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El cacerolazo más alto del mundo y una leyenda que perdura

Los sucesos ocurridos en 2001 dejaron una huella imborrable, los reclamos se multiplicaron y llegaron al pico más alto de América. El Parque Provincial Aconcagua fue el centro de un cacerolazo que quedó en la memoria transformando a su autor en leyenda.

Diciembre es recordado por un acontecimiento histórico que marcó a los argentinos y argentinas hace 20 años. El país estaba inmerso en una profunda crisis social, económica y política que dejó huellas en quienes fueron testigos de los sucesos ocurridos en el 2001. Las protestas se multiplicaron a lo largo y ancho del país pero también cruzaron las fronteras, el sentir popular se hizo presente en numerosos países y lugares impensados. La cacerola se transformó en un símbolo de reclamo que llegó hasta el pico más alto de América de la mano de un guía de montaña histórico que hoy es recordado por sus hazañas y su fuerte sensibilidad social.

Los violentos episodios callejeros ocurridos en diciembre de 2001 dejaron 38 muertos, estado de sitio y la peor crisis económica, política y social de la historia reciente del país. Mientras esos hechos ocurrían, a 6.962 metros de altura, un guía de montaña llamado Gustavo Lo Re realizaba un cacelorazo que hoy es recordado como el más alto del mundo.

El compromiso social de Gustavo era permanente y quienes presenciaron ese gesto ocurrido en Plaza de Mulas no se sorprendieron al ver cómo este guía y amante de la montaña tomaba las cacerolas que estaban en el campamento como forma de apoyo a quienes estaban pasando uno de los peores momentos de sus vidas.

Plaza de Mulas es el campamento principal en la ruta más transitada hacia la cumbre del Aconcagua. Foto: Nk Climbing Expeditions

Sentado en una piedra, Lo Re comenzó a golpear las cacerolas de forma constante y sostenida. Con la convicción de que esa acción realizada casi en el anonimato serviría como símbolo de participación, compromiso ciudadano y quedaría marcado en la memoria de todos los que visitan el Parque Aconcagua.

"Los gringos que estaban en el campamento pensaron que Gustavo estaba haciendo una macumba o ceremonia para tener buen tiempo y subir a la cumbre. Salieron de los domos con las cacerolas y se unieron a ese fervor", contó Rubén Sindoni, un entrañable amigo del guía que perdió la vida meses después de ese acontecimiento y quedó inmortalizado en la canción compuesta por el músico mendocino Gustavo Maturano.

En ese contexto, las noticias no llegaban tan rápido como llegan ahora. No había dispositivos tecnológicos ni internet para consultar de forma permanente y para hablar por teléfono había que ir a Plaza de Mulas que es la base central para el cuerpo médico, guardaparques y patrulla de rescate del Parque Aconcagua. Este campamento se encuentra en la ruta más transitada hacia la cumbre.

Lo Re alternaba su pasión por la montaña con trabajos en hogares de chicos en situación de calle, el ex COSE e instituciones que trabajaban con niños con discapacidad. "Gustavo era un hombre que siempre vivió muy bien, muy comprometido con las causas sociales. Siempre le decíamos que tenía que pensar en él porque siempre pensaba en los demás", destacó Sindoni.

Gustavo Lo Re realizó varias expediciones hacia la cumbre del Aconcagua

El cacelorazo en el Aconcagua no fue la única acción de militancia que llevó a cabo, sus amigos recuerdan que en otra ocasión hizo una consulta popular con la CTA por la asignación universal por hijo, llevando una urna hasta los 4.200 metros para votar. "Tuvo esas acciones de amor por los más necesitados", dijo Rubén.

El recuerdo de este guía permanece vigente luego de 20 años, casi el mismo tiempo que pasó desde que un accidente en la montaña que amaba, le quitó la vida. Días después de ese diciembre del 2001, más precisamente en febrero del 2002 mientras desarrollaba sus tareas como guía de montaña en el Aconcagua, cayó varios metros al vacío y se transformó en leyenda.

Horas antes del accidente, habló con su esposa, quien lo esperaba en el ingreso a Horcones como en tantas otras ocasiones. Las horas pasaron y nunca llegó. Dieron aviso a la patrulla de rescate y se formaron grupos con amigos que compartían la misma pasión.

Se dividieron por turnos para poder hacer más efectiva la búsqueda. El triste resultado llegó días después cuando comenzaron a divisar algunas de sus pertenencias, el cuerpo de Gustavo fue encontrado por uno de los grupos de rescate y los cóndores se habían apropiado de sus ojos dando inicio a una leyenda que perdura en quienes visitan la montaña.  

"La muerte le llegó en uno de los lugares que más amaba, la montaña". Foto: Nk Climbing Expeditions

"Gustavo muere en Plaza Francia y los cóndores, que son animales carroñeros, le habían quitado sus ojos. Por esa razón, cuando vemos un cóndor siempre decimos que nuestro amigo está en esos ojos, volando...", contó visiblemente emocionado Sindoni y agregó: "Es imposible no conmoverse con la historia de vida de Gustavo, su compromiso y empuje eran admirables. La muerte le llegó en uno de los lugares que más amaba, la montaña".

La leyenda perdura en quienes visitan el Parque Aconcagua y cada temporada recuerdan a todos aquellos que perdieron la vida haciendo lo que amaban. "No me lloreís que no he muerto, me he quedado en Aconcagua aquí volando..."