Del barrio de Flores a Mendoza: un cambio de vida por el homeoffice

Del barrio de Flores a Mendoza: un cambio de vida por el homeoffice

Fabricio trabaja en una empresa de tecnología radicada en Buenos Aires. Con la cuarentena del 2020, todos los empleados pasaron a hacer teletrabajo. La nueva modalidad lo llevó a replantear su vida y buscar un lugar más amigable. Eligio San Rafael, donde vive desde abril y mantuvo su empleo porteño

Horacio Alonso

Horacio Alonso

Habrá un antes y un después por la pandemia. En materia laboral, el homeoffice dejó de ser una modalidad casi snob, que utilizaban algunas empresas de avanzada, para convertirse en una forma obligada de trabajo para gran parte de las personas.

Las restricciones sanitarias mostraron que, en muchos casos, la presencialidad en una oficina no era necesaria y los beneficios, tanto para los empleados como para las compañías, son mayores que las contras.

Es por eso que hoy se multiplican los casos de un cambio definitivo en la relación de laboral en donde el trabajo remoto llegó para quedarse.

Esto permite que ya no importe dónde está el empleado o dónde esté la compañía que lo contrata, lo que ofrece una libertad, hasta hace poco, impensada.

Con este giro tan profundo, muchas personas han replanteado su lugar de residencia para ganar en una mejora en la calidad de vida.

Trabajar desde Argentina para el exterior es la forma que han elegido algunos, pero también están quienes han decidido salir de las grandes ciudades para radicarse en un ambiente más amigable, dentro del país.

Fabricio Dubra, con sus 32 años, es un ejemplo de esta nueva realidad.

Hasta abril pasado, vivía en el barrio porteño de Flores. Alquilaba un departamento de dos ambientes junto a su novia, Macarena.

Desde hace seis años trabaja para la empresa Docturno, una compañía de tecnología que brinda soluciones de agenda digital para profesionales de la salud y pacientes. Es el primer sitio de reservas on line de Latinoamérica.

Su trabajo está en el área de desarrollo de sistema y hasta antes de que se iniciara la pandemia, concurría a una oficina para realizar sus tareas.

“La modalidad era de cuatro días por semana de forma presencial y uno en modalidad homeoffice” explicó a MDZ.

Con el inicio de la cuarentena, todos los empleados debieron cumplir con sus funciones desde sus casas.

“A medida de que pasaban los meses, con Macarena nos fuimos planteando la idea de vivir en otro lugar. Alquilábamos un departamento chiquito, una planta baja sin patio y con poca luz. Pensar que podíamos cambiar la forma de vida, en otro lugar, y mantener mi empleo, fue determinante. ¿Para qué teníamos que seguir encerrados en tan poco espacio, en una ciudad tan grande y en un ambiente tan agotador”, señaló.

Fue entonces que decidieron hacer una migración interna y buscar el lugar del país donde iniciar una nueva vida.

El lugar elegido fue Mendoza, más precisamente, San Rafael.

El primer paso lo dieron en enero pasado cuando pasaron sus vacaciones en esa región de la provincia.

“Nos encantó desde el primer momento. Es un sitio hermoso, en permanente contacto con la naturaleza, ideal para vivir”, agregó a MDZ.

De regreso a la Capital Federal, no dudaron en tomar la decisión. En el caso de Fabricio, no había muchas dificultades para dar el gran salto, ya que en su trabajo no presentaba inconvenientes.

“Trabajar desde Flores o desde San Rafael era lo mismo. En la empresa no tuvieron ningún reparo. Así que me fui un viernes, trabajé desde la Capital y, el lunes siguiente, lo estaba haciendo desde Mendoza.

El caso de Macarena fue un poco más complicado. Con su profesión de médica, no hay trabajo remoto posible. Tuvo que dejar sus dos empleos que tenía en Buenos Aires para apostar a un futuro diferente. Después de los trámites necesarios para revalidar su título, buscó trabajo en la provincia. Desde hace unas semanas, trabaja en el hospital Teodoro J. Schestakow

La vida les cambió radicalmente. Hoy alquilan una casa de cuatro ambientes y unos 120 metros cuadrados, en un entorno muy distinto al que tenían hasta abril pasado.

“Lo que ganamos en calidad de vida es incalculable. En cuanto a mi trabajo, soy más productivo que antes. Ni hablar de cuando iba todos los días a la oficina. Tengo excelente conectividad por lo que no me afecta para nada no estar en la Capital. Fue un cambio muy beneficioso y San Rafael es un lugar único” explicó.

No hay embotellamientos, ni bocinas que alteren los nervios, ni gente que camina apurada con sus problemas a cuesta.

Tienen otro tiempo, otros espacios, para vivir una vida más agradable.

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