Al impuesto mental de Manes también lo cobra la pandemia

Al impuesto mental de Manes también lo cobra la pandemia

Puesto a analizar el escenario de la pospandemia, el neurocientífico reconoce que el impacto del virus planetario en la salud mental durará más que la propia pandemia. Sin embargo, sigue viendo en la educación, aún en la "híbrida" que se viene, la clave para motorizar un país mejor y más justo.

Rubén Valle

Rubén Valle

#Maridaje > Musicaliza esta columna Wim Mertens con Charged impurities

 

No es una novedad. Hace años ya que Facundo Manes, nuestro neurocientífico estrella, sostiene que la pobreza es un impuesto mental que pagamos todos. No es nuevo, pero en un contexto como el de esta pandemia que transformó todo en un antes y un después, donde cada cosa tiene su efecto bisagra, ese impuesto aumenta muchísimo más que la inflación si nos ponemos gráficos. 

La charla que tuvo este semana el factótum de Ineco (Instituto de Neurología Cognitiva) con más de 400 docentes mendocinos que se anotaron para escucharlo reflexionar acerca de los desafíos que supondrá la pospandemia fue bastante esclarecedora de por dónde deberían apuntar la proa los que toman decisiones en este país, desde gobernantes y dirigentes sindicales hasta empresarios y organizaciones sociales. Rumbo que, está a la vista y no por culpa del tenaz Covid, sigue esquivo. 

Vale en este marco no dejar pasar el diagnóstico-sentencia de que "el impacto en la salud mental durará más que la cuarentena e inclusive más que la pandema. Este es uno de los temas a reforzar en la Argentina". (sic de Manes en diario Perfil).  

Para Manes la salida sigue siendo tan simple como difícil: apostar todas las fichas a la educación. Promover y proteger el capital mental en la Argentina, según este neuromentor, "terminará reflejando mejoras en la permanencia y desempeño escolar, el desarrollo del lenguaje, la percepción de control sobre la vida propia, la interacción social y la generación de esquemas mentales orientados al crecimiento, la participación en actos de violencia, la motivación y la salud mental, entre otras variables”. Todo esto, obviamente, no tiene destino cierto si no se lo encarrila como una política pública más.

Quien sostiene que “la principal riqueza de un país es el cerebro de las personas” como si se tratara de un mantra que no encuentra su debido eco, ve en el escenario pospandemia una educación híbrida, donde buena parte va a ser a distancia. Sin embargo, considera que en ese estadio el docente es irremplazable "porque el cerebro es un órgano social y necesitamos estar en contacto con otros. Cada vez el aspecto humano va a ser más importante, y en la educación tenemos que apostar a todos los aspectos que nos diferencian de las máquinas, porque nunca van a reemplazar lo que nos hace humanos: el manejo de las emociones, la inteligencia emocional y colectiva, la creatividad, el altruismo”.

Pero para esto no sirve (fuerte, pero cierto) un cerebro mal nutrido. Si no se resuelve la lógica de un país que produce alimentos para 400 millones de personas pero no puede darles de comer a 40 millones es imposible contar con ese cerebro activo para multiplicar las buenas ideas.

Por eso el autor de El cerebro argentino en la charla convocada por la UNCuyo hizo hincapié en que hay que trabajar, independientemente de todo lo que se cocina en el aula, en la capacidad para aprender. Esto implica no perder de vista que la mitad de los adolescentes argentinos vive en la pobreza y que esto impacta directamente en el aprendizaje.

En momentos en que la tecnología ha copado la mayoría de nuestros movimientos cotidianos, forzados como estamos a evitar el contacto físico y a no trasladarnos si podemos evitarlo, Manes no viene a refutar esos avances y comodidades que aportan los maravillosos dispositivos sino que nos recuerda que los "componentes humanos" son los verdaderamente imprescindibles. En ese círculo virtuoso es donde ubica al docente, pero también a los y las profesionales de la salud y a los jóvenes que están invirtiendo su capital mental en el mercado de un futuro tan incierto como el mundo poscovid.

#ElResaltador   

La vida para mostrarla

  • "La cantidad de seguidores y los likes son la moneda en la que hoy se comercia la aceptación social. Porque si bien siempre fue cierto que había gente más popular y gente más retraída, ahora es explícito y es público, está a la vista de todos. La cantidad de seguidores y de likes es el señalamiento hacia el mundo de cuán aceptado sos. Y obviamente la aceptación de los demás es crucial para cualquier persona. Si antes era más sutil, ahora todo el mundo puede ver cuál es tu grado de popularidad o aceptación. Entonces, empezás a modificar tus actos para conformar la norma y conseguir seguidores y poder mostrarle al mundo que sos aceptado. Y eso lleva a que empecemos a vivir la vida para mostrarla más que para disfrutarla... Todo el esquema de los likes y la cantidad de seguidores hizo añicos nuestra autoestima. Y no se limita a los adolescentes. Los adultos estamos tan entrampados como los chicos. En este momento realmente vivimos la vida para mostrarla".  

{ Santiago Bilinkis, tecnólogo y economista, en Página/12 }

#PostaPodcast 

  • Solaris, ensayos sonoros para ser más contemporáneos. Preguntas y respuestas para pensar y aprender juntos. Jorge Carrión, escritor, y corresponsal en el presente, nos ayuda a comprender estos nuevos tiempos que vivimos: algorítmicos, acelerados, de inteligencia artificial, con su propia lógica, con su propia locura. Se lo puede escuchar en Podium Podcast y en Spotify

#LaDataFlora

 

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