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El caso de otro empresario que, cansado de Argentina, se va del país

Las dificultades económicas, los problemas sociales y la falta de futuro, convirtieron al aeropuerto de Ezeiza en la única salida para muchos. Este es el caso de otro empresario que decidió dejar su actividad y probar suerte en otro país. Una situación que se repite y que muestra la dura realidad.

Ya es un hecho cotidiano. El aeropuerto de Ezeiza se ha convertido en la única salida que muchos le ven al país. Historias que se repiten y que reflejan una Argentina en retroceso. Las hay de todo tipo y con protagonistas diversos: jóvenes, familias, profesionales, estudiantes, empresarios.

Como el caso de Enrique Tipping, un productor avícola de Rio Negro que decidió cerrar su empresa y probar suerte en Miami. Su caso tiene una particularidad. No es la típica situación del argentino que emigra. Cuenta con una ventaja contundente. Es estadounidense por nacimiento, pero argentinos de corazón.

“Mis padres son argentinos y en los sesenta se fueron a vivir a Estados Unidos. Yo nací allá, pero de muy chico vine a vivir a la Argentina. No tengo la ciudadanía, pero me siento argentino desde siempre”, dice con un acento inconfundible de quien vive en estas tierras.

Esa circunstancia le permite contar con un elemento valioso: pasaporte americano. Es un detalle menor. Toda su vida la desarrolló en el país, por lo que se puede sumar, sin duda, a los tantos que deciden emigrar. 

MDZ habló con él ayer, en una escala en Washington, mientras esperaba la conexión de su vuelo a su destino final en Miami. Hacía pocas horas había dejado a la Argentina por lo que estaba dominado por una mezcla de sensaciones. “Hasta que no comprás el pasaje, no te das cuenta de que realmente te vas”, dice.

Pero la decisión no se toma en un momento. Es un proceso que, en su caso, llevó un largo tiempo. “Desde hace tres o cuatro años venía analizando el tema. A la empresa, cada vez, la tenía que achicar más. Un problema detrás del otro. Vivía corriendo por la plata, tapar un agujero acá, otro allá. Era insostenible”, cuenta con un dejo de amargura.

Divorciado, 52 años, un hijo de 19 años que estudia en la UTN de Córdoba y la nacionalidad estadounidense fueron determinantes para que la decisión cayera por su propio peso. “Mi viejo siempre me decía que me fuera, que este país no tenía futuro. Me podría haber ido en cualquier momento, pero no le hice caso. Siempre traté de apostar al país y me doy cuenta de que no sirvió de nada. Ahora, pienso como mi viejo. Cuando mi hijo termine la carrera, lo mejor va a ser que se vaya” se lamenta.

Como una catarsis, Enrique enumera todos los problemas que debe enfrentar un empresario: si el dólar sube o baja, si hay una nueva norma, si prohíben exportar, si prohíben importar, si llega el camión con el maíz, si un empleado hace juicio.  “Te quitan las ganas de hacer cosas, de invertir”.

No es un problema nuevo. Años atrás, en el comienzo de este milenio, la crisis del 2001 lo encontró como gerente de un importante banco, con una situación económica próspera. Auto alemán, casa propia y un nivel de vida envidiable. “Tenía treinta años y me comía el mundo”. Pero la Argentina se lo comió a él. “De un día para el otro, me quedé sin trabajo y tuve que ajustarme” explica a MDZ.

Se repuso y ocupó un cargo directivo en una empresa petrolera. La situación empezó a mejorar, aunque otra nueva crisis lo volvió a sacudir. “Me podría haber ido en ese momento, pero mi hijo era muy chico y me quedé. Ahora, ya no tengo esas responsabilidades y es momento de tener una vida más tranquila. Eso es lo que busco”.

Por ese motivo, está sentado en un sillón de la sala de embarque de un aeropuerto: por un futuro mejor. Su decisión no es un salto al vacío. Sabe que siempre está la posibilidad de volver, pero sus planes van en otro sentido. En empezar una nueva vida. 
El primer paso lo dará en las próximas horas. En las últimas semanas estuvo mandando currículums y activando contactos en Estados Unidos. Hoy, martes, apenas llegado a Miami ya tiene agendada una entrevista de trabajo.

“Vengo con la mente abierta. Tengo algunas ideas, pero si sale un buen empleo lo voy a considerar. Para febrero, tengo pensado en volver a la Argentina porque me quedaron algunas cosas pendientes. Me tomo todo este tiempo para evaluar lo que mejor me convenga. Después, quiero que mi vida siga adelante en un país con futuro”.