Write like a girl: encuentro poderoso de escritoras mendocinas

Write like a girl: encuentro poderoso de escritoras mendocinas

'Write like a girl' es un colectivo formado por cinco escritoras mendocinas que motivadas por la necesidad de generar espacios literarios para mujeres y disidencias, transitan un camino que no tiene retorno y bajo una mirada crítica de la realidad atravesada por los feminismos.

Nicolás Munilla

Nicolás Munilla

Aunque existen varios antecedentes en la historia de la literatura, la escritura colectiva se ha extendido en los últimos tiempos gracias no solo al uso de las nuevas tecnologías, sino además a la necesidad de algunos escritores de encontrarse en sus ideas y su creatividad, de romper con el individualismo clásico para experimentar nuevos procesos artísticos que les permitan alzarse en una voz unívoca y potente que enfrente la sordera social y el egocentrismo exacerbado.

'Write like a girl' es un colectivo formado por cinco escritoras mendocinas que motivadas por la necesidad de generar espacios literarios para mujeres y disidencias, transitan un camino que no tiene retorno. Constanza Correa Lust, Marinés Scelta, Noelia Agüero, Leticia Brondo y Victoria Urquiza trabajan la escritura colectiva de manera contracultural y contrahegemónica, difuminando las limitaciones propias de la autoría individual para abordar la experimentación de las formas, la exteriorización de las experiencias personales y grupales y el quiebre de los mecanismos clásicos de producción artística, todo ello bajo una mirada crítica de la realidad atravesada por feminismos que se unen en un mensaje de encuentro y lucha.

Frente a los constantes desafíos que implica el proceso creativo en conjunto, 'Write like a girl' supo consolidar su crecimiento como grupo en la elaboración de sus textos, en el diálogo con otras ramas artísticas y en la búsqueda de una voz propia mediante la performance de sus propios escritos. Ello se ha materializado con sus obras 'Write like a girl!' (Buenos Aires, 2017), 'Flor de Cactus' (Mendoza, 2018) y 'Muñeca perversa' (Mendoza, 2019).

"Creemos que no solo no había un espacio para la escritura colectiva, sino que no había un espacio para las mujeres produciendo en forma colectiva, ni siquiera encontrando y encontrándose", expresan las escritoras en conversación con MDZ.

- ’Write like a girl!’ viene a cubrir un espacio de creación literaria colectiva que no estaba muy presente a los ojos de la literatura de Mendoza ¿Cómo se fueron encontrando y desarrollando como grupo en estos cuatro años?

- El colectivo se formó en julio de 2016. Para esa época, los movimientos feministas a nivel nacional estaban cobrando una relevancia nunca antes vista, el 'Ni una menos' llevaba ya un año de existencia y eso nos daba un ambiente en el que ahora, a la distancia, es importante vernos. Entre Victoria Urquiza y Marinés Scelta surgió la idea de organizar una lectura de poesía, que fuera solo de mujeres, porque veían que en la escena local, eso no solo no sucedía - o ellas no lo habían visto - sino que las mujeres no sobresalían como gestoras de espacios similares. Así, convocamos a pibas que sabían que escribían, pero que nunca habían publicado. Por ese entonces, las convocadas fuimos Constanza Correa Lust, Noelia Agüero, Sofía Criach y Malena Orozco

Días antes del evento, que fue en el querido Juguete Rabioso de Godoy Cruz, nos juntamos a elaborar un manifiesto, que diera cuenta- un poco en serio, un poco en chiste - de una serie de principios que necesitábamos declarar. Así surgió nuestro manifiesto, hoy emblema del colectivo.

Por otro lado, darle un nombre al recital fue pararnos políticamente desde un lugar de reivindicación de nuestro espacio, pero también, tenía la intención de hacer un juego con el archiconocido y anónimo 'Fight like a girl' de las feministas americanas. Teníamos que dar pelea desde la palabra, nuestras armas eran nuestros textos, así que decidimos que el evento se llamara 'Write like a girl'. Cuando pasó la euforia del evento, entendimos que queríamos seguir ocupando un lugar, que estaba bueno compartir con los demás lo que hacíamos, y que tal vez podíamos sumar a más personas a compartir lo que estaban haciendo. Así, decidimos la conformación del colectivo, el nombre ya no se pudo cambiar, porque con él al menos ya nos identificaban. Y el resto, es historia. 

