Lo dice la ciencia: las personas bellas tienen más oportunidades

Lo dice la ciencia: las personas bellas tienen más oportunidades

Diversos estudios han demostrado que las personas atractivas generalmente consiguen empleo más rápido, son ascendidas en menos tiempo y ganan más que sus compañeros de trabajo menos atractivos.

Jackie Delger

Hay una premisa del marketing que dice: “Nunca hay una segunda oportunidad para una primera impresión”. Y no se equivoca: es que nuestro cerebro es tan rápido que en solo milisegundos evalúa si alguien es “amigable” o no. En la antigüedad, de aquello dependía nuestra supervivencia. Hoy podemos agregar a esa rápida evaluación todo lo que tiene que ver con la actitud (que despierta ciertas emociones) además de la vestimenta y el look en general que hacen al combo para emitir un juicio “bueno o malo”.

El ser humano es la especie mas desarrollada en una larga cadena de homínidos que subsistieron acercándose a lo que les produce placer y alejándose de lo que les produce dolor. Pero ¿Qué tiene que ver con la belleza y ser juzgado como “bueno”? Pues todo.

Robert Beno Cialdini, profesor de psicología y marketing en la Universidad Estatal de Arizona y profesor invitado de marketing, negocios y psicología en la Universidad de Stanford escribe en su libro Influencia: ciencia y práctica que “las investigaciones han demostrado que asignamos automáticamente a las personas atractivas rasgos favorables como el talento, la bondad, la honestidad y la inteligencia”, y agrega: “Además, hacemos estos juicios sin ser conscientes de que el atractivo físico juega un papel en el proceso. Algunas consecuencias de esta suposición inconsciente de que “ser guapo es igual a bueno” me asustan. Por ejemplo, un estudio de las elecciones federales canadienses de 1974 encontró que los candidatos atractivos recibieron más de dos veces y media más votos que los candidatos poco atractivos”.

Primero debemos aclarar qué es lo que determina que un rostro sea hermoso sobre otros que no lo son. Se dice que un rostro es bello cuando cumple con ciertas proporciones. Este descubrimiento se lo debemos a los griegos, quienes después de mucha investigación llegaron a la conclusión de que la proporción ideal de belleza es 1:1.618 de dos partes de cualquier objeto. Esto se aplica a los rostros humanos, a un perro, a una rosa o al arte. ¿O nunca te pusiste a pensar por qué te gusta mas una pintura que otra? En castellano lo que dice esta fórmula es que una cara es “linda” cuando es aproximadamente una vez y media más larga que ancha.

¿Y eso es todo? Claro que no. También intervienen las proporciones y distancia de los ojos, nariz, orejas, boca. Y sobre todo nuestro diferencial máximo como especie: la subjetividad, ya que las emociones juegan un papel fundamental en el procesamiento de la estética. En varias universidades se hicieron cientos de estudios que comprobaron que, modificando con programas digitales las fotos de los postulantes, haciéndolos más feos o lindos, se alteraba el tiempo y cantidad de llamado para una entrevista. Es decir, a los “lindos” los llaman más y más rápido que a los “feos”.

El neurocientifico Semir Zeki, Profesor en la University College of London y precursor de lo que hoy se conoce como la neuroestética, rama de las neurociencias que busca las bases biológicas y neurales de la creatividad, la belleza y el amor, intenta responder estas cuestiones. Después de haber publicado varios libros, el científico legó a la conclusión de que “el cerebro reacciona ante personas, eventos u objetos deseables de la misma forma y los localiza en la zona emocional del cerebro”.

Entonces, ¿qué pasa en nuestro cerebro cuando apreciamos algo que nos parece bello? Hoy gracias al avance de la ciencia con las neuro imágenes llegamos a una respuesta. Cuando observamos algo que nos parece bello, se ve una mayor intensidad de actividad en la corteza orbitofrontal medial. En cambio, si vemos algo que juzgamos estéticamente feo, la actividad se localiza en la amígdala y la corteza motriz, nuestra sede de control de huida o ataque.

Con esto podemos corroborar que apreciar lo bello (lo proporcionado) fue una ventaja para nuestros antepasados remotos en busca de la supervivencia. El sentido de la belleza y el juicio estético presuponen un cambio en la activación del sistema de recompensa del cerebro. Cuando nuestro cerebro detecta alguien “lindo” lo asocia a alguien fuerte y saludable, es decir que lo ve propicio para “reproducirse”.

Por esto la belleza de los rostros influye tanto en nosotros al elegir una pareja, un compañero de trabajo o una amistad. Para los seres humanos las caras representan estímulos primarios de recompensas y por ende sería absurdo negar que la experiencia estética genera placer y una gran cantidad de sensaciones agradables. Aunque convengamos en que la belleza, más que en el objeto que miramos, está en el cerebro de quien lo mira. 

Para resolver la gran incógnita de si la belleza abre puertas sería prudente echar mano a la declaración de la psicóloga de la Universidad de Harvard, Nancy Etcoff, quien afirma que “la belleza es un instinto básico, un producto de la evolución”. Si bien jamás nos garantizara el éxito, es sin lugar a dudas un valor añadido que influye por lo menos al principio. 

* Jackie Delger es neuropsicoeducadora, neuro decodificacora laboral y organizacional y coach

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