrinamiento a través de la ideología de género de los “docentes” militantes. Y la pandemia terminó de desnudar las profundas grietas y problemas que existen.

Ya no se trata sólo de un tema de falta acceso y pérdida de calidad, sino que hoy la escuela ni logra garantizar que los chicos coman, función que, lamentablemente, es esencial en muchos barrios. ¿Para que te prepara hoy la escuela? ¿Para qué debería formar a los chicos? ¿Para repetir como un loro consignas y frases o para hacerse valer por sí mismos en un mundo cada vez más complejo cuando salgan?

Mejorar los sistemas de educación, empezando por quienes planifican los contenidos y quienes los difunden, requiere un esfuerzo y sacrificio muy grande. Al cual claramente gran parte de nuestra dirigencia (y lamentablemente parte de la plana docente) no quiere someterse.

Por eso esquivan las evaluaciones de nivelación y rendimiento. A pesar de que a la larga es imposible tapar el sol con las manos. No hace falta más que ver las pruebas internacionales, como las PISA, donde año tras año muestran a la Argentina cayendo.

Hace un tiempo presenté un proyecto de ley muy simple que consiste en que todas las escuelas enseñen educación financiera en sus currículas. Hoy la mayoría de los chicos salen de la escuela sin saber como enfrentarse a la maraña burocrática, lidiar con los impuestos, abrir una cuenta en un banco o saber sus derechos básicos a la hora de cualquier tipo de intercambio.

Lamentablemente, algo sobre lo que nadie podría no estar de acuerdo, aún duerme en alguna comisión, cajoneado por una clase política que vive lejos de las necesidades reales de la población y dedica su tiempo a priorizar otros asuntos que generalmente poco y nada tiene que ver con el progreso de los ciudadanos.

En Santa Fe, mi provincia, la ministra de educación dijo durante la cuarentena que, como el 90% de los chicos no tenía conectividad de internet para tener clases online, lo mejor era que no haya clases, para no generar más desigualdad y estigmatizar a los que no pueden acceder.

Nunca se van a poner a ver cómo hacer para lograr que esos chicos tengan acceso a internet, ¿no? Santa Fe es un lugar donde no hay para plata para mejorar la conectividad a internet, para que los chicos puedan estudiar, pero sí hay millones de pesos para producir misoprostol (la pastilla abortiva) en el laboratorio provincial para luego repartirla gratis y hacer propaganda con eso. Para el gobierno de Santa Fe, pareciera ser más importante descartar a los niños por nacer, que educar a los chicos que están en edad escolar.

Cuando se habla de mejorar la educación, como en otros ámbitos, me sobrevuela siempre esa idea de que en verdad no se busca solucionar el problema de fondo porque eso implicaría o bien que desaparezca el área creada para solucionarlos (con sus recursos) o bien obligaría a los funcionaros a trabajar más. Ambas opciones son tabú para nuestro actual sistema. Y problema no son sólo las burocracias enquistadas sino la falta de decisión y coraje de la clase política para hacer algo al respecto.

Hay sectores en los esquemas de gobierno actuales que parecen destinadas a ser así, como el caso de Desarrollo Social, donde a partir del reparto indiscriminado de planes, sólo se agrava el problema a largo plazo. Es decir, se crean organismos enteros para agravar los problemas, pero que cuya finalidad formal es “solucionarlos”.

Qué decir de instituciones como el Inadi, el ministerio de la mujer, o el mismo Ministerio de Educación. Ponen el énfasis en producir material “inclusivo” mientras los niveles de exclusión de nuestro país llegan a niveles nunca antes vistos en nuestra historia. La pobreza infantil, y perdón que sea repetitiva siempre con este tema, roza el 70%. No hay posibilidad alguna que la palabra inclusión tenga lugar en nuestro país hasta que comencemos a achicar esa brecha.

A menos que esa inclusión sea para un 10/15% de privilegiados que vive en otra realidad, usando los recursos de los que producen para bancar sus delirios de inclusión: abortos gratis con tus impuestos, DNI no binario, beneficios para “trabajadores” de sindicatos amigos, etc.

Estamos en mano de personas sin sentido común. Y sobre todo sin valores. Que aborrecen la libertad de pensamiento y el sentido crítico. Que tratan a los chicos como si fueran pares, hostigándolos. Adoctrinándolos con consignas políticas. Hipersexualizándolos con ideología de género. Estigmatizándolos con infraestructura deficiente. O en el peor de los casos, cerrándoles la puerta de las escuelas en la cara.

Educación es poder cuestionar. Es enseñar a equivocarse y sobre todo permitir que los chicos se equivoquen. Es pensamiento crítico. Es enseñar que no existe una sola verdad.

Educar es inculcar valores como el respeto hacia el otro y al que piensa diferente. Es saber que uno puede tener una opinión y eso no lo hace más ni menos que nadie, sino que lo convierte en una persona libre con los derechos protegidos por la Constitución de nuestro país.

Educar es compasión y empatía. Se trata de que un profesor o maestra haga el esfuerzo mirar el mundo desde los ojos de los chicos y tatar de interactuar con ellos desde ahí y no desde la absurda posición intocable en la cual se ponen.

Y sobre todo es sacrificio. No dar nada por sentado. Todos los días pensar cómo mejorar. Sabiendo que lo que se llevan los chicos de una escuela no debería ser sólo un depósito con conocimientos básicos. Sino un esquema moral y social lo suficientemente amplio que les permitan el día de mañana progresar en cualquier situación, enfrentar las adversidades y construir una sociedad junto a otros, a pesar de no pensar lo mismo.