Con el tiempo y en los diferentes eventos que organizamos (porque así empezó el colectivo, con la lectura en vivo), entendimos que había mucha gente haciendo cosas muy copadas de forma aislada. Ahí fuimos, sumamos a quienes conocíamos y a quienes no, también. Lo más reaccionario fue juntarnos y que estuviera “todo bien” por encima de los egos individuales. Creemos que eso fue lo que mucha gente no pudo entender. También con el tiempo, el grupo fue variando: Malena y Sofía dejaron de formar parte del colectivo y se nos unió Leticia Brondo.

- ¿Qué procesos implican la creación de un texto en forma conjunta? ¿Cómo abordan ese desafío de unir ideas, corregirse entre ustedes y preparar el material para su edición final?

- Los procesos no son uniformes. En general, no somos estrictas con ningún método. De eso se trata el arte, ¿no? 

Lo que sí es cierto es que ya no podemos escaparnos de lo colectivo. Este modus operandi ya es constitutivo en nosotras. Ha sido un largo camino en el que en algún momento, nos definimos por esta forma. Quizá fue precisamente, con la génesis de nuestra próxima publicación, que surgió a partir de ideas conversadas, coincididas, que empiezan a generar otras y a partir de ahí, escribíamos, solas, de a dos, y siempre con la mirada de otra… no hubo, no hay un único modo.

Al comienzo, experimentamos con varias técnicas de escritura colectiva, como puntapié para la escritura. Aunque la práctica y el devenir fueron evolucionando y existe un método que suele ser más riguroso, en algunas ocasiones. Google Drive y los documentos compartidos nos han proporcionado una forma de trabajo colaborativo. 

El principio puede ser motivado o experimental. Un principio motivado fue, por ejemplo, la escritura de poemas sobre el cuerpo en el encierro, movidas por la experiencia de haber hecho una sesión de fotos con la fotógrafa Romina Abel. El trabajo puede ser experimental cuando escribimos a partir de una consigna, que generalmente tiene que ver con el juego de las formas en la escritura. A partir de ahí, cada una escribe un verso, dos, agrega, transforma, borra, y el poema va tomando forma, tiene vida propia, y no es más de una que de otra; es colectivo. Ni siquiera sabemos quién escribe cada parte, o la modifica, porque es una sola cuenta: colectivowritelikeagirl.'

'Write like a girl' es un colectivo de escritoras que se hace oír en el panorama literario mendocino.

- El grupo hace fuerte hincapié en la experimentación y cierto alejamiento de los cánones tradicionales de la literatura ¿Cuáles son los principales temas que trabajan en sus textos y cómo los abordan desde esa eclecticidad?

- Los temas son variados, pero tratamos de que siempre presenten una mirada crítica y comprometida con la realidad, a partir de experiencias que nos van atravesando, como mujeres insertas en este contexto. Tuvimos que pensar y pensarnos desde ese lugar de mujeres, en el siglo XXI, pero como herederas de una cultura que ha sido silenciada por siglos y que hoy puja por encontrar su propia voz. Desde ahí escribimos, entendimos que estábamos condicionadas, indefectiblemente, por esa herencia y que debíamos buscar a quiénes nos habían precedido. 

Creemos muy profundamente que es necesario aprender a relacionarnos desde otros ámbitos para vencer esquemas que están anquilosados. A nivel social, afectivo, y también en el ámbito de creación. Crear redes parece ser una propuesta que puede derribar mucho de esos quistes: el del aislamiento, la creación individual que surge desde y para el ego, la consagración de modos de escritura que siguen sin cuestionar una construcción autoral demasiado antigua. Como feministas, consideramos que proponer una autoría colectiva es, de por sí, un gesto contrahegemónico. 

