Viaje al centro de la familia: cómo aprender y enseñar en casa en tiempos de pandemia

Viaje al centro de la familia: cómo aprender y enseñar en casa en tiempos de pandemia

Dos especialistas analizan la realidad de la educación y cómo se puede ser resiliente en el contexto de pandemia.

Inés Fernández Casares y Joaquín Viqueira

Por Inés Fernández Casares y Joaquín Viqueira

Desesperante. Algo que nunca termina. Pensamos que duraba un año… y todavía estamos igual.  Sin saber qué va a pasar mañana. ¿Qué hacer? Sentarse y esperar que pase la tormenta… o hacer algo al respecto.

Julio Verne en “Viaje al Centro de la Tierra”, puede iluminar nuestra situación actual. Un profesor de Geología, Otto Lidenbrock, encuentra un criptograma en el que un explorador islandés del siglo XVI declara haber descubierto un camino que conduce al centro de la Tierra. A partir de este hallazgo, el profesor y un equipo formado ad hoc, se lanzan a la aventura de encontrar esa ruta. Llama la atención la fuerza de voluntad y la tenacidad del científico que siempre busca seguir adelante, desafiando los límites conocidos.

Es evidente que Lidenbrock había desarrollado una resiliencia que le permitía superar diferentes obstáculos. No sabemos dónde la aprendió, pero sin lugar a dudas no estuvo dentro de los cursos o materias que estudió durante su formación académica. Creemos que tampoco tuvo “coaching”, ni hizo un taller de negociación o un seminario de liderazgo y trabajo en equipo.

Muchas de estas capacidades son claves para cualquier ámbito laboral y sumamente demandadas en un proceso de desarrollo de carrera. (No hay más que googlear algunas de esas palabras para obtener más de 14 millones de páginas relacionadas).

Planteémonos la posibilidad, a ejemplo de Lidenbrock, de convertir lo malo en bueno. Podemos aprovechar lo que tenemos a nuestro alcance: la frase acuñada durante 2020 “quédate en casa” es el contexto. Adoptemos una mirada de explorador transformando el tiempo de convivencia 24/7 todos juntos, en tierra de oportunidades. Tarea desafiante, pero sin duda, posible.

Julio Verne equipa a su científico de diversos instrumentos para que lo guíen en el Viaje y que el mismo proceso sea apasionante. Somos los adultos los responsables de plantear las “hojas de ruta”, ofrecer alternativas y marcar el rumbo. No podemos seguir delegando en otros la oportunidad y necesidad de brindar a nuestros hijos las herramientas que sabemos, van a necesitar el día de mañana. Algunas propuestas que nos han ido comentando o que hemos visto implementadas en diferentes familias son las siguientes:

  • Visión, misión, valores

Vale la pena preguntarse ¿a dónde vamos? ¿Para qué vamos? ¿Cómo vamos a llegar? Para este punto no hay recetas. Ya que cada familia es un mundo. Pero sí un consejo: hay cosas que son decisión de los adultos exclusivamente. Para el resto de las cuestiones se pueden implementar mecanismos, diríamos, más democráticos. La “Reunión de familia”: donde se plantean las propuestas, los tiempos (de trabajo, de pantallas, de juego, de descanso), acá también se comparten los sentimientos y lo más importante: todos tienen voz y voto.

  • Muchos haciendo poco – Trabajo en equipo

Es lo contrario a “yo hago todo en esta casa”, frase por demás escuchada en cada ambiente familiar. Es claro que la distribución de las tareas debe ser acorde a la edad. Pero lo que entra en una nebulosa es ¿cuál es la edad acorde para empezar a realizar esas tareas? Ordenar los juguetes, poner la mesa, barrer, cargar agua en la jarra:  son todas actividades simples y concretas. Entre todos nos ayudamos. Uno sale al supermercado a hacer las compras, y cuando vuelve todos ayudan a ordenar: más eficiente y más llevadero. Muchos haciendo poco y no pocos haciendo mucho. Subyace en esto una invitación a cultivar la virtud del servicio. Para evitar el cansancio y desgaste de esos pocos.

