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Así vivió Fernanda el momento en que el fuego se acercó a su casa: "Otra vez la misma pesadilla"

Fernanda es una joven de Lago Puelo cuya casa amaneció el 24 de diciembre cubierta de cenizas. Si bien la gente no entra en pánico por estar acostumbrada a estos hechos, "es bastante desesperante la situación", cuenta la joven. El incendio ha afectado más de 80 ha. de flora autóctona e implantada.
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Fernanda Sepúlveda Manrique nació en Lago Puelo y aún vive ahí. Es voluntaria en Cáritas Esquel, desde donde estuvo acompañando en marzo a las familias de la zona, en el marco del gran incendio que consumió más de 400 casas. “En la zona siempre hubo incendios forestales, en su mayoría por descuido humano, pero nunca había pasado que quemara casas y en gran cantidad; dejó a familias sin hogar”, dice la joven a propósito de aquel grave episodio.

Un nuevo incendio tuvo lugar en la zona patagónica el pasado 23 de diciembre alrededor de las 11.30 horas, más precisamente en el cerro Currumahuida, que comparten las localidades de Lago Puelo y El Hoyo. El hecho tuvo una mayor magnitud los días previos a la Navidad y aunque hoy sigue activo, está circunscripto, es decir, sin peligro. “El 23 llegaron las cenizas a mi casa, el 24 a la mañana estaba todo cubierto de cenizas”, relata Fernanda.

El cerro Currumahuida y el humo que salía de ahí, visto desde la casa de Fernanda 

Lamentablemente, las personas que habitan en esa zona están acostumbradas a estos sucesos. “Cuando vi el fuego de nuevo, pensé: ‘Otra vez la misma pesadilla’. Una angustia horrible en el pecho. Lo único en lo que pensás es en estar en tu casa alerta”, cuenta la joven con respecto al momento en que comenzó del incendio. “Pasamos la noche del 23 en vigilia, no dormimos. El 24, en Nochebuena, tratamos de compartir en familia, pero siempre pendientes de salir cada 15 o 20 minutos a ver si se veía humo o un foco de fuego”, dice Fernanda acerca de las primeras noches.

Fernanda en su Lago Puelo natal, donde los incendios son comunes

Los bomberos continúan trabajando con avionetas y camiones hidrantes, desde la mañana hasta las últimas horas de luz, aproximadamente 21 horas. “Yo estoy en Cerro Radal, un paraje de Lago Puelo, tengo el Currumahuida atrás de mi casa y no se ve humo”, cuenta Fernanda. Igualmente, es común que en medio de estas situaciones, la gente no salga de sus casas, “salvo para trabajar o comprar alimentos, porque el fuego tiene una velocidad muy rápida y capaz que a la hora está más cerca o más lejos; depende todo del viento que juega el papel más importante”, afirma esta joven que creció viviendo episodios como este.

Los bomberos trabajan desde la mañana hasta las últimas horas de luz

Es bastante desesperante la situación, si bien estamos acostumbrados. La gente en general no entra en pánico, sino que trata de resguardar su casa. Todas las personas saben utilizar herramientas como motosierras, palas, hachas para poder resguardarse”, cuenta Fernanda. Y a propósito de esto, dice que “se ayudan mutuamente entre vecinos, para salvaguardar las casas. Esta vez no se perdió ninguna”, afirma Fernanda. Cuenta también que la gente moja los patios y hay quienes hacen cortafuegos, lo que implica cortar la vegetación de alrededor de la casa para que “si llega el fuego, no tenga qué quemar”.

Este incendio es menos grave que otros anteriores porque no ha afectado viviendas, pero sí ha afectado más de 80 hectáreas de flora tanto autóctona como implantada, tal como dice Fernanda. “Lo más grave ya pasó, pero sigue el viento y hace calor (para lo que es la Patagonia)”, dice la joven, tranquila pero alerta.