Adolescentes, el futuro llegó: educación con salida laboral, necesidad impostergable
Cada vez es más necesario un sistema educativo que interactúe con el mundo laboral, para evitar a las personas jóvenes cimbronazos a la hora de buscar trabajo.
La educación técnica es una herramienta maravillosa para conseguir, rápidamente, un trabajo de calidad.
Freepik.Ingresar al mercado laboral una vez terminada la escuela secundaria, es cada vez más una necesidad, atento a las complicaciones económicas que las familias argentinas enfrentan en estos tiempos modernos. Aun teniendo la posibilidad (o el deseo) de continuar con estudios superiores, las chicas y chicos que egresan de nuestras escuelas de educación media necesitan contar con herramientas específicas que les permitan desarrollarse en la vida como adultos, esto es (entre tantas otras cosas) con chances ciertas de conseguir un empleo.
En este sentido, la educación técnica (lo digo como egresado de una de las viejas ENET del siglo XX) es una herramienta maravillosa para conseguir, rápidamente, un trabajo de calidad. La enseñanza amplia y concreta que se da en las aulas, talleres y laboratorios de esas escuelas, no solo sirve por el aprendizaje directo que en esos lugares se obtiene, sino también porque “activa” la mente de quienes se están educando, y les deja un mensaje cierto: “este problema que se me presenta, quizá lo pueda resolver; solo tengo que encararlo, aunque por el momento no tenga del todo claro con qué me voy a encontrar”. La actitud positiva no siempre soluciona las cosas, por más que algún texto de autoayuda lo declame por ahí; pero resulta fundamental para poder al menos intentar una solución.
Las escuelas técnicas, de todos modos, han tenido (hasta la fecha) un problema central, y es el año adicional que se necesita para poder culminar con los estudios que en ellas se imparte. Aquellos que superamos el medio siglo de vida sabemos que, año más, año menos, no es un problema serio, siempre y cuando obtengamos el título de secundario completo. Pero para quienes van por los diecisiete años de vida, recién encarando la adultez, la urgencia sí suele ser determinante, y “expulsa” a estudiantes desde las escuelas de seis años, a otras que entregan un título en un período más corto. Así las cosas, y en función de los avances tecnológicos que permiten una mayor interactividad en la relación docente-alumno/a, la reducción del cursado de las escuelas técnicas a cinco años, puede ser una respuesta válida y necesaria para retener e invitar a ingresar a esta modalidad educativa a miles de personas, sin que por ellos sientan que están perdiendo un año de su vida.
Mendoza, una vez más, parece estar en la vanguardia de estos cambios; las escuelas con modalidades técnicas de nuestra provincia están mutando a una currícula que, sin descuidar lo esencial, permiten de todos modos concluir los estudios en cinco años (el mismo tiempo que en el resto de las escuelas secundarias) sin importar qué modalidades posean. Pero aparte de ese año “ahorrado”, resulta importante intentar insertar a los egresados en el sistema productivo de los mismos centros urbanos que los vieron nacer y crecer, para evitar las migraciones internas que inflaman cada vez más a las grandes ciudades, dejando desoladas a las zonas “interiores” de las provincias argentinas. Por lo que resulta una necesidad ineludible realizar acuerdos del gobierno con sectores productivos de las distintas regiones, para poder avanzar en capacitaciones específicas, que brinden a los egresados del sistema de educación media formación de alta calidad; en este sentido, la articulación con empresas del medio resulta fundamental, y en ese camino resulta alentador que la actual gestión de la Dirección General de Escuelas, encabezada por su ministro Tadeo García Zalazar, firmara un acuerdo con la empresa metalúrgica Tassaroli de San Rafael, en el sur de nuestra provincia, como un primer paso para avanzar con sistemas de interacción directa, entre la educación pública y las empresas privadas. Sería saludable exportar el modelo al resto de los oasis productivos de Mendoza; el objetivo debe ser, sin dudas, mejorar la interface entre ambos mundos: por un lado el “protegido” del sistema educativo, y por el otro el del mercado laboral, esa “selva de cemento” que ya declaraba un tango, décadas antes de que los avances tecnológicos derramaran su presión por sobre la cabeza de quienes habitamos en este planeta.
Las nuevas tecnologías y los cambios cotidianos que ellas producen en las condiciones de nuestras vidas, nos exigen actualizarnos cada vez con más rapidez, pero no por ello perdiendo la profundidad de lo aprendido. Debemos dar a nuestros jóvenes las mejores herramientas y toda la confianza que resulte necesaria para que enfrenten al futuro, cada vez más invasivo, con el coraje y las esperanzas a flor de piel. No es fácil la que se les viene; no es fácil la que se nos viene. Pero son ellos, los recién egresados de la adolescencia, quienes tienen más para arriesgar, por lo que el sistema educativo tiene la obligación de hacerse cargo del problema, por el bien de todos.
* Pablo Gomez. Licenciado en Ciencias Sociales.



