10 claves para el envejecimiento activo

10 claves para el envejecimiento activo

Los mitos y prejuicios en torno al envejecimiento generan situaciones de aislamiento social, soledad y desajustes emocionales en este grupo etario, quedando expuestos a una mayor marginación y vulnerabilidad.

Milagros Ferreyra y Martín Gabriel Jozami Nassif 

El envejecimiento de la población constituye un logro de las sociedades actuales y, a su vez, un desafío para el sistema de salud. No obstante, las personas mantienen una imagen negativa con respecto a la vejez, convirtiendo este concepto en sinónimo de enfermedad y dependencia, al asociar el paso del tiempo con el declive físico y de las capacidades cognitivas. 

A partir de la pandemia producida por el impacto del virus Covid-19, se han visto afectados algunos derechos humanos universales, como el derecho a la vida, a la salud, a recibir asistencia sanitaria, a la seguridad, a la autonomía personal y a disfrutar de una vida libre de discriminación, violencia, abuso y negligencia. Los adultos mayores no están exentos de esta situación, ya que la pandemia ha exacerbado el edadismo, la discriminación y las desigualdades preexistentes, constituyendo una amenaza para sus derechos, salud y bienestar integral.

En este contexto, surge el paradigma del envejecimiento activo, concepto propuesto por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y definido como el proceso de optimización de las oportunidades de salud, participación y seguridad con el objetivo de mejorar la calidad de vida de las personas a medida que envejecen. Esta propuesta permite a las personas alcanzar su potencial de bienestar físico, mental y social a lo largo de todo el ciclo vital y participar en la sociedad a partir de sus necesidades, deseos y capacidades, a la vez que les proporciona la seguridad, protección y asistencia necesaria para tal fin.

El término activo hace referencia a la participación continua de los adultos mayores en los aspectos sociales, culturales, económicos, cívicos y espirituales, tanto de forma individual como colectiva. Por lo tanto, va más allá de la capacidad para desempeñarse físicamente en lo laboral o en la mano de obra.

El envejecimiento activo se basa en el enfoque biopsicosocial, por lo tanto, se considera que la persona desarrolla el mismo cuando aprende a apreciar el presente, mantiene una mirada relajada y optimista, y se adapta adecuadamente al entorno y a los cambios que se presentan en el mismo. En el proceso de prepararse para envejecer bien cabe destacar la importancia de desarrollar una vida con sentido, mantener la apertura y flexibilidad en las rutinas, ser abierto hacia los demás y establecer factores de protección que permitan desarrollar una mayor resiliencia.

El envejecimiento activo pone en juego las capacidades físicas y mentales del individuo, por lo tanto, se considera que las actividades productivas contribuyen de manera positiva con este proceso. Si bien durante la pandemia los adultos mayores vieron reducidas este tipo de actividades, pudieron aprovechar la experiencia de manera satisfactoria para realizar cambios en sus vidas, adoptando distintas estrategias dentro del hogar, como compartir con la familia y los seres queridos, conocerse a sí mismos y repensar en sentido de la vida y la trayectoria personal realizada. Por lo tanto, a lo largo de esta crisis sanitaria, las personas mayores no solo se han visto frente a la necesidad de adaptarse, sino que han desplegado los recursos a su alcance para renovarse, crecer y mejorar sus condiciones de vida, saliendo fortalecidas de esta experiencia.

Sin embargo, el estado de confinamiento prolongado también ha tenido efectos negativos para la salud en general y para la salud mental en particular, que se ponen de manifiesto mediante la aparición de distintas alteraciones emocionales y conductuales.

Estrategias a implementar para promover el envejecimiento activo

  • Mantener una rutina y ajustar las actividades que se realizaban anteriormente a la nueva situación de confinamiento o distanciamiento social con el objetivo de disminuir la sensación de desorientación o pérdida de control.
  • Incorporar actividades recreativas y de ocio a la rutina diaria, teniendo en cuenta los propios gustos, capacidades y fortalezas. Por ejemplo, leer un libro, mirar una película, realizar tareas de jardinería, cocinar. 
  • Realizar actividad física regularmente, mantener una alimentación saludable y regular las horas de descanso de manera que se alcance un sueño reparador.
  • Incorporar ejercicios de estimulación cognitiva, que permita desarrollar una mayor flexibilidad, apertura y creatividad, como rompecabezas, sopas de letras o mandalas.
  • Practicar yoga, ejercicios de meditación o técnicas de relajación que permitan regular adecuadamente el estrés y conectarse con el momento presente.
  • Gestionar los pensamientos en torno a la situación actual. Comunicar a los seres queridos los sentimientos y necesidades, proporcionar una escucha activa y empática a quien lo necesite.
  • Desarrollar la inteligencia emocional y la autocompasión, aprender a reconocer y validar los propios sentimientos, buscar formas adecuadas de canalizarlos y resolver los problemas que se presentan en el día a día.
  • Compartir con los seres queridos recuerdos, fotografías o narraciones de momentos vividos, otorgando un sentido, resignificando la historia vital y a las experiencias del pasado.
  • Fortalecer la red de apoyo social, mantener contacto frecuente con los amigos y familiares, dialogar acerca de las actividades realizadas, compartir sentimientos y experiencias, ofrecer y aceptar ayuda en caso necesario.
  • Ante la pérdida de un ser querido, acompañar en la elaboración del proceso de duelo, respetar las distintas manifestaciones del mismo y facilitar la expresión de las emociones.

 

* Milagros Ferreyra y Martín Gabriel Jozami Nassif son miembros de Terapia Neurocognitiva

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