Además abordar las historias individuales, lejos de alejarnos de la tan mentada “universalidad”, nos lleva a reflejar una historia común. Entendemos que lo personal es político, también debe atravesar nuestras prácticas de escritura. 

- En anteriores ocasiones, han manifestado cómo venían afrontando como grupo la cuestión del feminismo, optando por considerarse como ‘personas que escriben y también son feministas’. ¿Cómo ha evolucionado esa definición desde entonces?

- La evolución radica en que ya no podemos escribir, si no es atravesadas por feminismos. Como dijimos antes, posicionarnos desde el feminismo implicaba entender de dónde venía cada una, porque no veníamos del mismo feminismo. Con el tiempo, nos fuimos acompañando, entendiendo, y descubrimos que estábamos en la misma vereda. Eso fue, cada vez más, el hilo conductor de nuestro trabajo, porque de qué otra manera se puede pensar hoy un futuro mejor si no es desde el trabajo conjunto, desde el cuidado, y eso es, justamente, lo que hace años está tratando de decir el feminismo.

- La pandemia de coronavirus también ha provocado un cimbronazo en la literatura ¿Cómo han estado trabajando entre ustedes en los últimos meses y qué proyectos están realizando?

- Esta pregunta dispara una ruptura de lo colectivo. O quizá sea parte constitutiva de que lo colectivo no necesariamente debe ser uniforme, sino que, por el contrario, es contradictorio y multiforme. Así, o se nos dio por no parar de producir, quizá como una forma de evasión, o de canalizar ansiedades; o más bien no pudimos con la escritura, como le ha pasado a tanta gente, que no pudo hacer más que transitar el encierro, con todo lo que implica; o fuimos desbordadas por las nuevas formas laborales y familiares que emergieron en contexto de emergencia.

Sin embargo, trabajamos en la edición de nuestro próximo libro, 'Y yo que me creía tan libre', que se presentó el sábado 12, a las 19,30, por la plataforma de Zoom. Ese fue un laburo más de corrección y de encastre en esta cuarentena.

Por otro lado, nos embarcamos en el lanzamiento de nuestra página web, que reúne los espacios de una revista virtual, con reseñas, entrevistas y textos de gente que admiramos y que hemos leído, de todo el país, en principio. Así hemos concretado el anhelo de difundir y tejer redes no solo en la provincia, sino también a nivel federal, porque creemos que es necesario conocer qué vienen trabajando mujeres y disidencias a lo largo y ancho del país. En este sentido, la respuesta ha sido de mucha confianza por nuestro laburo, nuestro espacio y de mucho agradecimiento, lo que nos confirma que lo colectivo y lo que se comparte, es el camino. 

Además, organizamos dos eventos de lectura virtual, en el marco de un ciclo que denominamos La ventana abierta, y que, de alguna manera, se continúa en la página, pues quienes vienen a esos eventos han sido partícipes de la página web, con sus textos, en las reseñas o en las entrevistas. Tenemos todavía el impulso de que el ciclo continúe, pero bueno, vamos viendo qué actividades nos va permitiendo realizar esta pandemia. 

Tenemos muchos proyectos, que hoy no pueden vislumbrar una realidad, en tanto cada semana estamos obligadas a repensar el presente. La escritura colectiva es siempre el norte, y hacia allá vamos, siempre. 

- El Manifiesto del grupo cierra con la frase “El desierto está lleno de mujeres”, en doble alusión a la geografía característica de la provincia y la invisibilización histórica de las mujeres en las letras locales

- Entendimos en el manifiesto que no hay desierto en el sentido etimológico de la palabra, sino mirada de desierto. Queremos pensar el desierto como una invitación a repensar la noción de inhabitado: muchas veces el paisaje está surcado por la ausencia cuando los parámetros son aquellos que operan, restrictivamente, desde el contraste. Si miramos desde la selva, el desierto es vacío. Pero si nos paramos en el desierto a contemplar, el vacío nunca es tal: es simplemente otro tipo de vida habitando desde otras lógicas.

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