Alerta por las graves consecuencias del aislamiento en adultos mayores

Alerta por las graves consecuencias del aislamiento en adultos mayores

El aislamiento social y el distanciamiento físico, necesarios para atenuar la propagación del virus covid-19, han supuesto cambios en la cotidianeidad de las personas, quienes se ven recluidas en sus domicilios teniendo que reorganizar sus rutinas y proyectos.

Milagros Ferreyra y Martín Gabriel Jozami Nassif

Esta situación conlleva distintas alteraciones en el estado de ánimo y en la conducta, como el incremento de los niveles de ansiedad, estrés y depresión, así como modificaciones en los hábitos de sueño y alimentación, debido a que las personas están expuestas a un acontecimiento desconocido y sin precedentes, ante el cual deben adaptarse y desplegar los recursos de afrontamiento necesarios para ello.

Además, el aislamiento social, entendido como la ausencia de contacto social, puede generar sentimientos de soledad, es decir, que la persona se sienta sola independientemente de la cantidad de conexiones sociales con las que cuente. El sentimiento de soledad, más que el aislamiento social en sí mismo o el hecho de vivir solo, predice la aparición de ciertos tipos de demencia y se asocia a un mayor riesgo de desarrollar distintas condiciones físicas y mentales, como sedentarismo, obesidad, enfermedades cardíacas, accidentes cerebro-vasculares, aumento de la presión arterial, depresión, aumento del riesgo suicida, consumo excesivo de alcohol u otras sustancias, tabaquismo, ansiedad social, conductas agresivas, deterioro de las relaciones familiares y los vínculos sociales, deterioro cognitivo, mayor riesgo de caídas, ingresos a hospitales y mortalidad prematura.

En las personas mayores, la soledad se encuentra asociada a la presencia de déficits cognitivos y disminución de algunas funciones ejecutivas, como la velocidad de procesamiento de la información, la capacidad de abstracción y resolución de problemas, la memoria visual, la atención y la orientación.

Los adultos mayores presentan un mayor riesgo de encontrarse en situaciones de aislamiento social o soledad, debido a que es más probable que experimenten la pérdida de familiares o amigos, vivan solos o padezcan enfermedades crónicas y déficits auditivos que dificultan la interacción con los demás.

Si bien el virus de covid-19 tiene una actividad patógena directa, se ha descubierto que los casos más graves parecen evolucionar peor debido a la respuesta inflamatoria excesiva que se produce en el organismo para frenar el virus, más que por éste en sí mismo. Esta respuesta inflamatoria podría provocar daños colaterales en distintos órganos, lo que llevaría al fallecimiento de un gran número de pacientes.

Por respuesta inflamatoria se entiende los diversos mecanismos que pone en marcha el organismo para coordinar las defensas frente a algo que es percibido de manera amenazante. Está demostrado que determinados estresores sociales, como la separación o pérdida de los seres queridos, los conflictos interpersonales, la percepción de rechazo o evaluación por parte de los demás pueden incrementar transitoriamente o a largo plazo la actividad inflamatoria del organismo.

Los sentimientos de soledad y aislamiento juegan un papel importante en la capacidad de los adultos mayores para responder ante la enfermedad, ya que se ha descubierto que las personas mayores que se sienten solas presentan una mayor activación de la respuesta inflamatoria.

En la actualidad, por cuestiones de seguridad sanitaria, la cuarentena ocasionó el cierre de hospitales, instituciones privadas y centros de día en donde se llevaban a cabo talleres de estimulación y rehabilitación cognitiva, imposibilitando la continuidad de los tratamientos y las consultas médicas. De igual manera, se suspendieron las actividades recreativas y sociales, que muchas veces consistían en la única oportunidad de los adultos mayores para salir del hogar, modificando la rutina diaria de personas que cuentan con limitaciones en la capacidad de aprendizaje e interpretación de la realidad.

En la mayoría de los casos, se observa que la familia, principal red de apoyo social de los adultos mayores con demencia o déficits cognitivos, se encuentra ausente debido al cumplimiento de la cuarentena y a las dificultades en la movilidad que la misma genera, dejando a éstos a la deriva, con una sensación de desconcierto e indefensión. 

Los seres humanos son sociables por naturaleza y los vínculos sociales de calidad pueden contribuir a tener una mejor calidad de vida y bienestar integral. Teniendo en cuenta este panorama, resulta fundamental comprender que el distanciamiento social preventivo, si bien es un distanciamiento físico, de ninguna manera debe interpretarse como un alejamiento de los afectos, las actividades o proyectos personales.

Los sistemas de atención primaria de la salud deben dirigir sus esfuerzos a la identificación de aquellas personas que no cuentan con una red de apoyo social y a la prevención de afecciones asociadas a la soledad.

La intervención de los profesionales de la salud junto a las familias y el propio individuo con déficits cognitivos deben ir encaminadas a promover el despliegue de las estrategias de afrontamiento necesarias para que éste pueda afrontar eficazmente los acontecimientos adversos que se presentan como consecuencia de esta situación sanitaria, así como al fortalecimiento de las redes de apoyo comunitarias. 

 

* Milagros Ferreyra y Martín Gabriel Jozami Nassif son miembros de Terapia Neurocognitiva

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