Es una gran enseñanza para la vida, el aprender a estar atentos a las necesidades de los demás con pequeños servicios.

  • Hacerse experto en algo y enseñar

Descubrir talentos ahora cuando, paradójicamente, tenemos más “tiempo”. Hay personas que tienen talento natural para ciertas cosas. Generar un “ida y vuelta”: Compartir el propio expertise y aprender del otro. Sabiendo que al final del día, ambos salen beneficiados. En línea con esto: rescatar los hobbies, esas actividades que nos apasionan y que no tienen ninguna utilidad concreta más que disfrutar. Tocar un instrumento, actividades manuales, correr, bailar, etc. Aprender y enseñar dentro del ámbito familiar.

  • Aprendizaje en servicio

Desde la familia salir al encuentro del que lo necesita. Hay diversas fundaciones y ONG que reciben donaciones de comida, ropa, juguetes. La propuesta es involucrar el corazón en lo que estoy donando: cocinar para los grupos que dan de comer a las personas en situación de calle, arreglar los juguetes que ya no se usan y donarlos, tejer cuadraditos y confeccionar mantas, armar una huerta en casa y donar los plantines, son algunas de las actividades que nos fueron comentado. Un punto bonus: planificar la actividad en familia poniendo fechas de entrega (por ejemplo para el Día del Niño, llevar las donaciones a un Hogar o un Hospital). Esto obliga a organizarse evitando quedarnos sólo en las intenciones. Hacerlo en “plan familiar” llena de satisfacciones a todos: ver cara a cara los destinatarios de tanto esfuerzo y dedicación “no tiene precio”.

  • Ocio intelectual

Incluir un “tiempo de libros” en nuestro día. Algunos lectores por naturaleza, educación escolar o cultura familiar. Otros menos. Pero todos pueden crecer desde su punto de partida. Menos presencialidad en la escuela, más lectura en casa. Combinar las nuevas tecnologías de los zooms y las plataformas con las viejas tecnologías de los buenos libros. Seguramente en casa, en la del vecino, en la biblioteca escolar o pública tendremos acceso a algún buen libro que nos ayude a levantar la mirada en este tiempo de prueba. Es necesario brindarles la oportunidad de “relajarse” sin recurrir siempre a las pantallas.

Ad intra.

Organización de concursos domésticos que estimulen el desarrollo de nuevos talentos. Concursos de escritura, cocina, dibujo, canto, y un largo etcétera. En este caso proponemos que sean a “puertas cerradas”. Sin necesidad de estar subiendo a las redes o mostrando “lo excelente” que salió. Simplemente motivarlos a participar por el mero hecho de hacerlo y sin pensar en el premio. Ayuda pensar que todos ganarán, pero en distintas categorías dentro del mismo talento (por ejemplo en arte: premio revelación, premio creatividad, premio “luz y color”).

Liderazgo

Es tiempo de aprovechar las crisis y transformarlas en oportunidades. Terminando por el principio. Como el profesor Lidenbrock, dar el ejemplo. Da nada sirve todo este planteo si los adultos no asumimos el rol que nos toca: buscar el bien común de la familia dejando de lado el bienestar personal. (como referencia: artículo de PB en MDZ). El que más lidera es el que más trabaja

Claro que es mucho más atractivo “sentarse a descansar” con un dispositivo electrónico en la mano: la pantalla en cualquiera de sus formatos es más “relajante” pero es un relax “cortoplacista”, para pasar el rato, matar el tiempo, sobrellevar la situación, esperar que pase la tormenta, procastinar. Diferentes formas de dejar para mañana lo que podrías hacer hoy.

Es hora de valientes exploradores. Que al terminar la pandemia podamos decir con orgullo: “nosotros vivimos la pandemia. Atravesamos este desafío. Y mirá todo lo que aprendimos”.

Por Inés Fernández Casares, Lic. En RR.HH. y Lic. en Historia y Joaquín Viqueira Mg. en Educación

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